martes, 4 de diciembre de 2018

Te doy gracias, Padre

"¡Te doy gracias, Padre, Señor del Cielo y de la Tierra!", es la expresión con la que inicia Jesús una hermosa oración, y es la expresión que en este tiempo, y todos los días, tendríamos que usar para comenzar nuestro día: dando Gracias, pero no sólo dar Gracias sino reconocer la Soberanía de nuestro Padre Celestial, reconocer su fuerza y su poder, su sabiduría y su amor. Porque no sólo da gracias Jesús, sino que lo reconoce como su Señor, y en su Sabiduría ha hecho grandes maravillas, como dice María en el Magníficat, no sólo en la creación sino en cada uno de nosotros a pesar de nuestra pequeñez, o mejor dicho, desde nuestra pequeñez.
En este Tiempo de Adviento es una de las expresiones que tendríamos que tener más a mano en nuestra cabeza y corazón, porque es el Tiempo de preparnos para recibir el mejor regalo que el Señor nos hizo: el nacimiento de su Hijo, no sólo en la carne sino en la Fe, porque celebrar la Navidad es un acto de Fe en que el Hijo Unigénito de Dios, llegada la plenitud de los tiempos, se hizo Hombre en el Seno de una Virgen y nacióo entre nosotros.
Sí, celebrar Navidad es una expresión de nuestra Fe en Jesús, Dios y Hombre Verdadero, y, sobre todo, un acto de Fe en el Amor de Dios Padre Todopoderoso creador de Cielo y Tierra. Y ese Don de la Fe es lo que nos trajo Jesús y nos regaló cuando entregó su vida en la Cruz y Resucitó por nosotros, por eso nosotros lo celebramos la Vida en el Amor, celebramos que Dios nos ha amado tanto que envió a su Hijo Único para enseñarnos el Camino de la Vida.
Para muchos es una niñería celebrar navidad, hacer coronas de adviento y ponernos a rezar en torno a ella, preparar la casa y el corazón para esta navidad, pero es un gran acto de fe, implica de nuestra parte un creer verdaderamente en que Dios ha venido a nuestro mundo y nos ha dado Vida Nueva. Y por eso, cuando vamos adentrándonos en el Adviento vamos fortaleciendo el corazón con la Palabra de Dios, y esta Palabra es la que hoy nos dice:
"¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron".
¡Bienaventurados! porque el Don de la Fe nos fortalece para no sólo reconocernos sino para seguir creciendo en la infancia espiritual que nos permite creer, que nos permite conocer al Padre Todopoderoso, que nos permite encontrarnos con Jesús Hombre-Dios, que nos permite dialogar con la Palabra y que, sobre todo, nos da la fuerza en el Pan Eucarístico con el que seguimos fortaleciendo nuestra Fe y seguimos recorriendo el Camino de la Santidad que el Señor comenzó a recorrer primero cuando, tomando carne en el seno de María, se hizo Hombre y caminó primero el Sendero del Amor y la Obediencia a la Voluntad de Dios.

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