El Profeta Isaías le decía al Pueblo de parte de Dios:
"Se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren y no se fatigan, caminan y no se cansan".
Y Jesús nos repite:
«Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.
Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
Sabe el Padre y el Señor de nuestra fragilidad, de nuestra debilidad. Ellos conocen nuestro ser porque el Padre nos ha formado desde el vientre de nuestras madres y sabe cuánto podemos y hasta dónde podemos, por eso quieren ser Ellos nuestra Fortaleza en todo momento, pues conocen y comprenden nuestra debilidad. Jesús, que ha probado en su propia carne la debilidad de la naturaleza humana se compadece de nosotros porque Él supo del dolor, de la soledad, de la traición, de cuánto duele la separación de los seres queridos, de la tristeza y de la agonía, se hace para nosotros fuerza, gozo, y, sobre todo, se hace cireneo para ayudarnos a llevar nuestra Cruz.
Es cierto que cuando nos sentimos cansados y agobiados buscamos el descanso y la paz, pero no siempre la buscamos donde mejor la podemos encontar, porque, muchas veces, nos encerramos en nuestra propia soledad y buscamos salidas que no nos dejan el alma en paz sino que son quitan el cansancio del cuerpo, pero nada más. Jesús quiere venir en nuestra ayuda en esos momentos, pero somos nosotros los que tenemos que salir a su Encuentro, pues no quiere asumir Él lo que nosotros debemos buscar.
Y así el salir de nosotros mismos para ir a Su Encuentro es lo que nos ayuda a mirar fuera de nosotros y descubrir que en Él está nuestra salvación, en Él está nuestar fuerza, en Él está nuestro verdadero gozo, porque solo su Yugo y su Carga son liviana para mí, pues Él las lleva conmigo.
Hay momentos en los que las cargas de todos los días nos quitan la perspectiva de lo que estamos viviendo, y creemos que podemos llevar solos aquello que el Padre ha pensado que me ayuden a llevarlos otros, pero la autosuficiencia con que siempre me he movido, hace que crea que puedo, porque tengo en mi cabeza aquella mentira de "querer es poder", y sólo cuando caigo bajo el peso de las cargas y no tengo ya nada que perder, es cuando pido ayuda para poder llevarlas.
Y me olvido que las cargas que el Padre pone sobre mis hombres, quiere Él llevarlas conmigo, no pretende que las lleve solo, sino que simepre enviará a alguien que me de una mano, como lo hizo con Jesús en el Camino del Calvario. Pero ¿cómo hago para quitar de mi corazón mi orgullo y autosuficiencia? Deja de lado tu orgullo y permite que otros puedan acompañarte, deja que otros te ayuden a cargar con lo que tú no puedes, pero no esperes a mañana, pues mañana puede ser tarde. Cuando sientas el peso en el hombre levanta la mirada y busca al Señor, seguramente te abrirá los ojos y sanará tu corazón para que veas dónde está la aydua que buscas y necesitas.
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