jueves, 13 de diciembre de 2018

En quién tengo puesta mi esperanza?

"Yo, el Señor, tu Dios, te tomo por tu diestra y te digo:
«No temas, yo mismo te auxilio».
No temas, gusanillo de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio -oráculo del Señor- tu libertador es el Santo de Israel".
En los momentos más duros y oscuros llega la Voz del Señor para darnos esperanzas, para recordarnos Quién es el que tiene el poder sobre todo y en Quién debemos poner nuestra esperanza. Porque, muchas veces, ponemos nuestra esperanza en cosas, en personas humanas, pero no pueden darnos la seguridad que nos da el Señor del Universo, porque, todos somos imporfectos, todos somos falibles.
Cuando ponemos nuestra esperanza en las cosas de este mundo esa esperanza es efímera porque las cosas pasan, se estropean, y hasta nos la pueden robar, y con ellas se marcha nuestra esperanza.
Cuando ponemos nuestra esperanza en personas humanas esa esperanza dura lo que puede durar el cariño, o la fidelidad, o los celos, porque todos podemos cambiar de opinión, todos podemos cometer errores, y así, con esas cosas se acaba nuestra esperanza porque se terminó nuestra confianza en esa persona porque no obró como yo quería, porque no dijo lo que yo esperaba, porque no estuvo cuando lo necesitaba...
Pero si ponemos nuestra esperanza en el Señor entonces todo cambia, porque soy yo quién tiene que cambiar su forma de pensar, de ver, de sentir. Es el Señor quien tiene la Palabra que da Vida, es el Señor quien puede darme Vida, y por eso, es una Esperanza que salva, que sana, que fortalece y que alienta en todo momento.
Pero el Señor me pide que confíe en Él, que sepa que Él es el Señor y no yo, por eso a su Pueblo lo llama con palabras que pueden sonar muy duras, pero que en sí lo hace con cariño: "gusanillo de Jacob", habla de la pequeñez, pero de una pequeñez transformadora, pues en las manos del Señor el gusanillo se transformará en mariposa que cambia su suerte por algo mejor, porque el Señor es quien transforma la vida de los que en confían.
Es cierto, también, que nos parece que el Señor se ha alejado de nosotros, que nos ha dejado solos, pero eso nos pasa porque siempre esperamos algo concreto: queremos que nos diga tal cosa, que tal cosa salga de este modo, que lo que espero sea así o asá, y entonces como lo que espero no viene en el formato que quiero, entonces parece que no hay respuestas del otro lado.
"El que tenga oídos que oiga", nos dice Jesús. Porque cuando realmenten necesitamos escuchar una Palabra de aliento, o un buen consejo, lo oímos en cualquier lado, pero cuando estamos cerrados a ver algo que no nos gusta, entonces somos los más ciegos y sordos del mundo. El Señor nos está hablando constantemente, pero no siempre estamos dispuestos a escucharlo porque no siempre queremos escucharlo, nos cerramos a que sea Él quien nos cambie los planes y proyectos de nuestra vida, que nos camibe la forma de mirar o pensar, y hasta incluso, algunas veces, que me cambie este modo de estar desesperanzado y triste, porque así puedo excusarme de mi situación y no hacer Su Voluntad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.