domingo, 9 de diciembre de 2018

Preparad el camino al corazón

"Testigo me es Dios del amor entrañable con que os quiero, en Cristo Jesús. Y esta es mi oración: que vuestro amor siga creciendo más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores.
Así llegaréis al día de Cristo limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, para gloria y alabanza de Dios".
Hermosas y sentidas palabras de San Pablo a los Filipenses, que, al igual que la lectura de Baruc, nos invita a la alegría en la esperanza de saber que ya llega nuestra salvación, a la alegría en la esperanza de sabernos salvados por Cristo, por ese Cristo que va a nacer y que viene a quedarse entre y con nosotros. La alegría de la esperanza es el sentimiento que nos ayuda en los momentos de oscuridad y tristeza, porque no hace mirar hacia más adelante y más afuera de nosotros mismos, sabiendo que la ayuda viene de Dios, que la fortaleza viene de Dios, que la Luz viene de Dios, que la salvación nos la ha dado el Señor por Amor a nosotros.
Que no es fácil en los momentos de dificultad, cruz u oscuridad alzar la cabeza y buscar al Señor en lo alto, seguro; pero si no intentamos buscarlo en lo alto seguiremos cayendo hacia lo más profundo de la tristeza y la desesperación de no encontrar solución a nuestro dolor. En cambio el Señor nos promete sacarnos de nuestra oscuridad, librarnos de nuestro pecado y llevarnos por Caminos de Vida hacia la salvación.
Por eso San Juan Bautista anunciaba, antes de la llegada de Jesús, un bautismo de conversión, les ayuda a las gente de su tiempo a descubrir un camino de cambio para poder "ver" al que iba a venir, pues no se puede ver bien si tenemos la mirada ocupada en nuestros dolores, en nuestros pecados, en nuestros vicios, en nosotros mismos. Cuando nuestro ojos sólo miran nuestro ombligo nunca podrán descubrir lo que hay fuera de nosotros y que nos quiere dar un motivo de esperanza y consuelo.
Por eso, como el Profeta, Juan Bautista era:
«Voz del que grita en el desierto:
Preparad el camino del Señor,
allanad sus senderos;
los valles serán rellenados,
los montes y colinas serán rebajados;
lo torcido será enderezado,
lo escabroso será camino llano.
Y toda carne verá la salvación de Dios».
La Voz que suena en nuestros corazones y nos invita a descubrir que aún no estamos en siendo Fieles como pensamos, que aún nos falta para poder entregarnos totalmente al Señor, que aún hay cosas en nuestros corazones a las que no hemos renunciado y que nos impiden recibir la Gracia necesaria para alcanzar la santidad que el Señor quiere de nosotros.
"Preparad el camino", ese camino que lleva de la cabreza al corazón, para que todo lo que decimos saber acerca de nuestra vida, todo lo que decimos que debemos hacer en nuestra vida, todo lo que decimos que tenemos que vivir, lo podamos vivir, lo podamos hacer, lo podamos llevar a plenitud, con la ayuda de la Gracia de Dios, a nuestra vida cotidiana.

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