sábado, 15 de diciembre de 2018

Dichosos los que se durmieron en el amor

El escritor del Eclesiástico da una hermosa definición del Profeta Elías:
"En aquellos días, surgió el profeta Elías como un fuego, su palabra quemaba como antorcha".
Y también dice algo de aquellos que lo pudieron conocer:
"Dichosos lo que te vieron y se durmieron en el amor".
Dos frases que me han dejado pensando mucho, porque las dos me impactaron, pero una me ha quedado dando más vuelta en la cabeza ¿sabéis cuál es?
Al definir a Elías dice que era como un fuego, que su palabra quemaba, y esto me hace acordar a aquello que decía Jesús de sí mismo: "vine a traer fuego sobre la tierra y cómo desearía que ya estuviera ardiendo". Un realidad de lo que significa ser ¿invadido? por el fuego del Espíritu Santo, lo que significa estar totalmente ¿lleno? del Espíritu del Amo, porque esa es la sensación cuando uno se deja atrapar por el Amor del Espíritu: es un fuego ardiente que quema desde adentro e intenta salir hacia los demás, con la misma intensidad y con la misma bravura. O ¿acaso no lo habéis sentido cuando os enamorasteis por primera vez?
Sí, el fuego del Amor no quiere quedarse encerrado en nuestra vida sino que intenta contagiar a todos los que están cerca, y a los que están lejos, el fuego del Amor se expande por sí solo, pero necesita que alguien lo reciba para poder darse. Así también lo decía san Pablo: "¡Ay de mí si no predicase!", porque Dios había llenado su vida y no podía dejar que toda esa vida estuviera encerrada en su pobre vida, sino que tenía que hablar aunque no quisiera, tenía que predicar aunque no quisiera, porque la Palabra tiene Vida por sí misma y esa Vida rebasa nuestra propia vida.
Pero la frase que me llamó la atención fue la segunda, y no la primera parte, sino la segunda. Porque "dichosos los que te vieron", es fácil comprenderlo, porque pudieron conocer un gran Profeta y escuchar de su boca palabras de consuelo, de esperanza, pero también, los llamados a la conversión y a la búsqueda de Dios con una vida santa, a la búsqueda del perdón y la renovación de la fidelidad con Dios.
Sino que la que no podía entender fue la segunda parate: "y se durmieron el amor". Creo, no porque sea un gran exégeta (que no lo soy ni por casualidad) que muchas veces se utiliza en el antiguo testamento el "dormir" como el morir, y por eso, escuchando al Profeta Elías y aceptando sus Palabras pudieron "morir en el amor", una, me parece, hermosa definición de una muerte santa, pero también de una vida santa.
"Morir en el amor", significa que he vivido en el amor, o por lo menos que lo he conocido y que ha entrado en mi vida, es parte de mí, y por eso, simplemente he dejado que el amor llenase mi vida. Y ¿por qué he pensado eso? Porque el fuego con el que se proclama la Palabra de Dios, es el fuego del Amor del Padre que quiere que lo descubramos, que nos abramos a una verdad que puede cambiar nuestras vidas, y llevarnos a vivirla en la verdadera plenitud, en esa plenitud que no deja ningún resquicio en nuestro corazón sin que pueda dejar de amar, pues el Amor que la Palabra nos quiere dar es el Amor del Padre, el Amor del Espíritu, que enciende nuestras vidas como la del Profeta, como la de Jesús, y nos llama a transmitirlo con el mismo fuego, a dar a conocer la intensidad de una Vida vivida en el Amor Verdadero, en el Amor que da Vida, y no sólo en el amor que satisface una necesidad humana.
Por eso mismo "dichosos los que conocieron y se durmieron en el Amor".

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