Dentro de la octava de Navidad hemos tenido y tenemos muchos temas para meditar y para iluminar nuestro caminar en la Fe: San Esteban, protomártir; San Juan, evangelista; los Santos Inocentes, mártires; y hoy se nos presenta el evangelio de la Presentación del Niño Jesús en el Templo y la Purificación de María, lo pongo así porque es algo que lo tenemos escuchado por los misterios del Rosario. Es un evangelio que siempre me ha llamado la atención porque si uno se lo pone a pensar humanamente, no tendrían por qué haber hecho tal cosa María y José. Es decir, no tenían por qué ir a consagrar al Niño al Templo porque el Niño es Dios, no necesita ser consagrado a Dios. Tampoco tendría María que ir a purificarse al Templo porque Ella es la Purísima. Y sin embargo, como dice el evangelio:
"Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».
Como buenos religiosos quisieron cumplir con lo que establecía la Ley de Moisés, porque, seguramente, no cabía en ellos la posibilidad de no vivir la Ley de Moisés. Eran Fieles a lo que Dios había dejado escrito y lo que las prescripciones de la Ley Judía decía. No había en ellos dudas de que debían hacerlo.
Por eso, cuando Jesús dice: "felices los que escuchan la Palabra de Dios y la practican", habla casi directamente de sus padres, de María y José, porque en ellos vio y conoció cómo se debe vivir la Ley de Moisés, cómo se debe ser Fiel a la Voluntad de Dios.
Y San Juan nos lo vuelve a recordar en su carta:
"En esto sabemos que conocemos a Jesús: en que guardamos sus mandamientos.
Quien dice: «Yo le conozco», y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud.
En esto conocemos que estamos en él.
Quien dice que permanece en él debe caminar como él caminó".
Porque no son pocos los cristianos que queremos hacer nuestros propios mandamientos, vivir o cumplir algunos mandamientos porque no todos son adecuados para este tiempo. Y sin embargo nunca han sido dado de baja ninguno de los mandamientos, ni han cambiado ni una sola letra de lo que dijo Jesús. Pero nos gusta hacer nuestro propio cristianismo y vivir lo que se nos da la gana, por eso es bueno recordar las palabras que Jesús dijo acerca de la fidelidad y las que San Juan nos dice en este día:
"Quien dice que permanece en él (Jesús) debe caminar como él caminó". No hay medias tintas...
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