"Al verse burlado por los magos, Herodes montó en cólera y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores, calculando el tiempo por lo que había averiguado de los magos".
El apetito de poder sumado a la ira o a la cólera, más la vanidad y el orgullo de creer que sólo uno tiene la verdad, es lo que le permitió a Herodes llegar a hacer aquella gran matanza. Una matanza que no sólo se dió aquél día sino que, en muchos lugares, también se sigue haciendo. Aún hoy, en este siglo XXI, hay quienes siguen matando cristianos por el simple hecho de tener una religión diferente. Hoy también sigue habiendo mártires inocentes que prefieren la muerte antes que renunciar a su fe, a su Dios.
También hoy, hay otros mártires inocentes: los niños que son asesinados en el vientre de sus madres que no pueden ni siquiera profesar una fe, ni tienen la oportunidad de opinar acerca de la vida o de la muerte. Son, también, mártires inocentes, producto del sinsentido de la vida de los hombres, varones y mujeres, que se creen dueños de la vida y de la muerte, que pueden decidir sobre quién vive y quién muere ¿Cuál es la diferencia entre ellos y Herodes?
Pero también existe otra manera de matar que es la que nace de los corazones enfermos de apetito de poder, de vanidad, de soberbia, de envidias y rencores que fulminan con la lengua a quienes no soportan, a quienes dicen la verdad, a quienes buscan la Verdad. Hay lenguas que constantemente matan o creen matar porque "no son de los nuestros", como pensaban los apóstoles en un momento, pero que Jesús les llamó la atención y les hizo comprender que esa no era la manera de actuar.
Hoy nos hemos dejado llevar por el instinto humano y por el espíritu del mundo, y, muchas veces, nos convertirmos en jueces y verdugos de la vida de los demás y sin más miramientos decidimos quién es bueno y quien es malo, y aunque, no tengamos argumentos que avalen nuestra actitud comenzamos a sembrar de maldad y cizaña una comunidad, una familia, un pueblo, por el simple hecho de que alguien ha herido mi orgullo, o me ha quitado poder, o simplemente porque no me gusta su forma de actuar.
Sí, ¿cuál es la diferencia entre esa gente y Herodes? ¿Podemos seguir actuando de esa manera? ¿No será hora de que intentemos un cambio en nuestras vidas y comencemos a vivir como Cristo nos enseñó y mandó?
Cuando dejamos que nos venza la ira, la cólera, la vanidad, el orgullo, o el rencor, entonces no estamos actuando conforme al evangelio, no estamos siendo verdaderos cristianos. Pero, muchas veces, creemos que lo hacemos por el bien y no es así. Debemos poner atención en nuestra forma de comportarnos y discernir cuál es la Voluntad de Dios y cuál es mi comportamiento.
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