Dios dice por medio del Profeta Isaías:
"En aquel día, preparará el Señor del universo para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares exquisitos, vinos refinados".
Y ¿cuándo será ese día? Ese día ya nació, pero no nació en una Navidad, sino que nació en una Noche Santa, la Noche de la Última Cena, cuando el Señor preparó para sus amigos una Cena Especial en la que dejó su Cuerpo y su Sangre en el Pan y el Vino consagrado. Una Cena que nació en una Noche especial pero que se sigue viviendo todos los días en el altar de cada eucaristía.
No tenemos que esperar al fin de los tiempos cuando el Señor nos convoque a todos en su Reino para gozar del festín de manjares suculentos y vinos de solera, sino que si nos acercamos a la Mesa de la Eucaristía podremos alimentarnos con el mejor de los manjares que ningún hombre ha probado, el Manjar que nos da Vida y Vida en Abundancia.
Porque cuando nos acercamos al altar de la Eucaristía es el mismo Jesús quien nos alimenta con su Vida y nos fortalece para que seamos nosotros mismos, también, alimento para los hombres que no encuentran en camino para llegar hasta Él. Alimentados con el Pan de la Vida, nos transformamos en alimento para el mundo, llevando Su Palabra, Su ejemplo, Su Vida con nuestra vida. Por eso a esta profecía del Festín celestial unimos el Evangelio de la Multiplicación de los Panes y los Peces, porque el Señor necesita de nuestro poco para poder mulitplicarlo y repartirlo a manos llenas entre aquellos que escuchando la Palabra tienen, ahora, hambre de Dios.
Nuestra pequeña vida en manos del Señor se transforma en alimento de comunión para todos los hombres que necesitan alimentar su vida de manjares sustanciosos y suculentos que los fortalezcan en la debilidad, que los iluminen en la oscuridad, que los consuelen en el dolor, que los alienten en la desesperanza, porque así como el Señor nos sostiene, fortalece y alimenta quiere que nosotros hagamos lo mismo con nuestros hermanos.
Así cuando nos acercamos al Altar del Banquete Celestial no sólo nos estamos alimentando para nuestra salvación, sino que nos alimentamos para dar Vida Nueva a un Mundo que se está sumergiendo en la oscuridad del error, del sinsentido, de la vergüenza de no saber hacia dónde ir y no poder encontrar un Camino que les devuelva la Vida.
Hoy, en esta etapa del siglo XXI somos nosotros, los que nos alimentamos de la Palabra y del Pan de la Vida quienes llevamos luz al mundo, y mostramos el Camino hacia la Vida.
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