«El rey llora y hace duelo por Absalón».
Así, la victoria de aquel día se convirtió en duelo para todo el pueblo, al decir que el rey estaba apenado por su hijo".
Absalón, hijo de David, se había puesto en contra y venía para matar a su padre, pero las circunstancias hicieron que el que muriera, o fuera muerto, sea Abasalón. Quien trajo la noticia al Rey pensó que era una buena noticia, pero no lo fue para David, porque, en definitiva, Absalón era su hijo. Por eso Joab dice que la victoria se convirtió en duelo.
Y así sucede muchas veces. Pero, en realidad lo que demuestra es el gran corazón de David que no buscó, él mismo, la muerte de su hijo, por su gran amor hacia él, aunque este buscara su muerte, sino que prefería él mismo morir por su hijo. La venganza y el odio no habían invadido el corazón del Rey David, y eso hizo que la victoria que fue la muerte de Absalón fuera un gran duelo y dolor para David.
No siempre la venganza trae paz al corazón. Quizás para algunos el rencor, el odio y la venganza sean un arma para defenderse de aquellos que hacen mal o quieren mal, pero no es lo que más paz trae al corazón, sino que sigue sembrando lo mismo en el alma, pues el mal atrae, siempre, al mal, aunque este sea un acto de justicia humana, a los ojos del mundo.
Por eso necesitamos, como la mujer del evangelio, aunque sea tocar el manto del Señor para poder sanar las heridas del corazón. Si queremos mantener, siempre, un corazón y paz con uno mismo, con los demás y con Dios, no debemos dejar que el rencor eche raíces en el corazón, pues esas raíces se convertirán en odio y venganza que sólo acarrearán más dolor a nuestra vida.
Creemos, muchas veces, que no debemos perdonar lo que los demás nos hace, cuando estas ofensas son muy graves y grandes, pero cuando dejamos esas heridas abiertas sólo traen más dolor y se van infectando de todo aquello que no nos deja en paz. Por eso, aunque más no sea, acerquémonos al Señor para pedirle, por favor, que nos ayude a secar esa hemorragia que sigue sangrando en nuestro corazón. Y así Él nos dirá:
«Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad».
martes, 30 de enero de 2024
Sanar las heridas
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