«¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».
Jesús lo increpó: «¡Cállate y sal de él!»
¿Por qué Jesús hace callar a los demonios que saben cuál es su Verdad? Pensando en esto me acordé de algo que San Pablo VI dijo en una oportunidad, y que, aclaraba, no siempre lo tenemos en cuenta:
“Es el pérfido y astuto encantador, que sabe insinuarse en nosotros por medio de los sentidos, de la fantasía, de la concupiscencia, de la lógica utópica, o de los desordenados contactos sociales en el juego de nuestro actuar, para introducir en él desviaciones, tanto más nocivas cuanto que en apariencia son conformes a nuestras estructuras físicas o psíquicas o a nuestras instintivas y profundas aspiraciones”.
Así es, Satanás, conoce mejor que nosotros las Escrituras, el Plan de Dios y todas las cosas, por eso nunca le podremos ganar en una batalla verbal, pues Él sabe mucho más. Por eso, tampoco es bueno “gozarnos” de nuestra sabiduría, de nuestros conocimientos en las Ciencias Sagradas si no llevamos a la vida todo lo aprendido, y, sobre todo, no mantenemos una sana, constante y madura relación con Cristo.
No son las ideas o los pensamientos los que nos salvan, ni tan siquiera las buenas intenciones, que San Bernardo de Claraval dijo: “de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno”. Porque las intenciones pueden ser las mejores, pero si no se han contrastado con la Voluntad de Dios, pues ser sólo producto de nuestra vanidad, de nuestra soberbia, de nuestro orgullo… etc.
Cuando, como dice Jesús, renuncio a mí mismo y busco reflexionar y buscar a alguien que me ayude a buscar la Voluntad de Dios, entonces, puedo, casi, estar seguro de que todo será avalado por el Señor. Pero si no busco, con sinceridad de corazón, la Voluntad de Dios, entonces corro el peligro de que todo lo bueno que esté haciendo no sirva para la salvación.
Por eso, no nos confiemos en lo que sabemos, sino busquemos si es Voluntad de Dios…
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