"Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?".
Si tomamos literalmente esta parábola de Jesús, pareciera que nos está hablando de cómo vamos vestidos a la fiesta. Aunque sabemos que siempre vamos bien vestidos a una fiesta. Bueno, aunque con los vestidos rotos que hay ahora… pero no entremos en la moda, pues “lo que es moda no incomoda”, aunque…
Pero no, Jesús no quiere hacer referencia a si nos vestimos bien o mal. Quiere mostrar, como siempre en sus parábolas, algo que va más allá de lo físico, y quiere llegar a los espiritual.
Cada día, sobre todo los domingos, tenemos una invitación especial a un Banquete, al que no tenemos que llevar ni un vestido de gala, ni un regalo, pero sí ir bien preparado. Pero para ir bien preparado tengo que saber a dónde voy, a qué voy y por qué voy.
¿Por qué voy al Banquete Celestial que se celebra en la Misa? ¿Voy por obligación? ¿Voy porque si no voy es pecado mortal? Si mi respuesta es sí, entonces todavía no he comprendido nada, o no he vivido nada de lo que sucede en el Banquete Celestial.
Por eso ¿qué es para ti la Misa? Es sólo cumplir con un compromiso y listo. ¿Lo hago sólo por cumplir con un trámite al que estoy acostumbrado?
Porque la Misa no es un simple acto social, sino que en la Misa se celebra una vez más la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Un rito, sí, pero lleno de un contenido que va más allá de lo que podemos ver, para el que debemos tener preparado el corazón y la mente para no dejarnos llevar por cosas que no son parte de ese Hermoso Banquete.
Cuando Jesús celebró la Última Cena con sus apóstoles y nos dejó como Memorial Perpetuo la Eucaristía, lo hizo porque necesitamos tener siempre con nosotros, porque necesitamos alimentar nuestra vida con Su Vida, porque necesitamos alimentar nuestro amor con Su Amor. Por eso, ir a Misa no es ir al bar a tomar un café con amigos (aunque muchas veces parece que así es por los cotilleos que se dan entre los bancos antes de la Misa)
Por eso, el Señor mirará mi corazón y mi actitud y pensará: ¡este no viene con el vestido de fiesta! Porque no se ha preparado para venir a Mi Banquete, al que yo he pagado con mi Sangre, sino que viene por venir y no por amor.
¿Lo entiendes?
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