viernes, 20 de octubre de 2023

Confianza para convertirnos

«Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía, pues nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse.
Por eso, lo que digáis den la oscuridad será oído a plena luz, y lo que digáis al oído en las recámaras se pregonará desde la azotea".
En este mundo o en el otro todo se sabrá de lo que he vivido y de lo que no he vivido. Por eso, el Señor, nos advierte acerca de la hipocresía, de querer dar una imagen de alguien que no somos.
Claro es que la imagen de lo que no somos puede verse desde dos puntos de vista: una falsa humildad o por soberbia y vanidad.
Sí, una falsa humildad es cuando alguien se hace pasar por humilde o por alguien que no sabe hacer nada o que no entiende nada, y, en el fondo lo que está buscando es no comprometerse con nada ni con nadie. Esa falsa humildad también es hipocresía.
Por otro lado, o en el punto contrario está la vanidad y la soberbia, de querer hacer creer a los demás lo buenos que somos, cuántas cosas hago, cuánto rezo, cuanto... y lo único que pongo delante de todo es a mi yo, pero en el fondo, me olvido, como dice muchas veces Jesús, de la misericordia, la compasión, la empatía, porque todo lo hago para lucirme, para que vean lo bueno que soy, pero nunca me ocupo de mis hermanos.
Claro es que siempre y en muchos momentos se nos va a colar el pecado de la hipocresía, de la soberbia, de la vanidad, de la falsa humildad. Pero no debemos preocuparnos porque siempre estará el Señor para ayudarnos a convertir nuestro pecado en virtud, a poder salir de ese camino del error y volver a encauzar nuestra vida según el Plan de Dios.
"A vosotros os digo, amigos míos: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, después de esto no pueden hacer más.
Os voy a enseñar a quién tenéis que temer: temed al que, después de la muerte, tiene poder para arrojar a la “gehenna”. A ese tenéis que temer, os lo digo yo".
No quiere, por supuesto, hacernos caer en el miedo de lo que puede pasar, sino que tengamos confianza en el Padre que siempre estará para ayudarnos pues Él quiere lo mejor para nosotros, quiere iluminar nuestro camino hacia la Vida Nueva, hacia la Vida Eterna. La confianza en la Providencia del Padre es lo que nos ayudará, en cada momento, a salir de nuestros errores y pecados, y buscar Su Gracia, Su Amor para alcanzar la plenitud de nuestro ser hijo de Dios.

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