miércoles, 25 de octubre de 2023

Esclavo o libre? De quién?

"Pedro le dijo:
«Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?».
No siempre, pero sí siempre el Señor nos dice algo a nosotros. A veces no queremos oír lo que nos dice y, por eso, hacemos oídos sordos a sus Palabras, pero siempre hay algo que nos quiere decir. También es cierto que, otras veces, nos dice las cosas para que se las digamos a alguien, pero, como en las malas dietas, siempre hay un efecto rebote que nos afecta a nosotros mismos.
Claro que pensamos que no siempre el Señor tendrá algo que decirnos, o que queramos que eso que nos dice no sea para nosotros, porque pensamos que nos siempre tenemos que estar mirándonos para cambiar, o que no siempre tenemos que hacer algo por el Señor. Pero sí, mientras estemos en este "valle de lágrimas", siempre tendremos algo que convertir, algo que cambiar, algo para hacer, porque hemos venido para "hacer la Voluntad de Dios aquí en la tierra como en el cielo", y eso es todos los días de la vida.
Por que, como dice san Pablo a los romanos:
"¿No sabéis que, cuando os ofrecéis a alguien como esclavos para obedecerle, os hacéis esclavos de aquel a quien obedecéis: bien del pecado, para la muerte, bien de la obediencia, para la justicia?".
Nos hemos consagrado a Dios por el bautismo, por ello nos hemos ofrecido al Señor para el bien, para el amor, para la paz, para la justicia... y, sobre todo, para alcanzar la santidad viviendo según su Voluntad. Y esa esclavitud es la que más nos libera, pues el Señor no nos quiere esclavos sino libres, y la mejor forma de ser libres es ser esclavos de Su Voluntad, como lo fue María, Nuestra Madre.
Sí, es una contradicción, pero es que la Voluntad de Dios nos da la plenitud que buscamos, pues Él es quien sabe para qué nos ha creado y conoce nuestro interior mejor que nosotros mismos. En cambio el pecador, aquél que quiere destruir nuestra vida, nos esclaviza con el pecado, que es, en definitiva, el ir en contra de la voluntad de Dios, no haciendo lo que nos hace bien, sino destruyendo aquello que nos da vida verdadera.

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