Hoy me quiero centrar en el Salmo, que no sólo es algo para rellenar la liturgia, sino que son cánticos inspirados por Dios (por eso están dentro la liturgia) que, por esa razón, es propio que se canten dentro de la misa, pues han sido escrito para cantarlos (aunque a algunos no les guste, pero es así) Y el Salmo de hoy me gusta reflexionarlo, aunque siempre es complicarlo llevarlo a la práctica. Pero bueno, eso es lo interesante de la Palabra de Dios, que implica un esfuerzo de nuestra parte para alcanzar la Bienaventuranza que deseamos.
"Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios;
entonces yo digo: «Aquí estoy».
«- Como está escrito en mi libro -
para hacer tu voluntad.
Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas».
Creemos, muchas veces, que a Dios le vamos a ganar el corazón si hacemos muchos sacrificios y ofrendas, pero con una sola bastaría, siempre y cuando sea verdadera: nuestra renuncia a nuestra voluntad para hacer Su Voluntad. Que, en realidad, eso es lo que decimos todos los días: hágase Tu Voluntad en la tierra como en el cielo.
Y ¿quién tiene que hacer Tu Voluntad? ¿El vecino, mi esposo, mi hijo, mi amigo, el que se sienta en el banco de al lado...? Pues no. Te aseguro que quien tiene que hacer la Voluntad de Dios soy yo, eres tú, no el otro.
Sí, el otro también, pero no puedo hacer depender mi decisión de fidelidad a Dios si el otro no hace lo que Dios quiere. A mí se me va a pedir cuentas de si he sido fiel a Dios o no, no se me va a preguntar si mi hermano ha sido fiel o no..
Por eso, los sacrificios, ofrendas y oblaciones sirven siempre y cuando me ayuden a renunciar a mí mismo para hacer la Voluntad de Dios. Pero si sólo son gestos externos que los uso para cumplir un trámite burocrático para ver si Dios me ayuda o no, de poco o casi nada sirven para mi salvación.
Recuerda que lo único que quiere el Padre es que salves tu alma, y no la salvas porque hagas mil veces el camino a Santiago, o te vayas caminando a Luján, o te rapes la cabeza, o... sino que dejes de pensar en lo que te gusta, en lo que le gusta al mundo, y comiences a pensar qué es lo que Dios quiere para tu vida, qué es lo que Dios quiere que hagas, qué es lo que Dios quiere que vivas para alcanzar la salvación de tu alma y la Bienaventuranza aquí en el tierra y en el cielo.
martes, 24 de octubre de 2023
No quiero sacrificios
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