lunes, 15 de mayo de 2023

30 años permaneciendo

En este día de San Isidro celebro mis 30 años de sacerdotes, y Jesús nos habla de permanecer en Él, en el Evangelio. Y eso es la Gracia que me ha otorgado en estos años, permanecer. Sabiendo que permanecer no es estar quieto o estático, sino que permanecer en Él es estar en movimiento constante, y no porque sea uno el que quiera ir de un lado para otro, sino que es el Espíritu quien te va llevando de aquí para allá.
Claro que no hablo sólo de lugares físicos, aunque en realidad, también me ha llevado de un lado para otro, pero sobre todo a nivel espiritual te hace recorrer muchos caminos y no todos han sido caminos rectos y sencillos, sino que siempre hay claros y oscuros, muchas curvas, subidas y bajadas, pero cuando estamos tomados de Su Mano, todo sigue teniendo la Gracia de Dios para seguir caminando, y no es por fuerzas propias, sino por la Gracia de Dios.
Sí, permanecer, como aprendí en el Seminario, Fiel a la Vida que el Señor nos pide vivir, es una tarea constante en la que siempre tiene que estar Él y la búsqueda constante de Su Voluntad, lo que te lleva muchas veces a no querer encontrarla porque Su Voluntad no siempre es el camino que esperabas recorrer. Pero, cuando lo recorres te vas dando cuenta que era lo que querías o mejor aún.
En este camino de 30 años desde la ordenación sacerdotal he caminado por muchas vidas, por muchas realidad, por muchos lugares donde nunca había pensado ir, y en todos el Señor ha ido acompañando y regalando hermanos que fueros los Cireneos que ayudaron a llevar el peso del sacerdocio, y a ellos tengo que agradecerles el haber estado en todo momento.
Sí, el peso del sacerdocio, no lo he dicho mal. Porque, como toda vocación, sea consagrada, matrimonial, o la que sea, siempre tiene un peso, una responsabilidad, y no siempre son día de sol, y hay que seguir adelante con nuestros pecados y virtudes, pero sobre todo sostenidos por la Gracia de Dios que, a pesar de nuestra debilidad y pecado, siempre está presente para tendernos la mano y ayudarnos a levantarnos y mirar hacia arriba, sí, hacia arriba porque es ahí donde está nuestra vida y es hacía donde nos dirigimos. La mirada siempre puesta en el horizonte de la Vida para no perder el norte en el caminar, y el corazón, intentando tenerlo siempre lleno de Dios.
Hoy no podría enumerar a todos los que tengo que dar Gracias, pero el Padre sabe quienes estuvieron en cada momento y quienes me han ayudado y ayudan a seguir siendo Fiel a la Vida que Él ha querido que viva. Seguiré confiando en ser un Puente que sirva a los hijos de Dios para que puedan llegar a Él y recibir, por mi intermedio, toda la Gracia que Él tiene para aquellos que ha llamado a la Vida.

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