viernes, 9 de septiembre de 2022

Por qué corres?

"¿No sabéis que en el estadio todos los corredores cubren la carrera, aunque uno solo se lleva el premio? Pues corred así: para ganar.
Pero un atleta se impone toda clase de privaciones; ellos para ganar una corona que se marchita; nosotros, en cambio, una que no se marchita".
Cuando en nuestra vida hay un gran propósito a alcanzar no dudamos en privarnos de cosas: tiempo, dinero, fiestas, o lo que sea. Si miramos a nuestro alrededor hasta vemos cómo hay familias que se privan de estar unidas por alcanzar una meta económica, un buen pasar y un ahorro que les permita estar mejor. Si miramos al otro lado vemos cómo hay otros tantos que hasta dejan que se pase el tiempo, los años, por estar viviendo "la buena vida" y, como decimos, sin sentar cabeza, hasta que ya es tarde para hacerlo.
En realidad todo lo que hacemos es con un propósito, para un fin que, en definitiva, cuando lo analizamos y optamos por el, lo vemos como bueno e ideal, y, luego aceptamos los desafíos y las renuncias que tenemos que hacer para tal o cual fin.
Así es lo que nos propone san Pablo: que nuestro propósito no sea sólo humano o mundano, sino que vayamos más allá: alcanzar la santidad de vida, y por eso dejar de vivir pendientes del mundo y buscar los bienes de allá arriba que son los que le dan más valor y sentido a nuestras vidas, e, incluso, nos la hacen disfrutar mejor.
Es cierto que en el mundo de hoy disfrutar de la vida signifique, muchas veces, y para muchos, desperdiciarla con botellones, sexo y fiestas por doquier; para otros, quizás significará gastar horas de trabajo y más trabajo para alcanzar un mejor puesto y mejores ingresos; otros también se desviven por tener un físico que sea el perfecto y que pueda encandilar a los demás; pero son pocos los que renuncian a las cosas del mundo por comenzar a vivir lo que creen: el llamado a la santidad.
Tenemos miedo de que se nos pida renunciar a los placeres del mundo y por eso no nos animamos a mirar si Dios nos pide algo más de lo que estamos haciendo o viviendo, o, si, en cambio, lo que Dios nos pide es mejor de lo que estamos viviendo o haciendo. ¿No te has puesto a pensar que la carrera a la que te invita san Pablo es mejor que la carrera en la cual gastas tu vida en vano por alcanzar una meta que no te satisface interiormente?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.