Del Sermón de san Agustín, obispo, Sobre los pastores
El Señor azota, dice la Escritura, a todo el que por hijo acoge.
¿Y tú te atreves a decir: «Quizás a ti no te azotará»? Si a ti no te azota
quedarás sin duda excluido del número de sus hijos. «¿Pero acaso -continuarás
diciendo- azota absolutamente a todos sus hijos?» Sin duda alguna, azota a todos
sus hijos, como azotó a su propio Unigénito. Su Unigénito, en efecto, aquel único
Hijo engendrado de la misma sustancia que el Padre, igual al Padre por su
condición divina, el Verbo, por quien fueron creadas todas las cosas,
no tenía en sí mismo posibilidad de ser probado ni azotado. Pero para poder ser
azotado se revistió de carne. Si, pues, Dios no perdonó ni a su propio Hijo que no
había conocido el pecado, ¿piensas que va a dejar sin pruebas a los hijos adoptivos
que conocieron el pecado? El Apóstol dice, en efecto, que hemos sido hechos hijos
de adopción para ser coherederos del Hijo único, para ser la herencia de él, como
se dice en el salmo: Pídemelo: te daré en herencia las naciones. De ello nos
da, pues, un ejemplo cuando nos hace participar en los sufrimientos de su Hijo.
Pero, a fin de que el débil no desfallezca al oír hablar de las pruebas que se
avecinan, el pastor no debe ni alentarlo con falsas esperanzas ni atemorizarlo
con miedos indebidos. Debe decirle: Prepárate para las pruebas. Y, si al
oír estas palabras la oveja empieza a desfallecer y a temer hasta tal punto que
ya no se atreve a acercarse, el pastor debe recordarle aquello otro: Fiel es
Dios para no permitir que seáis tentados más allá de lo que podéis. Anunciar
y recordar las pruebas que se avecinan es como curar a las ovejas enfermas;
hablar de la misericordia de Dios, que hace superar las pruebas, al que se asusta
desmesuradamente es como vendar las heridas.
Hay algunos, en efecto, que al oír hablar de pruebas futuras se preparan con mayor
empeño y buscan con qué remediar su debilidad. Creen que no es suficiente la ayuda
que pueden recibir de los fieles y se fortalecen recordando la gloria de los mártires.
Pero hay, en cambio, otros que, al oír hablar de las pruebas futuras que necesariamente
tiene que soportar el cristiano y de las que están exentos los que no lo son, se
descorazonan y claudican.
Ofrece, pues, el vendaje del consuelo y cura a la oveja herida. Dile: «No temas; no te
abandonará en tus pruebas aquel en quien has puesto tu fe. Fiel es Dios para no permitir
que seas tentado más allá de lo que puedes resistir.» No pienses que soy yo quien te
dice esto, lo afirma aquel Apóstol que dice también: ¿Queréis tener pruebas de que
Cristo habla por mí? Por tanto, cuando oyes las palabras que acabas de escuchar oyes
al mismo Cristo, escuchas al pastor que apacienta a Israel. Pues a Israel también se le
dijo: Les diste a comer llanto con medida. Lo que dice el Apóstol: No permitirá
Dios que seáis tentados más allá de lo que podéis, es lo mismo que afirma el profeta
al hablar de un llanto con medida. No abandones, por tanto, al que te corrige y exhorta,
al que te atemoriza y te consuela, al que te hiere y te sana.
sábado, 17 de septiembre de 2022
Ofrece el vendaje del consuelo
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.