Comienza el Sermón de san Agustín, obispo, Sobre los pastores
No es la primera vez que me oís hablar de aquella esperanza, fundada en Cristo,
en la que tenemos nuestra única gloria verdadera y saludable, pues vosotros
formáis parte del rebaño que tiene por pastor a aquel que cuida y apacienta a
Israel. Sin embargo, como no faltan pastores a quienes les gusta el nombre de
pastor, pero no cumplen, en cambio, con las obligaciones del pastor, no estará
mal que recordemos lo que dice el Señor por boca del profeta sobre esos tales.
Escuchadlo con atención, atendamos todos con temor.
El Señor me dirigió la palabra en estos términos «Hijo de hombre, profetiza
contra los pastores de Israel, diciéndoles.» Acabamos de escuchar la lectura
que se nos ha proclamado, y por ello debo decir algo para comentarla. Dios me
ayudará para que diga cosas verdaderas, si yo, por mi parte, no pretendo
exponer mis propias ideas. Porque si os propusiera mis ideas, también yo sería
de aquellos pastores que, en lugar de apacentar las ovejas, se apacientan a sí
mismos. Si, en cambio, hablo no de mis pensamientos, sino, exponiendo la
palabra del Señor, es el Señor quien os apacienta por mediación mía. Esto dice
el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No son
las ovejas lo que tienen que apacentar los pastores?; es como si se dijera: «Los
pastores no deben apacentarse a sí mismos, sino a las ovejas.» Ésta es la
primera causa por la que el profeta reprende a tales pastores, porque se
apacientan a sí mismos y no a las ovejas. ¿Y quiénes son, pues, aquellos
pastores que se apacientan a sí mismos? Sin duda alguna son aquellos de los que
el Apóstol afirma: Todos buscan sus intereses personales, no los de Cristo
Jesús.
El Señor, no según mis merecimientos, sino según su infinita misericordia, ha
querido que yo ocupara este lugar y me dedicara al ministerio pastoral; por ello
debo tener presente dos cosas, distinguiéndolas bien, a saber: que por una parte
soy cristiano y por otra soy obispo. El ser cristiano se me ha dado como don
propio; el ser obispo, en cambio, lo he recibido para vuestro bien.
Consiguientemente, por mi condición de cristiano debo pensar en mi salvación, en
cambio, por mi condición de obispo debo ocuparme de la vuestra.
En la Iglesia hay muchos que, siendo cristianos pero sin ser prelados, llegan a
Dios; ellos andan, sin duda, por un camino tanto más fácil y cara un proceder
tanto menos peligroso cuanto su carga es más ligera. Yo, en cambio, además de
ser cristiano, soy obispo; por ser cristiano deberé dar cuenta a Dios de mi
propia vida, por ser obispo deberé dar cuenta de mi ministerio.
martes, 13 de septiembre de 2022
Soy cristiano y obispo, dijo san Agustín
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