En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:
«Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
En el evangelio de hoy hay tres parábolas: la oveja perdida, la moneda perdida y la del hijo pródigo. Con estas tres parábolas Jesús intenta decirle a los fariseos y los escribas que murmuraban contra él que está siempre cercano del que necesita salvarse y convertirse, por lo tanto, de aquellos que se creen más justos e inmaculados y que se creen con el derecho de juzgar a todos, no está tan cerca. Las murmuraciones de los que se creen mejores que otros son una gran falta de caridad hacia el hermano, y, sobre todo, caer en el pecado de la soberbia de creer que puedo juzgar y condenar lo que los demás hacen, sin saber el por qué o para qué.
Además, me parece muy significativo tener las tres parábolas unidas para descubrir cómo es la actitud del pastor, de la mujer y del padre, los protagonistas de las parábolas. Tanto el pastor como la mujer salen a buscar lo que se les perdió: la oveja y la moneda, por ser un animal sin capacidad de razonar, o una cosa material, se los sale a buscar pues no han tenido libertad para perderse. En cambio, en cuanto el hijo decide irse de su casa no sale el padre a buscarlo, sino que se queda a esperarlo. ¿Por qué? Porque el hijo ha tomado una decisión libre de alejarse de la casa paterna y de vivir su vida como él quiere.
Así podemos darnos cuenta qué papel juega la libertad y la capacidad de razonar en nosotros mismos: si nos alejamos no esperes que te vayan a buscar, quizás te esperen como el padre al hijo, pero eres tú quien tiene la capacidad de discernir y asumir tus propios actos. A veces nos quedamos esperando que otros hagan lo que nosotros tenemos que hacer, y, por eso mismo, Jesús nos propone estas parábolas para descubrir que está en nuestra capacidad de razonar, discernir y decidir qué estilo de vida queremos vivir.
El Padre, por medio del Hijo, nos ha presentado un estilo de vida: ser cristiano, pero somos nosotros quienes tenemos la capacidad de decidir si queremos o no vivir ese estilo de vida. Por eso mismo nos dice: que tu Sí sea Sí y que tu No sea No. Si te decides a vivir ¡vive! Sino no hagas pantomimas con la vida cristiana, pues los incoherentes son los que más daño hacen, porque no ayudan a descubrir un Camino sino que lo van destruyendo con su ejemplo y palabras.
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