lunes, 31 de enero de 2022

Trabajar con amor

De las Cartas de san Juan Bosco, presbítero

    Si de verdad buscamos la auténtica felicidad de nuestros alumnos y queremos inducirlos al cumplimiento de sus obligaciones, conviene ante todo que nunca olvidéis que hacéis las veces de padres de nuestros amados jóvenes, por quienes trabajé siempre con amor, por quienes estudié y ejercí el ministerio sacerdotal, y no sólo yo, sino toda la Congregación salesiana.
    ¡Cuántas veces, hijos míos, durante mi vida, ya bastante prolongada, he tenido ocasión de convencerme de esta gran verdad! Es más fácil enojarse que aguantar, amenazar al niño que persuadirlo; añadiré incluso que, para nuestra impaciencia y soberbia, resulta más cómodo castigar a los rebeldes que corregirlos, soportándolos con firmeza y suavidad a la vez.
    Os recomiendo que imitéis la caridad que usaba Pablo con los neófitos, caridad que con frecuencia lo llevaba a derramar lágrimas y a suplicar, cuando los encontraba poco dóciles y rebeldes a su amor.
    Guardaos de que nadie pueda pensar que os dejáis llevar por los arranques de vuestro espíritu. Es difícil, al castigar, conservar la debida moderación, la cual es necesaria para que en nadie pueda surgir la duda de que obramos sólo para hacer prevalecer nuestra autoridad o para desahogar nuestro mal humor.
    Miremos como a hijos a aquellos sobre los cuales debemos ejercer alguna autoridad. Pongámonos a su servicio, a imitación de Jesús, el cual vino para obedecer y no para mandar, y avergoncémonos de todo lo que pueda tener incluso apariencia de dominio; si algún dominio ejercemos sobre ellos, ha de ser para servirlos mejor. Éste era el modo de obrar de Jesús con los apóstoles, ya que era paciente con ellos, a pesar de que eran ignorantes y rudos, e incluso poco fieles; también con los pecadores se comportaba con benignidad y con una amigable familiaridad, de tal modo que era motivo de admiración para unos, de escándalo para otros, pero también ocasión de que muchos concibieran la esperanza de alcanzar el perdón de Dios. Por esto nos mandó que fuésemos mansos y humildes de corazón.
    Son hijos nuestros, y por esto, cuando corrijamos sus errores, hemos de deponer toda ira o, por lo menos, dominarla de tal manera como si la hubiéramos extinguido totalmente.
    Mantengamos sereno nuestro espíritu, evitemos el desprecio en la mirada, las palabras hirientes; tengamos comprensión en el presente y esperanza en el futuro, como conviene a unos padres de verdad, que se preocupan sinceramente de la corrección y enmienda de sus hijos.
    En los casos más graves, es mejor rogar a Dios con humildad que arrojar un torrente de palabras, ya que éstas ofenden a los que las escuchan, sin que sirvan de provecho alguno a los culpables.
 

domingo, 30 de enero de 2022

El hijo de José.

Y decían: «¿No es éste el hijo de José?»
Pero Jesús les dijo: «En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo.
No sólo los profetas no son escuchados en sus pueblos, sino que, muchas veces, no son escuchados en su familia, en su pareja, en su trabajo, en su comunidad, y, hasta en su parroquia.
“No es éste el hijo de José?”, esa pregunta habla de un prejuicio hacia la persona que, por ser hijo de José, y como ya conozco a su familia y lo conozco de pequeño ¿qué me puede decir de nuevo? Primero que mire a su familia o su vida y después hable.
Son algunos de los pensamientos que se nos cruzan por la cabeza cuando alguien nos quiere hacer pensar o reflexionar sobre algo en nuestra vida. No siempre analizamos lo que nos dicen y por qué nos lo dicen, sino que lo primero que juzgamos es a la persona que nos trae el mensaje. Como dice algún refrán: “no mates al mensajero”, sino escucha el mensaje que te quieren dar.
Claro es que ¿quién me puede decir a mí que me he equivocado, o que he pecado, o que tengo que cambiar de vida? ¿Quién está tan libre de pecado, errores y culpas para poder ayudarme a cambiar? Si hasta los consejos evangélicos me parecen fuera de lugar cuando me hacen ver mis pecados…
Por eso Jesús no pudo hacer milagros entre la gente de su pueblo, pues ellos no tenían fe, no podían o no querían ver en Jesús al Mesías de Dios, sino que sólo veían al hijo del carpintero. Y así nos pasa muchas veces en nuestras vidas, no vemos a Dios en los consejos de nuestros hermanos, no vemos que Dios nos está hablando por medio de ellos, sino que sólo pensamos en “¡qué me viene a decir éste! ¡Que se meta en su propia vida!”
Y es así como le impedimos al Señor que nos ayude en nuestra vida. Sin embargo, constantemente le estamos pidiendo signos y milagros para hacer tal o cual cosa, y cuando Él nos envía un mensajero para hacernos ver lo el Camino que Él quiere que recorramos, lo rechazamos porque no es el signo que quería ver.


 

sábado, 29 de enero de 2022

No juzgues y no serás juzgado

"La cólera de David se encendió contra aquel hombre y replicó a Natán:
«Vive el Señor que el hombre que ha hecho tal cosa es reo de muerte. Resarcirá cuatro veces la cordera, por haber obrado así y por no haber tenido compasión».
Entonces Natán dijo a David:
«Tú eres ese hombre..."
Un pequeño trozo del diálogo de Natán con David para darnos cuenta de cómo somos los hombres, y, un pequeño párrafo que ilumina aquello que nos decía Jesús: "antes de ver la paja en el ojo ajeno mira la viga que tienes en el tuyo".
Muchas veces nos enfadamos por lo que hacen los demás, quizás no con nosotros mismos sino con otras personas, y por eso los criticamos, juzgamos y condenamos. Pero cuando hacemos nosotros las mismas cosas somos más flexibles, menos justicieros y, hasta incluso, nos perdonamos más fácilmente, y, otras veces, nos enfadamos si no nos perdonan nuestros errores y pecados.
Es cierto, sí, que tenemos que ser muy sinceros a la hora de mirar lo que hacen los demás, y discerniendo sus actitudes saber con quién poder juntarnos y establecer amistad, pues las amistades no siempre son las mejores para nuestra vida. No es porque los demás sean malos o pecadores, sino porque debemos buscar quienes nos ayuden en el camino de la santidad.
Una vez alguien me contaba que al descubrir a Jesús en su vida y querer comenzar a vivir según el evangelio, sus amistades que no estaban en ese camino, siempre buscaban cómo hacerla salir de su convicciones y siempre ponían "palos en la rueda" para que cayera. Hasta que se dio cuenta que tendría que buscar otras amistades que le ayudaran a crecer y a caminar por dónde Dios quería para su vida.
No es fácil, muchas veces, reconocer nuestro pecado e intentar corregirlo, pero no es imposible con la Gracia de Dios, pero debo ser yo quien primero de el paso para salir del lugar del pecado y del error. Y, sobre todo, saber que no todos han encontrado la Luz para poder buscar el Verdadero Camino, y no por eso debo condenar sus situaciones y vidas, sino ponerme a rezar por ellos para que puedan abrir sus corazones al Señor.

 

viernes, 28 de enero de 2022

La Cruz ejemplo de virtudes

De las Conferencias de santo Tomás de Aquino, presbítero

    ¿Era necesario que el Hijo de Dios padeciera por nosotros? Lo era, ciertamente, y por dos razones fáciles de deducir: la una, para remediar nuestros pecados; la otra, para darnos ejemplo de cómo hemos de obrar.
    Para remediar nuestros pecados, en efecto, porque en la pasión de Cristo encontramos el remedio contra todos los males que nos sobrevienen a causa del pecado.
    La segunda razón tiene también su importancia, ya que la pasión de Cristo basta para servir de guía y modelo a toda nuestra vida. Pues todo aquel que quiera llevar una vida perfecta no necesita hacer otra cosa que despreciar lo que Cristo despreció en la cruz y apetecer lo que Cristo apeteció. En la cruz hallamos el ejemplo de todas las virtudes.
    Si buscas un ejemplo de amor: Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. Esto es lo que hizo Cristo en la cruz. Y por esto, si él entregó su vida por nosotros, no debemos considerar gravoso cualquier mal que tengamos que sufrir por él.
    Si buscas un ejemplo de paciencia, encontrarás el mejor de ellos en la cruz. Dos cosas son las que nos dan la medida de la paciencia: sufrir pacientemente grandes males, o sufrir, sin rehuirlos, unos males que podrían evitarse. Ahora bien, Cristo, en la cruz, sufrió grandes males y los soportó pacientemente, ya que en su pasión no profería amenazas; como cordero llevado al matadero, enmudecía y no abría la boca. Grande fue la paciencia de Cristo en la cruz: corramos también nosotros con firmeza y constancia la carrera para nosotros preparada. Llevemos los ojos fijos en Jesús, caudillo y consumador de la fe, quien, para ganar el gozo que se le ofrecía, sufrió con toda constancia la cruz, pasando por encima de su ignominia.
    Si buscas un ejemplo de humildad, mira al crucificado: él, que era Dios, quiso ser juzgado bajo el poder de Poncio Pilato y morir.
    Si buscas un ejemplo de obediencia, imita a aquel que se hizo obediente al Padre hasta la muerte: Como por la desobediencia de un solo hombre -es decir, de Adán- todos los demás quedaron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos quedarán constituidos justos.
    Si buscas un ejemplo de desprecio de las cosas terrenales, imita a aquel que es Rey de reyes y Señor de señores, en el cual están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, desnudo en la cruz, burlado, escupido, flagelado, coronado de espinas, a quien, finalmente, dieron a beber hiel y vinagre.
    No te aficiones a los vestidos y riquezas, ya que se reparten mi ropa; ni a los honores, ya que él experimentó las burlas y azotes; ni a las dignidades, ya que, entretejiendo una corona de espinas, la pusieron sobre mi cabeza; ni a los placeres, ya que para mi sed me dieron vinagre.

jueves, 27 de enero de 2022

Medir con la vara de Dios

"Les dijo también:
«Atención a lo que estáis oyendo: la medida que uséis la usarán con vosotros, y con crece".
Es una de las frases de Jesús, que, si me lo permitís, más miedo me da. ¿Por qué miedo? Porque se que el Señor es Justo y cumple Su Palabra, y que siempre, aunque use de misericordia, tendrá en cuenta lo que decimos y lo que hacemos, para darnos su Gracia o para no dárnosla. Está claro que no usa el castigo como medida de corrección, sino que simplemente el castigo es que no recibamos su Gracia para hacer lo que él no quiere, o lo que nosotros no debehacer.
Pero siempre tendrá en cuenta lo que hacemos por los demás, ya que Él mismo nos lo dijo: "todo lo que hicierais a uno de estos mis pequeños a mí lo hacéis". Entonces, la medida que usemos para tratar a los demás, esa misma medida se usará para que él nos trate a nosotros, o para que los demás nos traten a nosotros.
Si yo trato con justicia así me tratarán a mí.
Si yo soy malo con los demás, también ellos lo pueden ser conmigo.
Si yo vivo en la mentira, no puedo pedir que los demás no me mientan.
Si yo...
Porque muchas veces queremos que los demás sean mejores con nosotros, pero nosotros no somos mejores con los demás.
A lo mismo que no puedo esperar que los demás sean misericordiosos, veraces y justos para que yo comience a serlo. No, yo tengo que ser lo que Dios quiere que sea, viviendo "como Dios quiere" y no como los demás viven. Y aquí vuelvo a repetir una frase que ya la he dicho varias veces (que no es mía, por supuesto): "el bien siempre será bien aunque nadie lo haga, y el mal será mal aunque todos los hagan".
Yo no me tengo que llevar por lo que los demás hagan sino por lo que Dios quiere que yo haga, pues lo que yo debo hacer, para construir un mundo nuevo, para que venga el Reino de Dios a la tierra es "vivir Su Voluntad aquí en la tierra como en el cielo", pero no tengo que esperar que los demás lo vivan para yo vivirlo, sino que yo tengo que ser el primero en vivirlo.
Por eso, que siempre midamos a los demás con la vara de la misericorida de Dios, para que siempre la Gracia esté en mí, y con su ayuda pueda vivir de acuerdo a Su Voluntad.

 

miércoles, 26 de enero de 2022

Obreros de la mies

"En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:
«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies".
Cuando escuchamos este evangelio ¿hacia dónde se nos va el pensamiento? ¿Quiénes son los obreros que necesita el mundo? ¿Cuáles son los obreros que le pedimos al Padre que envíe al mundo?
Seguramente que lo primero que pensamos es en los sacerdotes (es que somos necesarios, también) pero los obreros que necesita el mundo son los que más trabajan en el mundo (y no porque muchos no trabajemos bastante) sino porque son aquellos que están constantemente en el mundo: los laicos que trabajan día a día, las madres de familia, los padres de familia, los adolescentes, los jóvenes estudiantes o que trabajan, los abuelos, es decir, todos los bautizados somos "obreros" que hemos sido enviados a la mies del mundo para sembrar la Palabra de Dios.
No somos sólo los sacerdotes y religiosos los que tenemos que evangelizar el mundo. También. Pero una gran evangelización la realizan los laicos que se mueven por el mundo en sus respectivas áreas: familia, escuela, trabajos, institutos, universidad... cada uno con su vida y su vocación específica, son evangelizadores, testigos del Amor de Dios y predicadores incansables, con sus vidas, de la Buena Noticia del Evangelio.
Por eso, cuando le pedimos al Dueño de la Mies que envíe obreros a su mies, no le pidamos solamente sacerdotes y religiosos, sino que todos los bautizados tomemos conciencia que somos sembradores de Su Palabra en el campo del mundo. Que todos sepamos que no hace falta tener un título para llevar la alegría del evangelio, sino que hay que vivir el evangelio con alegría para que se note que somos cristianos, que somos hjios de Dios. Y, con la ayuda del Espíritu Santo, hablar de la Buena Noticia, dejar de lado los comentarios de nuestros vecinos, y anunciar la Palabra de Dios, a tiempo a destiempo, para que todos puedan oirla y pueda llegar al corazón de algunos.
Sí, todos somos obreros en la mies del Señor, trabajemos por nuestra misión y hagamos que el Evangelio se siga propagando por todos lados.

 

martes, 25 de enero de 2022

Conversión continua...

La conversión de san Pablo nos invita a pensar que siempre estamos a tiempo de alcanzar nuestra propia conversión, que la esperanza de que el Señor nos de la Gracia para convertirnos, siempre está presente, sólo falta que nos demos cuenta qué es lo que tenemos que convertir en nuestras vidas.
Aunque, por lo general, creemos que la conversión es para los pecadores o para las grandes pecados, sin embargo es para los que creemos, sobre todo, que no neceistamos convertirnos. Pero no es así: san Pablo creía que estaba actuando correctamente cuando perseguía a los cristianos, sin embargo el Señor se le apareció y cambió su vida para siempre, y le mostró el Camino a seguir, a partir de ese momento.
Y a partir de ahí siguió buscando la conversión diaria, porque supo que en el Amor siempre hay que crecer y madurar, pues llevamos dentro nuestro la espina del pecado que no nos deja hacer lo que debemos sino que nos ayuda a hacer lo que no debemos, por eso, cada noche se nos invita a recnocer nuestros pecados para recibir la Gracia de Conversión.
No es algo de lo que tengamos que escandalizarnos (a no ser que sean grandes pecados, aunque siempre el Padre nos amará si nos arrepentimos) sino que es algo de lo que tenemos que estar contentos, no por el pecado, sino por descubrirnos, todavía, con la disposición de cambiar, de mejorar, de madurar en nuestra vida de fe, y de seguir caminando en sendero de la perfección en el amor.
Sobre todo porque es en ese punto en el que no siempre descubrimos que hemos faltado: en el amor, por eso es necesario que cuando hagamos nuestro examen de conciencia recordemos el himno de la caridad de San Pablo: el amor no se cansa nunca, no piensa mal, no es egoísta, no es descortés, no es vanidoso, todo lo espera...
Ahí veremos que siempre hay algo que no hemos hecho, y algo de lo que tenemos que pedir perdón, porque lo hemos dejado de hacer o lo hemos hecho muy mal. La conversión a la que nos invita constantemente el Señor, no es una vergüenza sino que es una necesidad para alcanzar la santidad que el Padre ha pensado y por la cual nos ha llamado a la vida, por eso no siempre pidamos esa gracia para alcanzar la plenitud en el amor.


 

lunes, 24 de enero de 2022

Cristo está presente en su Iglesia

De la Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, del Concilio Vaticano segundo

    Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica. Está presente en el sacrificio de la misa, tanto en la persona del ministro, ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz, como sobre todo bajo las especies eucarísticas. Está presente con su fuerza en los sacramentos, de modo que cuando alguien bautiza es Cristo quien bautiza. Está presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la sagrada Escritura es él quien habla. Está presente, por último, cuando la Iglesia suplica y canta salmos, pues él mismo prometió: Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
    En verdad, en esta obra tan grande, por la que Dios es perfectamente glorificado y los hombres santificados, Cristo asocia siempre consigo a su amadísima esposa la Iglesia, que invoca a su Señor y por él tributa culto al Padre eterno.
Con razón, pues, se considera a la liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. En ella los signos sensibles significan y realizan, cada uno a su manera, la santificación del hombre; y así el cuerpo místico de Jesucristo, es decir, la cabeza y sus miembros, ejerce el culto público íntegro.
    En consecuencia, toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdote y de su cuerpo, que es la Iglesia, es la acción sagrada por excelencia, cuya eficacia no es igualada, con el mismo título y en el mismo grado, por ninguna otra acción de la Iglesia.
    En la liturgia terrena participamos, pregustándola, de aquella liturgia celestial que se celebra en la ciudad santa de Jerusalén, hacia la cual nos dirigimos como peregrinos, y donde Cristo, ministro del santuario y de la verdadera Tienda de Reunión, está sentado a la diestra de Dios; con todos los coros celestiales, cantamos en la liturgia el himno de la gloria del Señor; veneramos la memoria de los santos, esperando ser admitidos en su asamblea; esperamos que venga como salvador Cristo Jesús, el Señor, hasta que se manifieste él, que es nuestra vida, y nos manifestemos también nosotros con él, revestidos de gloria.
    La Iglesia, por una tradición apostólica que se remonta al mismo día de la resurrección de Cristo, celebra el misterio pascual cada ocho días, en el día que es llamado con razón día del Señor o domingo. En este día, los fieles deben reunirse a fin de que, escuchando la palabra de Dios y participando en la eucaristía, celebren el memorial de la pasión, resurrección y gloria del Señor Jesús, y den gracias a Dios que, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva. Por esto, el domingo es la fiesta primordial, que debe inculcarse a la piedad de los fieles, de modo que sea también día de alegría y de liberación del trabajo. No deben anteponérsele otras solemnidades, a no ser que sean realmente de suma importancia, puesto que el domingo es el fundamento y el núcleo de todo el año litúrgico.

domingo, 23 de enero de 2022

Investigar antes de hablar

“…también yo después he resuelto escribírtelos por su orden, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido”.
“Investigar todo… para que conozcas la solidez de las enseñanzas”, perdón que repita las palabras que están arriba, pero no podía comenzar si no lo hacía. ¿Por qué? Porque es lo que debemos seguir haciendo en todo momento: investigar lo que vamos a transmitir, lo que vamos a enseñar. O, mejor dicho, madurar bien si lo que vamos a transmitir o enseñar es lo que es verdad, es lo que creo, es lo que debo. Porque, para todas las cosas que recibimos, diariamente, y las que escuchamos, y las que decidimos compartir con los demás, tendríamos que aplicar el triple filtro socrático. Sí, seguro que alguna vez lo has escuchado o leído en las redes sociales, pero son esas cosas que se nos van enseguida de la cabeza porque, en realidad, no las queremos usar.
El filtro de la verdad, de la bondad y de la utilidad.
San Lucas en este relato usa, sin querer o queriendo, el triple filtro. A él le pareció bueno y útil transmitir el mensaje que había recibido de los apóstoles, pero antes de transmitirlo decidió buscar si era verdad lo que iba a transmitir. Y una vez que llego a que era verdad lo que había recibido decidió transmitirlo con fidelidad.
Así tenemos que hacer nosotros no sólo con nuestra fe, o quizás deberíamos preguntarnos si tener fe ¿es bueno para nosotros? ¿es de utilidad para mi vida? ¿es verdad lo que creo? Si es verdad lo que creo, si es útil para mi vida, y es bueno para todos ¿por qué no la transmito como transmito los chismes que escucho todos los días?
Si nos esforzáramos por transmitir la fe como transmitimos los chismes, seríamos los mejores evangelizadores de todos los siglos, pero parece, a veces, que la fe que decimos tener, no es verdad, ni buena, ni útil… ¿será cierto?
Igualmente, en el ámbito de la vida de fe tenemos que seguir madurando, creciendo, no en cuanto a conocimiento intelectual, sino a conocimiento personal con el Señor, al encuentro con la Palabra, en la reflexión, en la oración, para que sea Ella la que ilumine y me exija que la comparta…


 

sábado, 22 de enero de 2022

Venció por el que había vencido

San Agustín, obispo, sobre San Vicente, diácono y mártir.

A vosotros se os ha concedido la gracia -dice el Apóstol- de estar del lado de Cristo, no sólo creyendo en él, sino sufriendo por él.
Una y otra gracia había recibido el diácono Vicente, las había recibido y, por esto, las tenía. Si no las hubiese recibido, ¿cómo hubiera podido tenerlas? En sus palabras tenía la fe, en sus sufrimientos la paciencia.
Nadie confíe en sí mismo al hablar; nadie confíe en sus propias fuerzas al sufrir la prueba, ya que, si hablamos con rectitud y prudencia, nuestra sabiduría proviene de Dios y, si sufrimos los males con fortaleza, nuestra paciencia es también don suyo.
Recordad qué advertencias da a los suyos Cristo, el Señor, en el Evangelio; recordad que el Rey de los mártires es quien equipa a sus huestes con las armas espirituales, quien les enseña el modo de luchar, quien les suministra su ayuda, quien les promete el remedio, quien, habiendo dicho a sus discípulos: En el mundo tendréis luchas, añade inmediatamente, para consolarlos y ayudarlos a vencer el temor: Pero tened valor: yo he vencido al mundo.
¿Por qué admirarnos, pues, amadísimos hermanos, de que Vicente venciera en aquel por quien había sido vencido el mundo? En el mundo - dice- tendréis luchas; se lo dice para que estas luchas no los abrumen, para que en el combate no sean vencidos. De dos maneras ataca el mundo a los soldados de Cristo: los halaga para seducirlos, los atemoriza para doblegarlos. No dejemos que nos domine el propio placer, no dejemos que nos atemorice la ajena crueldad, y habremos vencido al mundo.
En uno y otro ataque sale al encuentro Cristo, para que el cristiano no sea vencido. La constancia en el sufrimiento que contemplamos en el martirio que hoy conmemoramos es humanamente incomprensible, pero la vemos como algo natural si en este martirio reconocemos el poder divino.
Era tan grande la crueldad que se ejercitaba en el cuerpo del mártir y tan grande la tranquilidad con que él hablaba, era tan grande la dureza con que eran tratados sus miembros y tan grande la seguridad con que sonaban sus palabras, que parecía como si el Vicente que hablaba no fuera el mismo que sufría el tormento.
Es que, en realidad, hermanos, así era: era otro el que hablaba. Así lo había prometido Cristo a sus testigos, en el Evangelio, al prepararlos para semejante lucha. Había dicho, en efecto: No os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis. No seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.
Era, pues, el cuerpo de Vicente el que sufría, pero era el Espíritu quien hablaba, y, por estas palabras del Espíritu, no sólo era redargüida la impiedad, sino también confortada la debilidad.

 

viernes, 21 de enero de 2022

Estaba madura para la victoria

Del Tratado de san Ambrosio, obispo, Sobre las vírgenes

    Celebramos hoy el nacimiento para el cielo de una virgen, imitemos su integridad; se trata también de una mártir, ofrezcamos el sacrificio. Es el día natalicio de santa Inés. Sabemos por tradición que murió mártir a los doce años de edad. Destaca en su martirio, por una parte, la crueldad que no se detuvo ni ante una edad tan tierna; por otra, la fortaleza que infunde la fe, capaz de dar testimonio en la persona de una jovencita.
    ¿Es que en aquel cuerpo tan pequeño cabía herida alguna? Y, con todo, aunque en ella no encontraba la espada donde descargar su golpe, fue ella capaz de vencer a la espada. Yeso que a esta edad las niñas no pueden soportar ni la severidad del rostro de sus padres, y si distraídamente se pican con una aguja se ponen a llorar como si se tratara de una herida.
    Pero ella, impávida entre las sangrientas manos del verdugo, inalterable al ser arrastrada por pesadas y chirriantes cadenas, ofrece todo su cuerpo a la espada del enfurecido soldado, ignorante aún de lo que es la muerte, pero dispuesta a sufrirla; al ser arrastrada por la fuerza al altar idolátrico, entre las llamas tendía hacia Cristo sus manos, y así, en medio de la sacrílega hoguera, significaba con esta posición el estandarte triunfal de la victoria del Señor; intentaban aherrojar su cuello y sus manos con grilletes de hierro, pero sus miembros resultaban demasiado pequeños para quedar encerrados en ellos.
    ¿Una nueva clase de martirio? No tenía aún edad de ser condenada, pero estaba ya madura para la victoria; la lucha se presentaba difícil, la corona fácil; lo que parecía imposible por su poca edad lo hizo posible su virtud consumada. Una recién casada no iría al tálamo nupcial con la alegría con que iba esta doncella al lugar del suplicio, con prisa y contenta de su suerte. adornada su cabeza no con rizos, sino con el mismo Cristo, coronada no de flores, sino de virtudes.
    Todos lloraban, menos ella. Todos se admiraban de que con tanta generosidad entregara una vida de la que aún no había comenzado a gozar, como si ya la hubiese vivido plenamente. Todos se asombraban de que fuera ya testigo de Cristo una niña que, por su edad, no podía aún dar testimonio de sí misma. Resultó así que fue capaz de dar fe de las cosas de Dios una niña que era incapaz legalmente de dar fe de las cosas humanas, porque el Autor de la naturaleza puede hacer que sean superadas las leyes naturales.
    El verdugo hizo lo posible para aterrorizarla, para atraerla con halagos, muchos desearon casarse con ella. Pero ella dijo:
    «Sería una injuria para mi Esposo esperar a ver si me gusta otro; él me ha elegido primero, él me tendrá. ¿A qué esperas, verdugo, para asestar el golpe? Perezca el cuerpo que puede ser amado con unos ojos a los que yo no quiero.»
    Se detuvo, oró, doblegó la cerviz. Hubieras visto cómo temblaba el verdugo, como si fuese él el condenado; cómo temblaba su diestra al ir a dar el golpe, cómo palidecían los rostros al ver lo que le iba a suceder a esa niña, mientras ella se mantenía serena. En una sola víctima tuvo lugar un doble martirio: el de la castidad y el de la fe. Permaneció virgen y obtuvo la gloria del martirio.
 

jueves, 20 de enero de 2022

Vive para interceder por nosotros

De las Cartas de san Fulgencio de Ruspe, obispo

    Fijaos que en la conclusión de las oraciones decimos: «Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo»; en cambio, nunca decimos: «Por el Espíritu Santo.» Esta práctica universal de la Iglesia tiene su explicación en aquel misterio, según el cual, el mediador entre Dios y los hombres es Cristo Jesús, hombre también él, sacerdote eterno según el rito de Melquisedec, que entró de una vez para siempre con su propia sangre en el santuario, pero no en un santuario hecho por mano de hombre y figura del venidero, sino en el mismo cielo, donde está a la derecha de Dios e intercede por nosotros.
    Teniendo ante sus ojos este oficio sacerdotal de Cristo, dice el Apóstol: Por medio de él ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el tributo de los labios que van bendiciendo su nombre. Por él, pues, ofrecemos el sacrificio de nuestra alabanza y oración, ya que por su muerte fuimos reconciliados cuando éramos todavía enemigos. Por él, que se dignó hacerse sacrificio por nosotros, puede nuestro sacrificio ser agradable en la presencia de Dios. Por esto nos exhorta san Pedro: También vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo. Por este motivo decimos a Dios Padre: «Por nuestro Señor Jesucristo.»
    Al referirnos al sacerdocio de Cristo, necesariamente hacemos alusión al misterio de su encarnación, en el cual el Hijo de Dios, a pesar de su condición divina, se anonadó a sí mismo, y tomó la condición de esclavo, según la cual se rebajó hasta someterse incluso a la muerte; es decir, fue hecho un poco inferior a los ángeles, conservando no obstante su divinidad igual al Padre. El Hijo fue hecho un poco inferior a los ángeles en cuanto que, permaneciendo igual al Padre, se dignó hacerse como un hombre cualquiera. Se abajó cuando se anonadó a sí mismo y tomó la condición de esclavo. Más aún, el abajarse de Cristo es el total anonadamiento, que no otra cosa fue el tomar la condición de esclavo.
    Cristo, por tanto, permaneciendo en su condición divina, en su condición de Hijo único de Dios, según la cual le ofrecemos el sacrificio igual que al Padre, al tomar la condición de esclavo fue constituido sacerdote, para que, por medio de él, pudiéramos ofrecer la hostia viva, santa, grata a Dios. Nosotros no hubiéramos podido ofrecer nuestro sacrificio a Dios si Cristo no se hubiese hecho sacrificio por nosotros: en él nuestra propia raza humana es un verdadero y saludable sacrificio. En efecto, cuando precisamos que nuestras oraciones son ofrecidas por nuestro Señor, sacerdote eterno, reconocemos en él la verdadera carne de nuestra misma raza, de conformidad con lo que dice el Apóstol: Todo sumo sacerdote, tomado de entre los hombres, es constituido en favor de los hombres en lo tocante a las relaciones de éstos con Dios, a fin de que ofrezca dones y sacrificios por los pecados. Pero al decir: «tu Hijo», añadimos: «que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo», para recordar, con esta adición, la unidad de naturaleza que tienen el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y significar de este modo que el mismo Cristo, que por nosotros ha asumido el oficio de sacerdote, es por naturaleza igual al Padre y al Espíritu Santo.
 

miércoles, 19 de enero de 2022

Salvare a mi Pueblo

 De la Constitución dogmática Lumen géntium, sobre la Iglesia, del Concilio Vaticano segundo.

    El Padre eterno, por un libérrimo y misterioso designio de su sabiduría y de su bondad, creó el mundo universo, decretó elevar a los hombres a la participación de la vida divina y, caídos por el pecado de Adán, no los abandonó, sino que les otorgó siempre los auxilios necesarios para la salvación, en atención a Cristo redentor, que es imagen de Dios invisible, primogénito de toda creatura. El Padre, desde toda la eternidad, conoció a los que había escogido y los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos.
    Determinó reunir a cuantos creen en Cristo en la santa Iglesia, la cual fue ya prefigurada desde el origen del mundo y preparada admirablemente en la historia del pueblo de Israel y en el antiguo Testamento, fue constituida en los últimos tiempos y manifestada por la efusión del Espíritu y se perfeccionará gloriosamente al fin de los tiempos. Entonces, como se lee en los santos Padres, todos los justos descendientes de Adán, desde Abel el justo hasta el último elegido, se congregarán delante del Padre en una Iglesia universal.
    Por su parte, todos aquellos que todavía .no han recibido el Evangelio están ordenados al pueblo de Dios por varios motivos.
    Y en primer lugar aquel pueblo a quien se confiaron las alianzas y las promesas y del que nació Cristo según la carne; pueblo, según la elección, amadísimo a causa de los padres: porque los dones y la vocación de Dios son irrevocables.
    Pero el designio de salvación abarca también a toaos los que reconocen al Creador, entre los cuales están en primer lugar los musulmanes, que, confesando profesar la fe de Abraham, adoran con nosotros a un solo Dios, misericordioso, que ha de juzgar a los hombres en el último día. Este mismo Dios tampoco está lejos de aquellos otros que entre sombras e imágenes buscan al Dios desconocido, puesto que es el Señor quien da a todos la vida, el aliento y todas las cosas, y el Salvador quiere que todos los hombres se salven.
    Pues los que inculpablemente desconocen el Evangelio y la Iglesia de Cristo pero buscan con sinceridad a Dios y se esfuerzan, bajo el influjo de la gracia, en cumplir con sus obras la voluntad divina, conocida por el dictamen de la conciencia, pueden conseguir la salvación eterna. Y la divina Providencia no niega los auxilios necesarios para la salvación a aquellos que, sin culpa por su parte, no han llegado todavía a un expreso conocimiento de Dios y se esfuerzan, con la gracia divina, en conseguir una vida recta.
    La Iglesia considera que todo lo bueno y verdadero que se da entre estos hombres es como una preparación al Evangelio y que es dado por aquel que ilumina a todo hombre para que al fin tenga la vida.

martes, 18 de enero de 2022

El vínculo de la caridad Divina.

 De la carta de san Clemente primero, papa, a los Corintios.

   El que posee la caridad de Cristo que cumpla sus mandamientos. ¿Quién será capaz de explicar debidamente el vínculo que la caridad divina establece? ¿Quién podrá dar cuenta de la grandeza de su hermosura? La caridad nos eleva hasta unas alturas inefables. La caridad nos une a Dios, la caridad cubre la multitud de los pecados, la caridad lo aguanta todo, lo soporta todo con paciencia; nada sórdido ni altanero hay en ella; la caridad no admite divisiones, no promueve discordias, sino que lo hace todo en la concordia; en la caridad hallan su perfección todos los elegidos de Dios y sin ella nada es grato a Dios. En la caridad nos acogió el Señor: por su caridad hacia nosotros, nuestro Señor Jesucristo, cumpliendo la voluntad del Padre, dio su sangre por nosotros, su carne por nuestra carne, su vida por nuestras vidas.
    Ya veis, amados hermanos, cuán grande y admirable es la caridad y cómo es inenarrable su perfección. Nadie es capaz de practicarla adecuadamente, si Dios no le otorga este don. Oremos, por tanto, e imploremos la misericordia divina, para que sepamos practicar sin tacha la caridad, libres de toda parcialidad humana. Todas las generaciones anteriores, desde Adán hasta nuestros días, han pasado; pero los que por gracia de Dios han sido perfectos en la caridad obtienen el lugar destinado a los justos y se manifestarán el día de la visita del reino de Cristo. Porque está escrito: Anda, pueblo mío, entra en los aposentos y cierra la puerta por dentro; escóndete un breve instante mientras pasa la cólera; y me acordaré del día bueno y os haré salir de vuestros sepulcros.
    Dichosos nosotros, amados hermanos, si cumplimos los mandatos del Señor en la concordia de la caridad, porque esta caridad nos obtendrá el perdón de los pecados. Está escrito: Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito y en cuyo espíritu no hay falsedad. Esta proclamación de felicidad atañe a los que, por Jesucristo nuestro Señor, han sido elegidos por Dios, al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

lunes, 17 de enero de 2022

La vocación de San Antón, abad

De la Vida de san Antonio, escrita por san Atanasio, obispo

    Cuando murieron sus padres, Antonio tenia unos dieciocho o veinte años, y quedó él solo con su única hermana, pequeña aún, teniendo que encargarse de la casa y del cuidado de su hermana.
    Habían transcurrido apenas seis meses de la muerte de sus padres, cuando un día en que se dirigía, según costumbre, a la iglesia, iba pensando en su interior cómo los apóstoles lo habían dejado todo para seguir al Salvador, y cómo, según narran los Hechos de los apóstoles, muchos vendían sus posesiones y ponían el precio de la venta a los pies de los apóstoles para que lo repartieran entre los pobres; pensaba también en la magnitud de la esperanza que para éstos estaba reservada en el cielo; imbuido de estos pensamientos, entró en la iglesia, y dio la casualidad de que en aquel momento estaban leyendo aquellas palabras del Señor en el Evangelio: Si quieres ser perfecto, ve a vender lo que tienes, dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sígueme.
    Entonces Antonio, como si Dios le hubiese infundido el recuerdo de lo que habían hecho los santos y como si aquellas palabras hubiesen sido leídas especialmente para él, salió en seguida de la iglesia e hizo donación a los aldeanos de las posesiones heredadas de sus padres (tenía trescientas parcelas fértiles y muy hermosas), con el fin de evitar toda inquietud para sí y para su hermana. Vendió también todos sus bienes muebles y repartió entre los pobres la considerable cantidad resultante de esta venta, reservando sólo una pequeña parte para su hermana.
    Habiendo vuelto a entrar en la iglesia, oyó aquellas palabras del Señor en el Evangelio: No os inquietéis por el día siguiente. Saliendo otra vez, dio a los necesitados incluso lo poco que se había reservado, ya que no soportaba que quedase en su poder ni la más mínima cantidad. Encomendó su hermana a unas vírgenes que él sabía eran de confianza y cuidó de que recibiese una conveniente educación; en cuanto a él, a partir de entonces, libre ya de cuidados ajenos, emprendió en frente de su misma casa una vida de ascetismo y de intensa mortificación.
    Trabajaba con sus propias manos, ya que conocía aquella afirmación de la Escritura: Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma; lo que ganaba con su trabajo lo destinaba parte a su propio sustento, parte a los pobres.
    Oraba con mucha frecuencia, ya que había aprendido que es necesario retirarse para orar sin cesar: en efecto, ponía tanta atención en la lectura, que retenía todo lo que habla leído, hasta tal punto que llegó un momento en que su memoria suplía los libros.
    Todos los habitantes del lugar, y todos los hombres honrados, cuya compañía frecuentaba, al ver su conducta, lo llamaban amigo de Dios; y todos lo amaban como a un hijo o como a un hermano. 

domingo, 16 de enero de 2022

De agua a vino

Jesús le dice: - «Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora».
Su madre dice a los sirvientes: - «Haced lo que él diga».
Jesús no es que no quiera hacerle caso a su Madre, sino que quiere ser Fiel a Su Padre, y al decir que “no ha llegado mi hora”, quiere expresar que todavía no es el tiempo para comenzar su misión evangelizadora, no es el tiempo para “mostrarse” al mundo como Dios.
Pero María es Madre y sabe que puede pedirle al Hijo todo lo que vea que es Voluntad de Dios. No es que María sepa más que Jesús, pero tiene esa mirada de mujer y madre que ve más allá de lo que necesitamos. Y, podríamos decir que “obliga” a Jesús a hacer el milagro, y, así comienza Jesús un camino de renovación, no para los novios de esa boda, sino para nosotros, pues el cambiar el agua en vino, es el cambio que quiere hacer con cada uno de nosotros.
En estos tiempos que vivimos es un cambio fundamental para nuestras vidas. Sí, puede ser que, muchos de nosotros, seamos como el agua: muy puros, pero insípidos. ¿A quienes me refiero? A esa gente que sólo se dedica a cumplir, pero no a vivir, y no se compromete con nada que le implique dejar su casa, sus cosas, o, incluso, anunciar la Verdad con pasión y sin miedo a lo que pueda suceder.
Cuando dejamos a Jesús que convierta nuestra agua en vino, nuestras vidas comienzan a tener más sentido, más compromiso, más siento la necesidad de “meterme en el ajo” (como se dice) y dar de mi tiempo, de mi vida para llevar el mensaje del evangelio, para anunciar la Verdad de Cristo, aunque eso implique consecuencias que no quisiera, pero es lo que hace que mi vida cristiana tenga sentido, aunque muchos, y sobre todo los de mi casa, no lo entiendan.
Hoy el mundo necesita de cristianos que estén comprometidos con la misión evangelizadora, que sean “sal, luz y fermento” en el mundo, para que podamos, como rezamos todos los días, realizar el Reino de Dios en el tierra, pues el Reino no baja del cielo por arte de magia, sino por el compromiso vital de cada uno de nosotros, los cristianos de este siglo XXI.


 

sábado, 15 de enero de 2022

No dudes en seguirlo

Hoy se unen dos fecha que marcaron mi vida, por un lado la más triste ese que hace 18 años que mi padre volvió a la Casa del Padre, un hombre justo, honrado y lleno de virtudes humanas que dejaron una huella grande en mi vida. Con un corazón inmensao que se abría para cuantos lo conocía, y que, junto a mi madre, nos enseñaron a ser amigos y brindarnos de corazón a todos, incluso a aquellos que no son tan buenos con nosotros, pero si alguien necesitaba una mano, ellos se la daban. Hoy los dos gozan de la alegría infinita junto al Amor de Dios. Y por ellos tengo que dar Gracias a Dios por haberme permitido aprender de sus vidas.
Por otro lado hace 36 años que ingresé en el Seminario, un paso importante que di, quizás sin saber lo que hacía, pero con la confianza que me daba quien, en ese momento, me ayuda a madurar en la fe, y a quien estoy muy agradecido por el acompañamiento que mi brindó y por donde me enseñó a caminar.
Y en este día Dios vuelve a recordarme algo importante, por medio del Evangelio. es Él quien llama, pues mira el corazón del hombre sin importarle lo que piensen los demás, ni tan siquiera aquél a quien Él ha llamado.
"Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dice: «Sígueme».
Se levantó y lo siguió".
Leví, san Mateo, quizás no pensó en nada más que en levantarse y seguir a Jesús, pues no se puede rechazar ese llamado. O, mejor dicho, sí se puede rechazar, pero queda un vacío en el corazón cuando esas palabras comienzan a sonar en tu corazón, y quieres constantemente dejar de oírlas.
Cuando Jesús llama, ya sea al sacerdocio, a la vida consagrada o religiosa, al matrimonio, a tal o cual misión, no se puede hacer callar su Voz, porque es una Voz que nace en el corazón. Sí, nace en el corazón y no hay sonidos que puedan opacarla, salvo la propia negación a querer escucharlo.
Para muchos es imposible el llamado porque ya tenían planes para su vida, e, incluso, sus padres tenían sus vidas planificadas y eso significa que hay que romper esos planes y dejar que cada uno siga el camino que El Señor quiera.
Pero, también, para otros es imposible el llamado porque con la vida que llevo, pero a mí con lo torpe y pecador que soy....
"Sucedió que, mientras estaba él sentado a la mesa en casa, de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaban con Jesús y sus discípulos, pues eran ya muchos los que los seguían.
Los escribas de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos:
«¿Por qué come con publicanos y pecadores?».
Jesús lo oyó y les dijo:
«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a pecadores».
Sí, todos llevamos la espina del pecado original y los pecados personales que vamos acumulando a lo largo de la vida, y eso lo conoce el Señor mejor que nosotros mismos, pero, igualmente, Él nos llama pues es Él quien tiene la perfecta santidad, y nos llama para ser sus discípulos como lo fueron Mateo, Tomás, Pedro y tantos otros que no se fijaron en sí mismos y en sus proyectos, sino que escuchando su Voz lo siguieron.
Si lo escuchas no dudes en seguirlo, sea cual sea la misión que te pida vivir...

 

viernes, 14 de enero de 2022

Una armonía divina

De la Disertación de san Atanasio, obispo, Contra los gentiles

    Ninguna cosa de las que existen o son hechas empezó a ser sino en el Verbo y por el Verbo, como nos enseña el evangelista teólogo, cuando dice: Ya al comienzo de las cosas existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios. Por él empezaron a existir todas las cosas, y ninguna de las que existen empezó a ser sino por él. Así como el músico, con la lira bien templada, ejecuta una armonía, combinando con los recursos del arte los sonidos graves con los agudos y los intermedios, así también la Sabiduría de Dios, teniendo en sus manos el universo como una lira, une las cosas de la atmósfera con las de la tierra, y las del cielo con las de la atmósfera, y las asocia todas unas con otras, gobernándolas con su voluntad y beneplácito. De este modo produce un mundo unificado, hermosa y armoniosamente ordenado, sin que por ello el Verbo de Dios deje de permanecer inmutable junto al Padre, mientras pone en movimiento todas las cosas, según le place al Padre, con la invariabilidad de su naturaleza. Todo, en definitiva, vive y se mantiene, por donación suya, según su propio ser y, por él, compone una armonía admirable y verdaderamente divina.
    Tratemos de explicar esta verdad tan profunda por medio de una imagen: pongamos el ejemplo de un coro numeroso. En un coro compuesto de variedad de personas, de niños, mujeres, hombres maduros y adolescentes, cada uno, bajo la batuta del director, canta según su naturaleza y sus facultades: el hombre con voz de hombre, el niño con voz de niño, la mujer con voz de mujer, el adolescente con voz de adolescente, y sin embargo de todo el conjunto resulta una armonía. Otro ejemplo: nuestra alma pone simultáneamente en movimiento todos nuestros sentidos, cada uno según su actividad específica, y así, en presencia de algún estímulo exterior, todos a la vez se ponen en movimiento: el ojo ve, el oído oye, la mano toca, el olfato huele, el gusto gusta, y también sucede con frecuencia que actúan los demás miembros corporales, por ejemplo, los pies se ponen a andar. De manera semejante acontece en la creación en general. Ciertamente, los ejemplos aducidos no alcanzan a dar una idea adecuada de la realidad, y por esto es necesaria una más profunda comprensión de la verdad que quieren ilustrar.
    Es decir, que todas las cosas son gobernadas a un solo mandato del Verbo de Dios, de manera que, ejerciendo cada ser su propia actividad, del conjunto resulta un orden perfecto.

jueves, 13 de enero de 2022

Si quieres puedes limpiarme

"En aquel tiempo, se acerca a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme».
Compadecido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio».
La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio".
El deseo de estar limpio por fuera de este enfermo se traduce en el deseo, o se tendría que traducir, de estar limpio por dentro. Es lo que deseamos cuando sentimos el dolor de nuestros pecados. Pero no siempre es así.
Hoy en día se ha perdido mucho la conciencia de pecado, pues se nos ha "metido" dentro de nuestra manera de vivir la idea del mundo de que todo está permitido y, sobre todo, si te siente bien haciéndolo entonces puedes hacerlo. Y así, los cristianos que hemos asumido esa misma ideología nos dejamos llevar por nuestras malas conductas y acciones, y, sobre todo, las que van en contra del amor fraterno.
San Pío X decía: "el mal está mal aunque todo el mundo lo haga, y el bien está bien aunque nadie lo practique", y es una frase que tendríamos que tener más presente en nuestras vidas, sobre todo aquellos que hemos sido llamados a ser Luz para el mundo, pues viviendo lo mismo que el mundo no iluminamos, sino que confundimos a los que buscan la luz.
Creo que nos pasa, a los sacerdotes, que nos encontramos, muchas veces, con que la gente no sabe qué pecados tiene. Y ¿por qué pasa eso? Porque no hemos profundizado en nuestra fe, en lo que Dios nos ha dicho por medio de Su Palabra, en los mandamientos y en los consejos que nos ha dado Jesús en el Evangelio. Pero, fundamentalmente, porque nos acostumbramos a hacer las cosas por rutina: sabemos que tenemos que confesarnos, pero ¿qué tenemos que confesar para recibir la Gracia de la Reconciliación con Dios y con los hermanos?
Es ahí cuando vemos que nuestra conciencia del bien y del mal, del pecado y la virtud, está como dormida, pues nos da lo mismo hacer una cosa u otra, con tal de que "no mate ni robe". Es por ello que no sentimos "dolor por nuestro pecado", y seguimos viviendo como si tal cosa. Que, seguramente no he matado ni he robado, pero también es seguro que he faltado en el amor, en la verdad, en el bien, en la honestidad, en tantas cosas... que no son para rasgarse las vestiduras, pero que tampoco son para alegrarnos de que somos tan buenos que no necesitamos revisar un poco más nuestra conducta de cristianos.

 

miércoles, 12 de enero de 2022

Fama o voluntad de Dios?

"Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca y, al encontrarlo, le dijeron:
- «Todo el mundo te busca».
Él les respondió:
- «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido».
Lamentablemente el pecado original ha dejado muchas espinas en nuestras vidas y, una de ellas, es el deseo de la fama, de hacer que lo que hagamos sea lo mejor de los demás o que los demás me alaben por lo que hago.
Esa espina la tenían, también, los apóstoles de Jesús. Una ocasión en la que lo vemos es en este pasaje: "todo el mundo te busca", por eso hay que responder a ese mundo. Y, como respondió en algún momento Jesús: "me buscan porque les he dado pan y pescado hasta saciarse" y no por lo que les he dicho, no porque les he hablado del Reino, no porque busquen la perfección en la santidad, sino porque he saciado una necesidad urgente.
Muchas veces caemos en el error de querer saciar no sólo la necesidad superficial de los demás, sino nuestra propia necesidad de ser famosos, de que reconozcan mi trabajo, ni forma de ser. Nos gustaría a muchos, seguramente que sí (aunque no lo digamos en voz alta) ser famosos como los artistas, futbolistas o tantos otros. Y, por eso, muchas veces, hacemos cosas que no son tan de Dios, o, por lo menos no nos hemos puesto a preguntar si son de Dios. Jesús sí se lo preguntaba, por eso salía de madrugada o se iba en algún momento a lugares solitarios a rezar:
- «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido».
Sí, nos cuesta la fidelidad a la Palabra de Dios, la fidelidad a la Voluntad de Dios, porque, otras tantas veces, no hace ver que lo que estamos haciendo no es lo que Él quiere, no es para lo que Él nos ha llamado, sino que estamos "acomodándonos" al mundo, a lo que el mundo va dictando. Y, como no estamos haciendo buena oración, no estamos buscando constantemente la Voluntad de Dios, entonces nos quedamos con lo que más nos gusta: los aplausos del mundo. Y ahí es donde también Samuel nos enseña hoy: no buscar en un lugar equivocado la respuesta de Dios, sino abrir los oídos a Su Palabra:
"El Señor se presentó y llamó como las veces anteriores:
- «¡Samuel, Samuel!»
Respondió Samuel:
- «Habla, que tu siervo escucha».

 

martes, 11 de enero de 2022

Modelos a seguir

«¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen».
Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea".
"Una enseñanza expuesta con autoridad", "su fama se extendió enseguia". Estas dos frase me han hecho pensar en los famosos de hoy en día, en la autoridad que tienen sus palabras para nosotros, para los jóvenes y los adultos. ¿Quiénes tienen autoridad para nosotros, para nuestra generación, para nuestra época? ¿Quiénes son los famosos que hacen de su forma de hablar, de vestir, de vivir una moda en estos tiempos? ¿Os habéis puesto a pensar? ¿Qué palabras y qué formas de vida dejamos entrar en nuestros corazones y los incorporamos a nuestra vida?
Hay un refrán que dice: "dime con quien andas y te diré quien eres", que, también puede pensarse: "dime qué música escuchas y te diré quién eres", "mira como vistes y te diré a quien sigues".
Sí, lamentablemente los ídolos o los famosos son los que marcan tendencia en estos momentos, y así vemos cómo, la mayoría de las músicas son letras sin sentido, vacías de contenido, sólo con frases de sexo... y son las que se van metiendo poco a poco en nuestras mentes y corazón. Y, sobre todo, van haciendo de eso un estilo de vida.
Hoy buscamos, quizás como en todos los tiempos, la vida más fácil y cómoda, incluso desde los gobiernos van impulsando la comodidad del ganar sin trabajar, haciendo que todo sea fácil y que todos piensen que la vida tiene que ser así.
Por eso, cuando nos enfrentamos a la vida real todo se vuelve difícil y complicado. Y más cuando intentamos vivir el Evangelio, siendo que el Padre y Jesús no nos lo han puesto nada fácil para vivir. No son ellos los famosos que hoy nos gusta seguir y escuchar, sí si los necesitamos en una emergencia, pero no para que sean el modelo de vida a seguir.
Aunque es cierto que hay muchos que seguimos intentando seguirlo, por eso tenemos que mostrar que Jesús es el Camino que nos define un Vida Verdadera, que, a pesar de ser difícl el camino con la Gracia de Dios se puede llegar a la meta, y, sobre todo, poder vivirla con alegría. Es ahí donde tenemos que ver cómo somos o cómo nos ven a los cristianos: tristes o alegres? plenos o castrados? muertos o vivos?
Cosillas para pensar...

 

lunes, 10 de enero de 2022

El Verbo fuente de sabiduría

De la carta de san Clemente primero, papa, a los Corintios

    No cesamos de pedir y de rogar para que el Artífice de todas las cosas conserve íntegro en todo el mundo el número de sus elegidos, por mediación de su amado siervo Jesucristo, por quien nos llamó de las tinieblas a la luz, de la ignorancia al conocimiento de la gloria de su nombre. Haz que esperemos en tu nombre, tú que eres el origen de todo lo creado; abre los ojos de nuestro corazón, para que te conozcamos a ti, el solo altísimo en las alturas, el santo que reposa entre los santos; que terminas con la soberbia de los insolentes, que deshaces los planes de las naciones, que ensalzas a los humildes y humillas a los soberbios, que das la pobreza y la riqueza, que das la muerte, la salvación y la vida, el solo bienhechor de los espíritus y Dios de toda carne; tú que sondeas los abismos, que ves todas nuestras acciones, que eres ayuda de los que están en peligro, que eres salvador de los desesperados, que has creado todo ser viviente y velas sobre ellos; tú que multiplicas las naciones sobre la tierra y eliges de entre ellas a los que te aman por Jesucristo, tu Hijo amado, por quien nos has instruido, santificado y honrado.
    Te pedimos, Señor, que seas nuestra ayuda y defensa. Libra a aquellos de entre nosotros que se hallan en tribulación, compadécete de los humildes, levanta a los caídos, socorre a los necesitados, cura a los enfermos, haz volver a los miembros de tu pueblo que se han desviado; da alimento a los que padecen hambre, libertad a nuestros cautivos, fortaleza a los débiles, consuelo a los pusilánimes; que todos los pueblos de la tierra sepan que tú eres Dios y no hay otro, y que Jesucristo es tu siervo, y que nosotros somos tu pueblo, el rebaño que tú guías.
    Tú has dado a conocer la ordenación perenne del mundo, por medio de las fuerzas que obran en él; tú, Señor, pusiste los cimientos de la tierra, tú eres fiel por todas las generaciones, justo en tus juicios, admirable por tu fuerza y magnificencia, sabio en la creación y providente en el gobierno de las cosas creadas, bueno en estos dones visibles y fiel para los que en ti confían, benigno y misericordioso; perdona nuestras iniquidades e injusticias, nuestros pecados y delitos.
    No tomes en cuenta todos los pecados de tus siervos y siervas, antes purifícanos en tu verdad y asegura nuestros pasos, para que caminemos en la piedad, la justicia y la rectitud de corazón, y hagamos lo que es bueno y aceptable ante ti y ante los que nos gobiernan.
    Más aún, Señor, ilumina tu rostro sobre nosotros, para que gocemos del bienestar en la paz, para que seamos protegidos con tu mano poderosa, y tu brazo extendido nos libre de todo pecado y de todos los que nos aborrecen sin motivo.
    Da la concordia y la paz a nosotros y a todos los habitantes del mundo, como la diste a nuestros padres, que piadosamente te invocaron con fe y con verdad. A ti, el único que puedes concedernos estos bienes y muchos más, te ofrecemos nuestra alabanza por Jesucristo, pontífice y abogado de nuestras almas, por quien sea a ti la gloria y la majestad, ahora y por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén.

domingo, 9 de enero de 2022

Eres mi hijo, el amado

“… también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma, y vino una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco”.
Con la solemnidad del Bautismo de Jesús se da por finalizado el Tiempo de Navidad, y comenzamos a vivir el Tiempo Ordinario, dentro de la liturgia católica.
Pero me quiero centrar en el Bautismo del Señor, pues siempre me ha gustado pensar que, así como el Espíritu Santo desciende sobre Jesús en forma de paloma, también desciende, en forma misteriosa, sobre nosotros cuando el agua bautismal cae sobre nuestras cabezas. Es en ese momento y a partir de ese momento, cuando somos configurados con Cristo Resucitado, cuando somos transformados en hijos de Dios a imagen del Hijo de Dios.
El Padre comienza a ver en nosotros el rostro del hijo y comienza una nueva Vida en el Amor de Dios, una vida llena de Gracia y de Espíritu para, no sólo transformarnos, sino transformar, con la Gracia de Dios, el mundo en el que vivimos, pues ya no somos sólo hombres, sino que comenzamos a ser hijos de Dios.
Sí, es una gran responsabilidad, pues comenzamos a formar parte de una nueva familia: la Familia de los hijos de Dios, en la Iglesia Católica. Comenzamos a ser un miembro vivo dentro del Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia. Somos personas con derechos y obligaciones, y, sobre todo, con un deseo que brota del corazón del Padre Dios: “sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto”, “sed santos como vuestro Padre Celestial es santo”, pues Él “nos eligió desde antes de la creación del mundo para ser santos e irreprochables antes Él por el Amor”.
Y, por esa misma razón el Hijo nos ha dicho: “vosotros sois la luz del mundo”, “vosotros sois la sal de la tierra”, “vosotros sois la levadura en la masa”, y tantas cosas que no sólo son bonitas para el oído sino que son una responsabilidad que tenemos los que hemos tomado conciencia de nuestro bautismo, y, sobre todo del Amor del Padre sobre cada uno de nosotros.


 

sábado, 8 de enero de 2022

Dadle vosotros de comer

"Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle:
«Estamos en despoblado, y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer».
Él les replicó: «Dadles vosotros de comer».
Estamos casi terminando el tiempo de Navidad, con la fiesta de mañana: Bautismo del Señor, finaliza el Tiempo (litúrgico) de la Navidad. No ha sido una Navidad al uso, como estamos acostumbrados, pero creo que hemos puesto demasiado el acento en el factor "fiesta" de la Navidad y del Año Nuevo, y no en el tema más religioso y celebrativo de lo que aconteció en Navidad. Y, por eso, quizás no entendamos lo que el evangeliio de hoy nos quiere decir.
En la Navidad celebramos, o deberíamos hacerlo, el Nacimiento de Jesús: Dios que se hace hombre y nace de la Virgen para traernos una Vida Nueva que nace del Espíritu. En cambio, si bien algunos hemos celebrado en la Eucaristía Su Nacimiento, no siempre se mira hacia el Belén y se recuerda para qué nació Jesús.
Es decir, esa Vida Nueva que entró en el mundo, en la historia, con el Nacimiento de Jesús, es la Vida Nueva que hemos recibido nosotros el día de nuestro bautismo. Por eso, hoy la liturgia nos pide, por medio del evangelio, que esa Vida Nueva que hemos recibido la demos a los demás para alimentar el vacíio de muchos corazones que, sin saberlo, están hambrientos de Dios.
Dios ha venido a nosotros. Dios nos ha dado el Espíritu de su Unigénito, para que seamos hijos de Dios. Dios nos ha dado Su Palabra para alimentar y enseñarnos a vivir como hijos de Dios. Dios nos ha dado su Vida en el Pan de la Eucaristía para seguir alimentando nuestros deseos de santidad y de perfección en el Amor. Dios nos ha dado un sentido para vivir en Él, por Él y para Él. Ese Amor que Él nos da de diferentes maneras, que da sentido a nuestras vidas, y que nos renueva cada día, es el Amor y el Sentido que tenemos que dar a los demás.
El hombre de hoy está carente de sentido verdadero, de Amor verdadero, y manifiesta ese hambre de muchas maneras, por eso, somos nosotros, los que creemos en el Amor Verdadero que se hizo Hombre y se nos dió como alimento, quienes debemos darlo al mundo para que encuentre el Nuevo Sentido de sus Vidas en el Amor a Dios y a los hermanos, así como lo hemos descubierto nosotros.