lunes, 31 de agosto de 2020

De la Imitación de Cristo

Del libro de la Imitación de Cristo

    Escucha, hijo mío, mis palabras, palabras suavísimas, que trascienden toda la ciencia de los filósofos y letrados de este mundo. Mis palabras son espíritu y son vida, y no se pueden ponderar partiendo del criterio humano.
    No deben usarse con miras a satisfacer la vana complacencia, sino oírse en silencio, y han de recibirse con humildad y gran afecto del corazón.
    Y dije: Dichoso el hombre a quien tú educas, al que enseñas tu ley, dándole descanso tras los años duros, para que no viva desolado aquí en la tierra.
    Yo -dice el Señor- instruí a los profetas desde antiguo, y no ceso de hablar a todos hasta hoy; pero muchos se hacen sordos a mi palabra y se endurecen en su corazón.
    Los más oyen de mejor grado al mundo que a Dios, y más fácilmente siguen las apetencias de la carne que el beneplácito divino.
    Ofrece el mundo cosas temporales y efímeras, y, con todo, se le sirve con ardor. Yo prometo lo sumo y eterno, y los corazones de los hombres languidecen presa de la inercia.
    ¿Quién me sirve y me obedece con tanto empeño y diligencia como se sirve al mundo y a sus dueños?
    Sonrójate, pues, siervo indolente y quejumbroso, de que aquéllos sean más solícitos para la perdición que tú para la vida.
    Más se gozan ellos en la vanidad que tú en la verdad. Y, ciertamente, a veces quedan fallidas sus esperanzas; en cambio, mi promesa a nadie engaña ni deja frustrado al que funda su confianza en mí.
    Yo daré lo que tengo prometido, lo que he dicho lo cumpliré. Pero a condición de que mi siervo se mantenga fiel hasta el fin.
    Yo soy el remunerador de todos los buenos, así como el fuerte que somete a prueba a todos los que llevan una vida de intimidad conmigo.
    Graba mis palabras en tu corazón y medítalas una y otra vez con diligencia, porque tendrás gran necesidad de ellas en el momento de la tentación.
    Lo que no entiendas cuando leas lo comprenderás el día de mi visita.
    Porque de dos medios suelo usar para visitar a mis elegidos: la tentación y la consolación.
    Y dos lecciones les doy todos los días: una consiste en reprender sus vicios, otra en exhortarles a progresar en la adquisición de las virtudes.
    El que escucha mis palabras y las rechaza ya tiene quien lo condene en el último día.

domingo, 30 de agosto de 2020

Me dejé seducir

"Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; has sido más fuerte que yo y me has podido. He sido a diario el hazmerreír, todo el mundo se burlaba de mí.
«No lo recordaré; no volveré a hablar en su nombre»; pero había en mis entrañas como fuego, algo ardiente encerrado en mis huesos.
Yo intentaba sofocarlo, y no podía".
Sensaciones contradictorias e intensas son las que se sienten cuando uno se encuentra verdadera y realmente con Dios, porque se ha encontrado con el Amor en Plenitud y no puede no reconocerlo, pero reconocerlo implica aceptarlo, y aceptarlo lleva consigo el tener que vivir de acuerdo a Su Voluntad. No hay un término medio cuando el corazón del hombre se deja seducir por el Amor de Dios, sino que lo lleva a una entrega total.
Pero, también es cierto, que esa entrega entraña, muchas veces, dolores que nos hacen pensar en retirarnos de ese Amor, pero no puede el corazón dejar de amar al Amor, pues siente que se queda sin aire al abandonarlo.
Por eso el profeta tiene esa sensación de contradicción en su corazón: se sabe seducido por Dios y, por eso, debe profetizar lo que Él le dice; pero, a la vez, ese Amor lo lleva a que los hombres no lo acepten, pues las Palabras del Señor son duras para el hombres, y ellos lo rechazan. Y ahí está el dilema del profeta: no puedo dejar de amarlo y no puedo dejar de predicar su Palabra.
Por eso, el Señor, cuando habla con sus discípulos les dice y no dice:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.
Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.
¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta".
Nuestra conducta tiene que ser respuesta al Amor que hemos recibido, respuesta al Amor que nos ha seducido, respuesta a la Vida que Él nos ha regalado.

 

sábado, 29 de agosto de 2020

No trunquemos los sueños de Dios

"Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió:
«Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».
El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados no quiso desairarla. Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre".
¿Por qué tonterías decapitamos nuestros ideales o formas de vida? Muchas veces, en nuestra vida, seguramente, hemos tenido grandes ideales, grandes sueños, pero ha llegado un momento o una situación, y hemos dejado de lado nuestros más hermosos ideales, nuestros sueños y proyectos. Y ni qué hablar cuando nos hemos cruzado en el camino con los Sueños de Dios para nuestras vidas, pero... llegó algo que, aunque, anhelaba cumplir la Voluntad de Dios, por otra situación o persona, dejé de lado la Voluntad de Dios y me fuí detrás de otros ideales.
El orgullo no nos deja asumir, en algunos momentos, que nos hemos equivocado, o, incluso no nos deja decir ¡no! eso no lo quiero para mí, o en eso no me hago cómplice, o no quiere seguir con este tema.
El falso orgullo es el que me hace, muchas veces, "engancharme" en el pecado de los demás, dejando de la lado la verdad, la justicia, la fidelidad, la Voluntad de Dios. Tenemos miedo "al qué dirán" y por eso no nos comprometemos con la verdad. Sin embargo el Señor nos dice:
«Cíñete los lomos: prepárate para decirles todo lo que yo te mande.
No les tengas miedo, o seré yo quien te intimide.
Lucharan contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte -oráculo del Señor-».
Sí, se lo decía a Jeremías, el profeta, pero también te lo dice a tí y a mí que fuimos consagrados como profetas el día de nuestro bautismo, y debemos, como Jeremías, ser Fiel a la Voluntad de Dios, no dejemos que cualquier tontería, o incluso, nuestro orgullo herido o nuestro falso orgullo, no haga hacer cosas de las cuales nos arrepentiremos, pero que, quizás, luego, no tengan remedio o solución. Pero, si seguimos en fidelidad a la Voluntad de Dios, podremos contar con su Gracia, con su Fortaleza, con su Espíritu para que nos ayude a mantenernos en pie ante las situaciones más difíciles.


 

viernes, 28 de agosto de 2020

La necedad de la sabiduría humana

"Hermanos:
No me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.
Pues el mensaje de la cruz es necedad para los que se pierden; pero para los que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios".
Me hubiera gustado copiar toda la lectura de san Pablo a los corintios, pero os dejo en libertad para que volváis a leerla. Sí, porque hay un mensaje claro de parte de Dios que, en muchos casos, no hemos entendido demasiado: ¿cuál es la misión? ¿cuál es el mensaje? ¿cómo llegar al conocimiento de Dios? ¿cómo es ese conocimiento de Dios?
Es cierto que necesitamos formarnos pues cada día tenemos que tener mejores o mayores argumentos para defender nuestra fe, nuestra vida cristiana. Pero, también es cierto que tanta información no es necesaria si dejásemos actuar al Espíritu Santo en nuestras vidas. Porque hoy hay demasiados sabios según el mundo que han estudiado, pero pocos místicos que nos hablen de Dios.
Sí, puede ser que tengamos mucho conocimiento intelectual de la Palabra de Dios, de la teología, de esto o de aquello, pero si no tenemos una verdadera experiencia de relación personal con Dios, son palabras vacías que no llegan al corazón del hombre. Y, por otro lado, tampoco sirve, como dice san Pablo, seguir bautizando a diestra y siniestra si no hemos anunciado el Evangelio primero, pues quién encuentre el Amor de Cristo, seguramente querrá ser cristiano.
Y esa es la parte que nos falta en nuestra vida, creo, anunciar el mensaje del Evangelio con nuestra vida, pero un Evangelio completo y no las partes que nos gustan. Y vuelvo a san Pablo, pues el Evangelio, trae implícito y necesario el mensaje salvador de la Cruz, y, es muchas veces, la parte que no nos gusta predicar o anunciar, y menos vivir, la Cruz de la obediencia, la Cruz de la Fidelidad, al Cruz del Perdón, la Cruz de la Fraternidad... todo un mensaje Salvador y renovador que, en estos tiempos, también lo estamos dejando de lado, y es tan necesario como otros mensajes.
"Pues los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados - judíos o griegos -, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios".

 

jueves, 27 de agosto de 2020

Alcancemos la sabiduría eterna

 De las Confesiones de san Agustín, obispo

    Cuando ya se acercaba el día de su muerte -día por ti conocido, y que nosotros ignorábamos-, sucedió, por tus ocultos designios, como lo creo firmemente, que nos encontramos ella y yo solos, apoyados en una ventana que daba al jardín interior de la casa donde nos hospedábamos, allí en Ostia Tiberina, donde, apartados de la multitud, nos rehacíamos de la fatiga del largo viaje, próximos a embarcarnos. Hablábamos, pues, los dos solos, muy dulcemente y, olvidando lo que queda atrás y lanzándonos hacia lo que veíamos por. delante, nos preguntábamos ante la verdad presente, que eres tú, cómo sería la vida eterna de los santos, aquella que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre. Y abríamos la boca de .nuestro corazón, ávidos de las corrientes de tu fuente, la fuente de vida que hay en ti.
    Tales cosas decía yo, aunque no de este modo ni con estas mismas palabras; sin embargo, tú sabes, Señor, que, cuando hablábamos aquel día de estas cosas, y mientras hablábamos íbamos encontrando despreciable este mundo con todos sus placeres, ella dijo:
    «Hijo, por lo que a mí respecta, ya nada me deleita en esta vida. Qué es lo que hago aquí y por qué estoy aún aquí, lo ignoro, pues no espero ya nada de este mundo. Una sola cosa me hacía desear que mi vida se prolongara por un tiempo: el deseo de verte cristiano católico, antes de morir. Dios me lo ha concedido con creces, ya que te veo convertido en uno de sus siervos, habiendo renunciado a la felicidad terrena. ¿Qué hago ya en este mundo?»
    No recuerdo muy bien lo que le respondí, pero al cabo de cinco días o poco más cayó en cama con fiebre. Y, estando así enferma, un día sufrió un colapso y perdió el sentido por un tiempo. Nosotros acudimos corriendo, mas pronto recobró el conocimiento, nOs miró, a mí y a mi hermano allí presentes, y nos dijo en tono de interrogación:
    «¿Dónde estaba?»
    Después, viendo que estábamos aturdidos por la tristeza, nos dijo: 
    «Enterrad aquí a vuestra madre.»
    Yo callaba y contenía mis lágrimas. Mi hermano dijo algo referente a que él hubiera deseado que fuera enterrada en su patria y no en país lejano. Ella lo oyó y, con cara angustiada, lo reprendió con la mirada por pensar así, y, mirándome a mí, dijo:
    «Mira lo que dice.»
Luego, dirigiéndose a ambos, añadió:
    «Sepultad este cuerpo en cualquier lugar: esto no os ha de preocupar en absoluto; lo único que os pido es que os acordéis de mí ante el altar del Señor, en cualquier lugar donde estéis.»
    Habiendo manifestado, con las palabras que pudo, este pensamiento suyo, guardó silencio, e iba luchando con la enfermedad que se agravaba.

miércoles, 26 de agosto de 2020

Ay de nosotros!!

"En aquel tiempo, Jesús dijo:
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros blanqueados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crueldad.
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: “Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas!” Con esto atestiguáis en vuestra contra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!».
No podía decantarme por ninguno de los "Ay" de Jesús, porque siempre alguno nos puede caer muy bien a cada uno. La hipocresía quizás, sea una moneda constante en estos días que vivimos, porque no todos estamos bien centrados en Cristo, no estamos buscando la Voluntad de Dios en nuestras vidas, sino que vamos a nuestro rumbo y viviendo de acuerdo a cómo sople el viento en cada momento.
No puedo decir que en algún momento, o algún día sí la busquemos, pero no es una constante constante en nuestra vida, y, por eso, hay mucha hipocresía en nuestra vida, porque no vivimos como deberíamos vivir. En definitiva aparentamos una vida cristiana que no es radicalmente cristiana, sino que es más mundana que cristiana. Tampoco es que, en muchos casos, no se viva bien como cristiano, pero hay casos en que, realmente, da vergüenza pensar en que algunos se crean tan cristianos y puedan ir midiendo a los demás como si fueran los mejores del mundo.
Y, ahí están los mayores fariseos: aquellos que se ríen de los demás porque intentan vivir, aquellos que señalan con el dedo a quienes quieren encontrar el camino, o aquellos que juzgan a los demás por sus errores sin mirar los propios, o aquellos que ponen cargas pesadas sobre los hombros de los demás y ellos ni siquieran las cargan... y tantos otros que por no mirarse en el espejo de Cristo no se dan cuenta que sus vidas difieren mucho de ser cristianas o, en algunos casos, son anticristianos que van a misa.

 

martes, 25 de agosto de 2020

Cinco caminos de penitencia

De las Homilías de san Juan Crisóstomo, obispo

    ¿Queréis que os recuerde los diversos caminos de penitencia? Hay ciertamente muchos, distintos y diferentes, y todos ellos conducen al cielo.
    El primer camino de penitencia consiste en la acusación de los pecados: Confiesa primero tus pecados y serás justificado. Por eso dice el profeta: Propuse: «Confesaré al Señor mi culpa», y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. Condena, pues, tú mismo aquello en lo que pecaste, y esta confesión te obtendrá el perdón ante el Señor, pues quien condena aquello en 1o que faltó con más dificultad volverá a cometerlo; haz que tu conciencia esté siempre despierta y sea como tu acusador doméstico y así no tendrás quien te acuse ante el tribunal de Dios.
    Éste es un primer y óptimo camino de penitencia; hay también otro, no inferior al primero, que consiste en perdonar las ofensas que hemos recibido de nuestros enemigos, de tal forma que, poniendo a raya nuestra ira, olvidemos las faltas de nuestros hermanos; obrando así, obtendremos que Dios perdone aquellas deudas que ante él hemos contraído; he aquí, pues, un segundo modo de expiar nuestras culpas. Porque si vosotros perdonáis al prójimo sus faltas -dice el Señor-, también os perdonará las vuestras vuestro Padre celestial.
    ¿Quieres conocer un tercer camino de penitencia? Lo tienes en la oración ferviente y continuada, que brota de lo íntimo del corazón.
    Si deseas que te hable aún de un cuarto camino, te diré que lo tienes en la limosna: ella posee una grande y extraordinaria virtualidad.
    También si eres humilde y obras con modestia, en este proceder encontrarás, no menos que en cuanto hemos dicho hasta aquí, un modo de destruir el pecado: De ello tienes un ejemplo en aquel publicano, que, si bien no pudo recordar ante Dios su buena conducta, en lugar de buenas obras presentó su humildad y se vio descargado del gran peso de sus muchos pecados.
    Te he recordado, pues, cinco caminos de penitencia: primero, la acusación de los pecados; segundo, el perdonar las ofensas de nuestro prójimo; tercero, la oración; cuarto, la limosna; y quinto, la humildad.
    No te quedes, por tanto, ocioso, antes procura caminar cada día por la senda de estos caminos: ello, en efecto, resulta fácil y no te puedes excusar aduciendo tu pobreza, pues aunque vivieres en gran penuria podrías deponer tu ira y mostrarte humilde, podrías orar asiduamente y confesar tus pecados; la pobreza no es obstáculo para dedicarte a estas prácticas. Pero, ¿qué estoy diciendo? La pobreza no impide de ninguna manera el andar por aquel camino de penitencia que consiste en seguir el mandato del Señor, distribuyendo los propios bienes -hablo de la limosna-, pues esto lo realizó incluso aquella viuda pobre que dio sus dos pequeñas monedas.
    Ya que has aprendido con estas palabras a sanar tus heridas, decídete a usar de estas medicinas y así, recuperada ya tu salud, podrás acercarte confiado a la mesa santa y salir con, gran gloria al encuentro del Señor, rey de la gloria, y alcanzar los bienes eternos por la gracia, la misericordia y la benignidad de nuestro Señor Jesucristo.
 

lunes, 24 de agosto de 2020

Verdad, valor y misericordia

"Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño».
Natanael le contesta:
«¿De qué me conoces?».
Jesús le responde:
«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».
Natanael respondió:
-«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».
¿Por qué Jesús lo define de ese modo a Natanael? Porque él puede ver las intenciones del corazón y cómo es el hombre desde su corazón, no se queda sólo con lo exterior y sus formas, sino que nos ve desde adentro, pues el Espíritu que habita en nosotros es quien habla por nosotros.
Nosotros, los simples mortales, sólo vemos el exterior y las formas, por eso tenemos, muchas veces, los malos juicios y los prejuicios de "etiquetar" a las personas por sus formas y obras, sin ponernos a pensar el por qué obras o dicen esas cosas.
Se nos da muy bien prejuzgar y juzgar, y, sobre todo, el comentar nuestros juicios, lo que nos lleva a condenar, muchas veces, a una persona a una muerte social por lo que "sin querer" hemos dicho por el pueblo.
No nos damos cuenta que no sólo no tenemos que juzgar a las personas, sino que, aunque nuestra inteligencia nos lleve a emitir un juicio sobre alguien, siempre tengo que usar de la misericordia antes de hablar de ella o de hablar sobre ella, pues "con la bara con que mida seré medido", o, también como dice el Señor: "no hagáis a los demás lo que no os gusta que hagan con vosotros".
Por eso, cuando Natanael oyó lo que dijo Jesús sobre él quedo conmovido y eso le llevó a abrir su corazón a algo más que a las palabras que salían de su boca, abrió su corazón a la Gracia que el Señor le estaba dando y, así, él mismo pudo ver más allá del hombre de Nazaret, y así pudo exclamar: "tú eres el Hijo de Dios".
Hay un refrán que dice: "se cazan más moscas con una gota de miel que con mucha hiel", y así, con la misericordia podemos llegar a mostrar un verdadero camino a aquellos que buscan al Señor. Felipe llegó hasta Natanael para mostrarle lo que él había encontrado: a Jesús de Nazaret, pero Natanael se encontró con el Hijo de Dios, el Rey de Israel.
Y, ahí tenemos otra cosa más en qué pensar: somos como Felipe que le acercamos a los demás la figura de Jesús o no tenemos el valor de hablar de nuestra fe a los demás?

 

domingo, 23 de agosto de 2020

¿Quién es para mí?

"Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
No voy a decir que esta pregunta nos la tenemos que hacer todos los días, pero casi. Saber quién es Jesús para mí, es una pregunta que me tengo que hacer constantemente, para saber, también, quién soy yo y cómo estoy viviendo de acuerdo a esa respuesta.
"Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
Y esa respuesta qué significa para mí? Entiendo lo que digo? Sabía Pedro lo que decía o lo decía inspiracióno del Espíritu?
No es que las inspiraciones del Espíritu no sean válidas en nuestra vida, pues, en definitiva, todo lo relacionado con la Fe es inspiración del Espíritu que habita en mí. Pero una vez que verbalizado la inspiración ¿qué significa eso para mí?
"Creo en Dios Padre todopoderoso"
"El Señorío del Señor Jesús en mi vida"
"Hágase tu Voluntad aquí en la tierra como en el Cielo"
"Venga a nosotros tu Reino"
"Haced lo que Él os diga"
Son todas frases que tenemos en nuestra memoria y que, habitualmente, decimos o escuchamos. Pero ¿qué significan en mi vida?
No, no te voy a dar la respuesta sino que la respuesta la tienes que dar tú, a mi hoy me toca hacer el planteo para que nos preguntemos ¿quién es Jesús para mi? Y, sobre todo, ¿qué hago yo para que Jesús viva en mí y yo viva en Jesús? Como dice san Pablo: "ya no soy yo quien vive en mí, sino que es Jesús quien vive en mí". Porque así tendría que ser nuestra vida, o, por lo menos es la intención que tendríamos que tener todos los días, para que nuestra vida alcance lo que Jesús le dijo a Pedro:
«¡ Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está los cielos".
Y esa Bienaventuranza lleva consigo una respnsabilidad: a Pedro le encargó las Llaves del Reino, y, entonces ¿cuál es la misión que tengo yo como llamado y elegido de Cristo?

 

sábado, 22 de agosto de 2020

Reina del mundo y reina de la Paz

De las Homilías de san Amadeo de Lausana, obispo

    Observa cuán adecuadamente brilló por toda la tierra, ya antes de la asunción, el admirable nombre de María y se difundió por todas partes su ilustre fama, antes de que fuera ensalzada su majestad sobre los cielos. Convenía, en efecto, que la Madre virgen, por el honor debido a su Hijo, reinase primero en la tierra y, así, penetrara luego gloriosa en el cielo; convenía que fuera engrandecida aquí abajo, para penetrar luego, llena de santidad, en las mansiones celestiales, yendo de virtud en virtud y de gloria en gloria por obra del Espíritu del Señor.
    Así pues, durante su vida mortal gustaba anticipadamente las primicias del reino futuro, ya sea elevándose hasta Dios con inefable sublimidad, como también descendiendo hacia sus prójimos con indescriptible caridad. Los ángeles la servían, los hombres le tributaban su veneración. Gabriel y los ángeles la asistían con sus servicios; también los apóstoles cuidaban de ella, especialmente san Juan, gozoso de que el Señor, en la cruz, le hubiese encomendado su madre virgen, a él, también virgen. Aquéllos se alegraban de contemplar a su reina éstos a su señora, y linos y otros se esforzaban en complacerla con sentimientos de piedad y devoción.
    Y ella, situada en la altísima cumbre de sus virtudes, inundada como estaba por el mar inagotable de los carismas divinos, derramaba en abundancia sobre el pueblo creyente y sediento el abismo de sus gracias, que superaban a las de cualquiera otra creatura. Daba la salud a los cuerpos y el remedio para las almas, dotada como estaba del poder de resucitar de la muerte corporal y espiritual. Nadie se apartó jamás triste o deprimido de su lado, o ignorante de los misterios celestiales. Todos volvían contentos a sus casas, habiendo alcanzado por la madre del Señor lo que deseaban.
    Plena hasta rebosar de tan grandes bienes, la esposa, madre del esposo único, suave y agradable, llena de delicias, como una fuente de los jardines espirituales, como un pozo de agua viva y vivificante, que mana con fuerza del Líbano divino, desde el monte de Sión hasta las naciones extranjeras, hacia derivar ríos de paz y torrentes de gracia celestial. Por esto, cuando la Virgen de las vírgenes fue llevada al cielo por el que era su Dios y su Hijo, el rey de reyes, en medio de Ia alegría y exultación de los ángeles y arcángeles y de la aclamación de todos los bienaventurados, entonces se cumplió la profecía del Salmista, que decía al Señor: De pie a tu derecha está la reina enjoyada con oro de Ofir.

viernes, 21 de agosto de 2020

Muertos son los que tienen el alma muerta...

"Entonces me dijo:
«Conjura al espíritu, conjúralo, hijo del hombre, y di al espíritu: “Esto dice el Señor Dios: ven de los cuatro vientos, espíritu, y sopla sobre estos muertos para que vivan”».
Al leer esta profecía de Ezequiel me llevó a una poesía que siempre repetía el P. Efraín Sueldo:
"No son los muertos los que en dulce calma
la paz disfrutan de la tumba fría;
Muertos son los que tienen muerta el alma
y aún viven todavía".
Y, sí, son muchos los que han perdido el espíritu y andan por ahí con cara de muertos, sin vida interior, sin aspiraciones, sin sentido, sin un horizonte que les anime en el día a día. Son muchos los que siguiendo los vientos del mundo y del siglo han querido renunciar a Dios y han aceptado los dioses paganos que día a día nos ofrece el mundo, pero han quedado sin la vida que un día tuvieron, pues dejaron de vivir con el Espíritu que el Señor les había concedido.
Pero no pensemos que estoy hablando de ateos, agnósticos y anticatólicos, sino que estoy hablando de cristianos católicos que siguen, todavía, yendo a misa, rezando y formando parte de comunidades cristianas, pero que se han dejado llevar por los nuevos pensamientos del mundo y han perdido el espíritu original, y se han alejado de la Fuente del Evangelio.
A veces creemos que, como dice mucha gente, tenemos que ponernos a la par de lo que el mundo está viviendo, y ¿cómo vive el mundo? ¿Cómo se vive hoy en el mundo? ¿Realmente los vientos del mundo de hoy nos llevan a dignificar al hombre, a valorar la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural? ¿Verdaderamente creemos que se está dando dignidad al varón y a la mujer, a la familia, a la niñez, a la adolescencia, a la juventud...?
Cuando el cristiano deja de beber el agua que le da vida, y se dedica a buscar fuentes naturales que sólo calman la sed del momento, estonces va perdiendo la vida del Espíritu y, aunque parece que tiene vida, está muerto en su interior. Y eso se ve en las obras, en el día a día: las desaveniencias, los conflictos, los apetitos de poder, los deseos de protagonismo, las divisiones en las comunidades cristianas: "yo soy de pablo, yo de apolo..." pero pocos de Jesucristo, el Señor de la Historia.
Es más fácil seguir las opniones de un hombre que los consejos que el Señor nos dio en el Evangelio. Y ahí vamos creando sectores que no ayudan a profundizar en el Amor verdadero: "un mandimiento nuevo os doy: amaos unos a otros como YO os he amado" "en esto conocerán los hombres que sois mis discípulos". Pero seguimos creyendo en palabras humanas y siguiendo a personas humanas que no nos dan vida.
"Y me dijo:
«Hijo del hombre, estos huesos son la entera casa de Israel, que dice: “Se han secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza, ha perecido, estamos perdidos".
Por eso, ha llegado el tiempo de volver a la Fuente Original: el Evnagelio, a la relación y al seguimiento de Jesús, nuestro Dios y Señor, y llevar a plenitud en nuestras vidas el Señorío del Señor, y dejar que los vientos del mundo soplen para donde quieran, pero a nosotros que nos impulsen los vientos del Espíritu que son los que dan la Verdadera Vida.

 

jueves, 20 de agosto de 2020

Muchos son los llamados...

“Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de boda?”.
El otro no abrió la boca.
Entonces el rey dijo a los servidores:
“Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.
Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos».
¿Por qué pocos son elegidos? Porque no todos los llamados aprecian el valor del llamado, aprecian el valor del Banquete Celestial. Y, escribiendo esto me vino un caso a la cabeza. Hace un tiempo atrás, en algún lugar del mundo, vino una persona, 5 minutos antes de la misa y me dijo: me confiesa rapidito que no es nada...? Y le dije que no. Sí, os sorprenderá esta respuesta, pero el tema es que era una persona que siempre hacía lo mismo: rapidito, rapidito... Como si fuera el trámite del banco, o como si no tuviera más tiempo para venir antes y hacer la confesión como conviene. Lo único que quiere es la absolución, pero no la reconciliación y la confesión. No valora el gran valor de la Confesión Sacramental, y por.. rapidito, rapidito.
Y, a veces, nos pasa lo mismo cuando vamos a misa: que el cura no se alargue mucho... que la misa no sea muy larga, que con 20 minutos está bien y nos sobra... dicen algunos. ¿Valoramos la MIsa? ¿Valoramos o conocemos el valor de cada parte de la MIsa? Incluso no valoramos el llegar temprano a MIsa, estar un momento en silencio antes de comenzar la misa para disponer el corazón. Tampoco llegamos, muchas veces, al acto penitencial.
¡Ah! pero si tenemos que ir al teatro, al cine, o a algún otro lugar, incluso a las ofertas, sí que vamos con timepo para elegir los primeros lugares, no queremos perdernos nada. Pero a la Misa ¿para qué?
Así es como se puede entender la parábola de los invitados al banquete de bodas: los que el Rey quería que fuera no fueron, y cuando salió a invitar a otros que no conocía, hubo uno que no le importó que fuera un banquete y por eso fue como quiso ¡total! si me han invitado que me aguanten como voy. ¡No! Cada lugar y cada situación tiene su forma de estar y su forma de ser.
Por eso el Señor nos dice: "muchos son los llamados pero pocos los elegidos", todo depende de cómo valoro el llamado y de cómo me adapto a la situación.
Él nos ha llamado a todos para seguirlo y para darnos parte en el Banquete Celestial, pero no todos hemos respondido con generosidad a ese llamado, ni todos queremos vestir el vestido de la santidad para gozar, cada día, de las delicias del Banquete Celestial.

 

miércoles, 19 de agosto de 2020

Buscad las cosas de arriba

Del Comentario de san Jerónimo presbítero, sobre el Eclesiastés

    Cuando a cualquier hombre Dios da riquezas y hacienda y le permite disfrutar de ellas, tomar su paga y holgarse en medio de sus fatigas, esto es un don de Diosa Porque así no tiene que pensar mucho en los días de su vida, mientras Dios le llena de alegría el corazón. Lo que se afirma aquí es que, en comparación de aquel que come de sus riquezas en la Oscuridad de sus muchos cuidados y reúne con enorme cansancio bienes perecederos, es mejor la condición del que disfruta de lo presente. Éste, en efecto, disfruta de un placer, aunque pequeño; aquél, en cambio, sólo experimenta grandes preocupaciones. Y explica el motivo por qué es un don de Dios el poder disfrutar de las riquezas: Porque así no tiene que pensar mucho en los días de su vida.
    Dios, en efecto, hace que se distraiga con alegría de corazón: no estará triste, sus pensamientos no lo molestarán, absorto como está por la alegría y el goce presente. Pero es mejor entender esto, según el Apóstol, de la comida y bebida espirituales que nos da Dios, y reconocer la bondad de todo aquel esfuerzo, porque se necesita gran trabajo y esfuerzo para llegar a la contemplación de los bienes verdaderos. Y ésta es la suerte que nos pertenece: alegrarnos de nuestros esfuerzos y fatigas. Lo cual, aunque es bueno, sin embargo no es aún la bondad total, hasta que se manifieste Cristo, que es nuestra vida.
    Todo el mundo se fatiga para comer y, a pesar de todo, nunca se sacia su alma. ¿En qué supera el sabio al necio? ¿En qué al pobre que sabe vivir su vida? Todo aquello por lo cual se fatigan los hombres en este mundo se consume con la boca y, una vez triturado por los dientes, pasa al vientre para ser digerido. Y el pequeño placer que causa a nuestro paladar dura tan sólo el momento en que pasa por nuestra garganta.
    Y, después de todo esto, nunca se sacia el alma del que come: ya porque vuelve a desear lo que ha comido (y tanto el sabio como el necio no pueden vivir sin comer, y el pobre sólo se preocupa de cómo podrá sustentar su débil organismo para no morir de inanición), ya porque el alma ningún provecho saca de este alimento corporal, y la comida es igualmente necesaria para el sabio que para el necio, y allí se encamina el pobre donde adivina que hallará recursos.
    Es preferible entender estas afirmaciones como referidas al hombre eclesiástico, el cual, instruido en las Escrituras santas, se fatiga para comer y, a pesar de todo, nunca se sacia su alma, porque siempre desea aprender más. Y en esto sí que el sabio aventaja al necio; porque, sintiéndose pobre (aquel pobre que es proclamado dichoso en el Evangelio), trata de comprender aquello que pertenece a la vida, anda por el camino angosto y estrecho que lleva a la vida, es pobre en obras malas y sabe dónde habita Cristo, que es la vida.

martes, 18 de agosto de 2020

La soberbia de querer ser Dios

"Me fue dirigida esta palabra del Señor:
«Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: Esto dice el Señor Dios:
Se enalteció tu corazón, y dijiste: “Soy un dios y estoy sentado en el trono de los dioses en el corazón del mar”.
Tú que eres hombre y no dios, pusiste tu corazón como el corazón de Dios".
Como vemos, ya en tiempos del profeta Isaías, Dios ponía en evidencia la soberbia del hombre de querer ocupar el lugar de Dios en la historia. El hombre cree que negando la existencia de Dios, él puede ocupar su lugar, sólo porque le parece que es más inteligente o sabio que los demás, y no se da cuenta que no tiene la capacidad de hacer lo que hace el verdadero Dios.
Sí, el pecado original nos dejó con la espina de la soberbia que, no queráis pensar que es sólo para algunos, sino que todos la tenemos en nuestro corazón, y por eso, muchas veces, nos creemos muy humildes porque señalamos la soberbia de los demás, y, justo en ese momento, es cuando la espina de nuestro corazón comienza a florecer con flores de soberbia, por querer aparentar ser tan humildes que podemos llegar a juzgar y condenar a los demás.
Sí, la soberbia está en todos, porque todos hemos sido puesto bajo el "paraguas" de Adán y Eva, y todos hemos nacido con el pecado original. A pesar de eso, el Señor que murío por nosotros y mató en la Cruz el pecado, nos dejó, como decía san Pablo, esa espina en el corazón, para que, reconociendo nuestras debiidades siempre lo busquemos a Él como nuestro Salvador, sabiendo que nosotros sólo somos instrumentos suyos para ayudar a los demás a encontrar el Camino de la Salvación. PUes como Él que "no vino a ser servido sino a servir", nuestra vida en sus Manos, también, busca el mismo camino.
Pero un Camino que tiene como recompensar el mismo caminar, porque asumimos el Camino yendo de su Mano, y no hay más recompensa que el Caminar con Jesús hacia la Casa del Padre, llevando a los hombres su mensaje de salvación.
"Entonces dijo Pedro a Jesús:
«Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?».
Y esta pregunta de Pedro, me hace acorar a aquella petición de la madre de los hijos de Zebedeo: "quiero que mis hijos estén uno a tu derecha y otro a tu izquierda cuando llegues a tu reino".
Lamentablemente, siempre, buscamos los mejores lugares (salvo en la misa que nos sentamos en el fondo del templo) pero siempre buscamos tener presencia, dominio, poder; así sea solo para poner un mantel o limpiar un florero, y ni qué hablar cuando nos dan un cargo de "más importancia", ahí ya nos creemos los dueños de la verdad y del mundo...
"Por ello, así dice el Señor Dios:
“Por haber puesto tu corazón como el corazón de Dios, por eso, haré venir contra extranjeros los más feroces de entre los pueblos".
Hoy no vendrán los extranjeros con el arma para martirizarnos, pero sí habrá situaciones que nos ayuden a barjarnos del pedestal que nos hemos construido, y así poder vivir la humiladd del servicio, como lo vivió Jesús, y alcanzar la vida que le Padre quiere para nosotros.
Desenvainarán sus espadas contra tu brillante sabiduría y profanarán tu belleza.

 

lunes, 17 de agosto de 2020

El sabio tiene los ojos puestos en la cabeza

De las Homilías de san Gregorio de Nisa, obispo, sobre el Eclesiastés

    Si el alma eleva sus ojos a su cabeza, que es Cristo, según la interpretación de Pablo, habrá que considerarla dichosa por la penetrante mirada de sus ojos, ya que los tiene puestos allí donde no existen las tinieblas del mal. El gran Pablo y todos los que tuvieron una grandeza semejante a la suya tenían los ojos fijos en su cabeza, así como todos los que viven, se mueven y existen en Cristo. Pues, así como es imposible que el que está en la luz vea tinieblas, así también lo es que el que tiene los ojos puestos en Cristo los fije en cualquier cosa vana. Por tanto, el que tiene los ojos puestos en la cabeza, y por cabeza entendemos aquí al que es principio de todo, los tiene puestos en toda virtud (ya que Cristo es la virtud perfecta y totalmente absoluta), en la verdad, en la justicia, en la incorruptibilidad, en todo bien. Porque el sabio tiene sus ojos puestos en la cabeza, mas el necio camina en las tinieblas. El que no pone su lámpara sobre el candelero, sino que la pone bajo el lecho, hace que la luz sea para él tinieblas.
    Por el contrario, cuántos hay que viven entregados a la lucha por las cosas de arriba y a la contemplación de las cosas verdaderas, y son tenidos por ciegos e inútiles, como es el caso de Pablo, que se gloriaba de ser insensato por Cristo. Porque su prudencia y sabiduría no consistía en las cosas que retienen nuestra atención aquí abajo. Por esto dice: Nosotros somos insensatos por Cristo, que es lo mismo que decir: «Nosotros somos ciegos con relación a la vida de este mundo, porque miramos hacia arriba y tenemos los ojos puestos en la cabeza.» Por esto vivía privado de hogar y de mesa, pobre, errante, desnudo, padeciendo hambre y sed.
    ¿Quién no lo hubiera juzgado digno de lástima, viéndolo encarcelado, sufriendo la ignominia de los azotes, viéndolo entre las olas del mar al ser la nave desmantelada, viendo cómo era llevado de aquí para allá entre cadenas? Pero, aunque tal fue su vida entre los hombres, él nunca dejó de tener los ojos puestos en la cabeza, según aquellas palabras suyas: ¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo? ¿La aflicción? ¿La angustia? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada? Que es como si dijese: «¿Quién apartará mis ojos de la cabeza y hará que los ponga en las cosas que son despreciables?» A nosotros nos manda hacer lo mismo, cuando nos exhorta a poner nuestro corazón en las cosas del cielo, lo que equivale a decir «tener los ojos puestos en la cabeza».

domingo, 16 de agosto de 2020

Qué pedimos? Qué damos?

¿Por qué recurrimos a Jesús? ¿Cuántos milagros le hemos pedido al Señor? ¿Hemos sido muy insistentes como la mujer cananea del evangelio? Sí, seguramente que más de una vez y de dos hemos ido al Señor a pedirle algún milagro. Y más de una vez hemos sido muy insistentes. Y más de una vez hemos sentido que el Señor no nos escuchaba, que hacía oídos sordos a nuestros pedidos y que nuestras oraciones no llegaban a sus oídos. Y nos hemos sentido abandonados de la mano de Dios, porque Él no hacía lo que nosotros le pedíamos.

A veces, la respuesta que nos da el Señor no nos deja conforme, como no lo hizo con la mujer del evangelio: “sólo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel” o “no está bien tomar el pan de los hijos para dárselo a los perritos”. Y esta última ha sido una respuesta muy dura de parte del Señor. Si nos la dice a nosotros nos parecería muy mal, y hasta parece que quisiera insultar a la pobre mujer. Y no es así.

Jesús ha querido dejar muy claro cuál es su misión, y, sobre todo, sacar lo mejor de uno mismo, pues lo que él quería era encontrar la fe en el corazón de la mujer, sin importarle ninguna otra cosa. Sabía de la Bondad del Señor y con humildad llegó a Su Corazón y logró el milagro que quería: “tienes razón, Señor, pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos”.

Y esta respuesta es una exhortación para nosotros: sí, para nosotros, porque no siempre acudimos a la Mesa del Banquete Celestial a recibir el Alimento de Vida que el Señor nos da. Pero lo peor es que otras tantas veces nos dejamos que otros que lo necesitan se acerquen a ese Banquete, porque ponemos obstáculos e impedimos que los que realmente necesitan de la Gracia de la Eucaristía no puedan alimentarse con Él.

Sin embargo, hay quienes se alimentan de esas “migajas” que nosotros desperdiciamos cuando nos quejamos sin medida y ponemos excusas para no acercarnos a la Eucaristía. El deseo de esa mujer es el deseo de tanta gente que no ha encontrado el camino para llegar al Señor, que sólo ha encontrado obstáculos en el camino y no hemos sido capaces de acercarnos a ellos para llevarles parte del Alimento que hemos recibido.

Por eso mismo, Jesús le decía a los escribas y doctores de la Ley: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis, y a los que están entrando no les dejáis entrar”. (Mt, 23, 13)

Aquella mujer, dolorida por la enfermedad de su hija, pudo reconocer el alimento verdadero y lo encontró en el Corazón Misericordioso del Señor que hizo brotar en ella el Don más grande: el Don de la Fe: “Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas”.

Es el Don de la Fe lo que tenemos que madurar en nuestra vida cristiana, porque, muchas veces, “usamos” de nuestra fe como la cartera en el mercado: creemos que podemos “comprar” los milagros cada vez que lo necesitemos, por eso no siempre conseguimos lo que queremos, porque, como dice san Pablo “no sabemos pedir”, y, cuando tenemos lo que queremos ya no necesitamos más del Señor, y dejamos que los Dones se vayan perdiendo por el camino. Y se van perdiendo por el camino porque nos volvemos egoístas con los Dones recibidos, no entregamos o repartimos lo que el Señor nos va dando día a día, porque seguimos con la mirada puesta en nuestro ombligo y si hacemos algo es para quitarnos de encima lo que nos molesta: “atiéndela, que viene detrás gritando”, no era por misericordia o compasión que querían que el Señor la atendiera, sino porque les molestaba sus gritos.

“Gratis habéis recibido, dadlo gratis”, cuando miremos el dolor el hombre de hoy no queramos hacerlo callar, sino que intentemos sanarlo con los Dones que el Señor nos ha regalado a nosotros: “dadles vosotros de comer”.


sábado, 15 de agosto de 2020

Modelo de Hombre Nuevo

"Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo y levantando la voz, exclamó:
«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!"
Isabel llena del Espíritu Santo hace la primera afirmación sobre la bienaventuranza de María, un afirmación que hacemos cada día que rezamos el Ave María, pues es el mismo Espíritu, quien nos hace afirmar los misterios de nuestra fe; y es el mismo Espíritu quien nos ayuda a vivir lo que afirmamos. Porque al afirmar la bienaventuranza de María, lo hemos de hacer con la misma alegría que Isabel, pues en ese momento, cuando rezamos, estamos junto a María que ha venido a visitarnos, y está junto a nosotros cuando rezamos con Ella.
"¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».
Sí, ¿quié soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Soy su hijo, porque el Hijo nos hizo hijos de María desde la Cruz, por eso, la Madre siempre estará a nuestro lado para escuchar nuestro corazón, para alentarnos en el caminar, para ayudarnos a ser Fieles a la Vida que el mismo Señor nos ha dado y nos pide vivir.
"María dijo:
«Proclama mi alma la grandeza del Señor, “se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava”.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mi: “su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”.
Será así también nuestro himno de alabanza al Padre, porque en nuestra pequeñez el Padre se ha fijado y nos ha elegido para ser sus instrumentos, como María, para llevar con nuestras vidas, un mensaje de salvación a todo el mundo. Como María llevamos su Palabra en nuestras vidas, o, mejor la Palabra se hace vida en nosotros y la comunicamos al Mundo para que "el mundo crea que Él nos ha enviado" y "creyendo encuentren caminos de salvación".
Por eso María es nuestro modelo de Vida, pues Ella aceptó renunciar a su libertad para dejarse modelar por el Padre, Ella entregó toda su Vida a las manos del Padre y Él la llenó de Vida y así ha llegado a ser el Hombre Nuevo que todos esperamos y desamos alcanzar.

 

viernes, 14 de agosto de 2020

El ideal de la vida apostólica

De las cartas de san Maximiliano Kolbe, presbítero y mártir

    Me llena de gozo, querido hermano, el celo que te anima en la propagación de la gloria de Dios. En la actualidad se da una gravísima epidemia de indiferencia, que afecta, aunque de modo diverso, no sólo a los laicos, sino también a los religiosos. Con todo, Dios es digno de una gloria infinita. Siendo nosotros pobres criaturas limitadas y, por tanto, incapaces de rendirle la gloria que él merece, esforcémonos, al menos, por contribuir, en cuanto podamos, a rendirle la mayor gloria posible.
    La gloria de Dios consiste en la salvación de las almas, que Cristo ha redimido con el alto precio de su muerte en la cruz. La salvación y la santificación más perfecta del mayor número de almas debe ser el ideal más sublime de nuestra vida apostólica. Cuál sea el mejor camino para rendir a Dios la mayor gloria posible y llevar a la santidad más perfecta el mayor número de almas, Dios mismo lo conoce mejor que nosotros, porque él es omnisciente e infinitamente sabio. Él, y sólo él, Dios omnisciente, sabe lo que debemos hacer en cada momento para rendirle la mayor gloria posible. ¿Y cómo nos manifiesta Dios su propia voluntad? Por medio de sus representantes en la tierra. La obediencia, y sólo la santa obediencia, nos manifiesta con certeza la voluntad de Dios. Los superiores pueden equivocarse, pero nosotros obedeciendo no nos equivocamos nunca. Se da una excepción: cuando el superior manda algo que con toda claridad y sin ninguna duda es pecado, aunque este sea insignificante; porque en este caso el superior no sería el representante de Dios.
    Dios, y solamente Dios infinito, infalible, santísimo y clemente es nuestro Señor, nuestro creador y Padre, principio y fin, sabiduría, poder y amor: todo. Todo lo que no sea él vale en tanto en cuanto se refiere a él, creador de todo, redentor de todos los hombres y fin último de toda la creación. Es él quien, por medio de sus representantes aquí en la tierra, nos revela su admirable voluntad nos atrae hacia sí, y quiere por medio nuestro atraer el mayor número posible de almas y unirlas a sí del modo más íntimo y personal.
    Querido hermano, piensa qué grande es la dignidad de nuestra condición por la misericordia de Dios. Por medio de la obediencia nosotros nos alzamos por encima de nuestra pequeñez y podemos obrar conforme a la voluntad de Dios. Más aún: adhiriéndonos así a la divina voluntad, a la que no puede resistir ninguna criatura, nos hacemos más fuertes que todas ellas. Ésta es nuestra grandeza; y no es todo: por medio de la obediencia nos convertimos en infinitamente poderosos.
    Éste y sólo éste es el camino de la sabiduría y de la prudencia, y el modo de rendir a Dios la mayor gloria posible. Si existiese un camino distinto y mejor: Jesús nos lo hubiera indicado con sus palabras y su ejemplo. Los treinta años de su vida escondida son descritos así por la sagrada Escritura: Y les estaba sujeto. Igualmente, por lo que se refiere al resto de la vida toda de Jesús, leemos con frecuencia en la misma sagrada Escritura que él había venido a la tierra para cumplir la voluntad del Padre.
    Amemos sin límites a nuestro buen Padre: amor que se demuestra a través de la obediencia y se ejercita sobre todo cuando nos pide el sacrificio de la propia voluntad. El libro más bello y auténtico donde se puede aprender y profundizar este amor es el Crucifijo. Y esto lo obtendremos mucho más fácilmente de Dios por medio de la Inmaculada, porque a ella ha confiado Dios toda la economía de la misericordia.
    La voluntad de María, no hay duda alguna, es la voluntad del mismo Dios. Nosotros, por tanto, consagrándonos a ella, somos también como ella, en las manos de Dios, instrumentos de su divina misericordia. Dejémonos guiar por María; dejémonos llevar por ella, y estemos bajo su dirección tranquilos y seguros: ella se ocupará de todo y proveerá a todas nuestras necesidades, tanto del alma como del cuerpo; ella misma removerá las dificultades y angustias nuestras.

jueves, 13 de agosto de 2020

Cristo es nuestra paz y nuestra luz

 Del Tratado de san Gregorio de Nisa, obispo, Sobre el perfecto modelo del cristiano


    Él es nuestra paz, él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa. Teniendo en cuenta que Cristo es la paz, mostraremos la autenticidad de nuestro nombre de cristianos si, con nuestra manera de vivir, ponemos de manifiesto la paz que reside en nosotros y que es el mismo Cristo. Él ha dado muerte a la enemistad, como dice el Apóstol. No permitamos, pues, de ningún modo que esta enemistad reviva en nosotros, antes demostremos que está del todo muerta. Dios, por nuestra salvación, le dio muerte de una manera admirable; ahora que yace bien muerta, no seamos nosotros quienes la resucitemos en perjuicio de nuestras almas, con nuestras iras y deseos de venganza.
    Ya que tenemos a Cristo, que es la paz, nosotros también matemos la enemistad, de manera que nuestra vida sea una prolongación de la de Cristo, tal como lo conocemos por la fe. Del mismo modo que él, derribando la barrera de separación, de los dos pueblos creó en su persona un solo hombre, estableciendo la paz, así también nosotros atraigámonos la voluntad no sólo de los que nos atacan desde fuera, sino también de los que entre nosotros promueven sediciones, de modo que cese ya en nosotros esta oposición entre las tendencias de la carne y del espíritu, contrarias entre sí; procuremos, por el contrario, someter a la ley divina la prudencia de nuestra carne, y así, superada esta dualidad que hay en cada uno de nosotros, esforcémonos en reedificarnos a nosotros mismos, de manera que formemos un solo hombre, y tengamos paz en nosotros mismos.
    La paz se define como la concordia entre las partes disidentes. Por esto, cuando cesa en nosotros esta guerra interna, propia de nuestra naturaleza, y conseguimos la paz, nos convertimos nosotros mismos en paz, y así demostramos en nuestra persona la veracidad y propiedad de este apelativo de Cristo.
    Además, considerando que Cristo es la luz verdadera sin mezcla posible de error alguno, nos damos cuenta de que también nuestra vida ha de estar iluminada con los rayos de la luz verdadera. Los rayos del sol de justicia son las virtudes que de él emanan para iluminarnos, para que nos desnudemos de las obras de las tinieblas y andemos como en pleno día, con dignidad, y apartando de nosotros las ignominias que se cometen a escondidas y obrando en todo a plena luz, nos convirtamos también nosotros en luz y, según es propio de la luz, iluminemos a los demás con nuestras obras.
    Y si tenemos en cuenta que Cristo es nuestra santificación, nos abstendremos de toda obra y pensamiento malo e impuro, con lo cual demostraremos que llevamos con sinceridad su mismo nombre, mostrando la eficacia de esta santificación no con palabras, sino con los actos de nuestra vida.

miércoles, 12 de agosto de 2020

Corrección fraterna y confesión

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.
En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos".
Nunca me había puesto a pensar que la exhortación sobre la corrección fraterna estaba unida al sacramento de la reconciliación, o sea a la confesión sacramental. Y, claro, es lógico que así sea, porque en la confesión sacramental e individual se puede hacer corrección fraterna, pues el penitente confía en el sacerdote sus pecados y recibe por otra parte una corrección para recobrar la Gracia que había perdido por el pecado.
Es una hermosa manera de ver el tema de la confesión indiviudal, cuando hay tantos que, sin estar permitido, buscan la confesión comunitaria, o mejor dicho la absolución comunitaria de los pecados. Y ¿qué es lo que perdemos en la confesión comunitaria? Primero que no está permitida hacerla de modo ordinario, sino de modo extraordinario en casos excepcionales. Pero, lo importante, es que nos perdemos de poder hablar con el confesor y que sea Él quien en nombre de Jesús nos pueda orientar y aconsejar para solucionar nuestros pecados, quien nos pueda corregir fraternalmente para poder seguir caminando en santidad.
Claro que no es fácil poder abrir nuestro corazón a un hombre pecador e imperfecto como yo. Y eso también es un acto de fe que realizamos: es Jesús quien le concedió ese poder a los apóstoles y así llega hasta nuestros días por las manos de los sacerdotes, y, por eso, no tengo que pensar sólo en la imperfección o el pecado del instrumento elegido por Dios, sino en la Gracia que por sus palabras y sus manos desciende en mi alma, pues es el mismo Jesús quien me escucha y me perdona.
Muchas veces, cuando escuchamos: yo me confieso con Dios, no necesito que ningún cura venga a decirme qué es lo que tengo que hacer, ni tengo que decirle a él lo que he hecho... Es una lástima, pienso yo, ya que tampoco me es fácil confesarme, pero sí siento que al hacerlo no lo hago con un hombre pecador como yo, sino que lo hago con Jesús, que es Quien nos escucha y nos absuelve de nuestros pecados. Y, aunque ese sacerdote sea pecador como yo, él tiene la Gracia para poder decirme algo que me ayude o me oriente, no me obliga a hacer las cosas, pero sí me escucha y me orienta para que yo decida cómo quiero continuar mi vida cristiana.
Son esos misterios que el Señor ha querido regalarnos que no siempre los sabemos valorar, porque ponemos delante la humanidad del instrumento y no la Gracia Salvadora que el Señor nos dejó en las manos de ese instrumento.

 

martes, 11 de agosto de 2020

Ser niños? Creo que no es para mí...

«¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?».
Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo:
«En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí".
Creo que es lo más difícil, después del "amaos unos a otros como yo os he amado", que el Señor nos puede pedir. Sí, el "hacernos como niños", la infancia espiritual es el mayor reto que tiene el hombre moderno, el hombre de este siglo XXI, o, mejor dicho, el cristiano del siglo XXI.
Claro que estoy hablando de infancia espiritual y no de infancia intelectual, porque no es que el Señor nos pida no crecer intelectualmente, sino que, a la vez que maduramos como personas, tenemos que madurar en la infancia espirtual, es decir, no creernos que, como adultos, ya podemos dejar de depender de nuestro Padre Celestial, así como dejamos de depender de nuestros padres terrenales.
A veces parece que, como hemos crecido intelectual y físicamente, entonces ya no tenemos más nada que preguntarle al Señor de la Historia, a nuestro Padre Celestial. Y, otras tantas, es como que ya nos hemos independizado y solo lo necesitamos para que nos de lo que necesitamos cuando lo necesitemos, o que nos cuide los niños cuando nos queremos ir de fiesta. Es decir, lo usamos anuestro antojo y arbitrio para que nosotros podamos seguir teniendo la libertad ansiada que ya, por supuesto, sabemos utilizar porque somos mayores.
"Quien quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, cargue su cruz de cada día y sígame"
"Niéguese a sí mismo". Negar que somos adultos, que tenemos tal título, que ya llevamos muchos años de cristianos, que ya conocemos las Escrituras, que ya tenemos mucho conocimiento de muchas cosas... pero nos olvidamos que también tenemos el pecado original, que somos egoístas, que tenemos apetito de poder, que somos vanidosos, que somos soberbios, que... seguimos a pesar de nuestra edad siendo hijos del Padre.
Es esa realidad la que Jesús quiere destacar y quiere hacernos entender que no debemos perder: ser hijos. Y por eso mismo, el escritor de la carta a los Hebreos, nos lo recuerda: "siendo Hijo, aprendió por medio del sufrimiento a obedecer". Es la obediencia del hijo lo que nos falta aprender y entender, y es lo que, como adultos, no queremos vivir pues no nos gusta que nos digan lo que tenemos que hacer o cómo hacerlo, por eso, eso de que tengo que ser Fiel a la Palabra de Dios, y eso de que "se haga tu Voluntad en la tierra como en el cielo"... suena, a veces, en nuestras vidas, como la mayor hipocresía pues es lo que no queremos vivir.

 

lunes, 10 de agosto de 2020

Dar con alegría

"Hermanos:
El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará.
Cada uno dé como le dicte su corazón: no a disgusto ni a la fuerza, pues Dios ama “al que da con alegría”.
Nos quejamos, muchas veces, de lo que tenemos o de lo que recibimos, o de cómo nos va yendo en la vida. Pero nunca nos preguntamos cómo lo estamos haciendo o qué estamos haciendo. A veces, creemos que todo nos tiene que venir de arriba y que cuanto más me preocupo de mis cosas mejor me va a ir, pero no es así, porque no siempre me va como yo quiero, sino que siempre me faltan 5 para el peso.
¿Será que sólo me ocupo de mis cosas y no me hago tiempo para mirar hacia otro lado que no sea mi propio ombligo?
Dios no me obliga a mirar a los demás, sino que lo ha puesto como condición para poder recibir más de lo que doy, pero, como en el mundo en que vivimos se nos está enseñando a mirar, cada día más, a nuestro ombligo, entonces sólo recibo lo que doy, o sea, poco o casi nada.
"Cada uno dé como le dicte su corazón", una hermosa frase, claro que hay que ver de qué está lleno nuestro corazón, porque si está lleno de alegría y esperanza, nuestro dar será en ese tono y con esa fuerza; pero si está lleno de rencor, egoismo y vanidad, entonces mi forma de dar será negativa, si es que intento dar algo a los demás.
Es cierto que no siempre tenemos la alegría suficiento o no siempre los días serán alegres en nuestra vida, no siempre tendremos la sonrisa en los labios o la risa saldrá de nuestros labios, pero cuando nos sabemos amados por Dios, cuando sabemos que Él siempre estará dándonos una mano en todo momento, cuando experimentamos su compañia y su Amor en cada momento de nuestra vida, cuando hemos sentido el dulce abrazo del perdón por nuestros errores y pecados, cuando, en realidad, hemos conocido el Amor de Dios por nosotros, entonces, la alegría del Amor, la alegría de la Fe, la alegría de la Esperanza llega a nosotros y nos invade, y, al final, no nos queda otra opción que brindarnos con alegría a todo el que se acerca a nuestra vida.
La Madre Teresa de Calcuta les ponía esa condición a sus aspirantes en la Congregación: "siempre tienen que tener una sonrisa en su rostro, porque un cristiano que se sabe amado por el Señor, no puede ser un cristiano triste". Y, muchas veces, vemos en nuestras comunidades cristianos tristes o tristes cristianos, porque viven pensando en sí mismos, no han podido alejar el pecado del orgullo, de la vanidad, del egoísmo, del apetito de poder de sus corazones y se han perdido lo mejor de neustra fe: vivir en fraternidad y poder comunicar el gozo de ser parte de una comunidad de amor, de un reino de personas que se aman.
Los tristes cristianos siempre buscan excusas para no compartir, para no vivir en fraternidad, para echar por tierra todo lo que los demás puedan hacer con esfuerzo y amor. Los trites cristanos son aquellos que viven alejados de la comunidad y desde fuera sólo buscan la división y la desunión de los hermanos, sembrando cizaña para que queden sólo ellos como dueños y señores de ¿qué? de nada.
Tengamos cuidado, no permitamos que nos quiten la alegría del corazón, ni la confianza en nuestro Dios porque sólo con la esperanza puesta en Él podremos llenarnos de la alegría pascual para que siempre, y en todo lugar, podamos dar con alegría todo lo que Él no dio.