domingo, 15 de enero de 2017

Una Vida Nueva para los demás

Aunque el domingo pasado celebrábamos el Bautismo del Señor para finalizar el Tiempo de Navidad, las lecturas de este Domingo del Tiempo Ordinario nos vuelven a traer esa misma memoria. Una Memoria que no es sólo sobre el Bautismo del Señor, sino sobre nuestro bautismo con una referencia casi imposible de olvidar de cada una de las lecturas, dándonos así pautas de nuestra Vida Nueva transformada por el Espíritu del Señor.
El Señor le dice al Profeta Isaías:
"Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel.
Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».
El Espíritu Santo nos llena de su Luz para que nosotros, por Él, iluminemos el camino de los que buscan al Señor, de los que buscan un sendero que los conduzca a la Vida en Dios. Y, como nos dice Jesús: "la luz no es para ponerla debajo de la mesa, sino encima de ella, para que ilumine a todos los de la casa"; y nuestra casa es el mundo en el que vivimos: nuestra familia, nuestra comunidad, nuestro trabajo; "porque los hombres viendo vuestras buenas obras glorificarán a Dios".
Y San Pablo nos recuerda quienes somos los que formamos parte de este Nuevo Pueblo de Dios que es la Iglesia, y que hemos recibido la Vida Nueva por el Bautismo:
"a los santificados por Jesucristo, llamados santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo". Una nueva realidad que surge en nuestra vida no por nuestro propio esfuerzo, sino como una Gracia dada por el Espíritu que se nos ha dado, pues es Él quien nos ha santificado con sus dones. Ahora, en este camino de la Vida nos toca a nosotros ir poniendo en práctica esa realidad, pues no es algo que vaya madurando por sí solo, sino que, cada día, somos nosotros quienes tenemos que ir madurando esta Vida Nueva que nos fue concedida por el Amor Infinito del Padre.
Pues aunque, como Juan Bautista, no lo hayamos visto, pero igual hemos de dar testimonio de la Vida de Jesús que hay en nosotros, Vida que Él nos ha concedido por el inmenso amor que nos ha tenido. Por eso, cada domingo o en cada Eucaristía, renovamos la Fe que nos fue dada, la Vida que nos concediera el Hijo Único del Padre, una Vida que no es sólo para nosotros, sino que por nosotros, con la Fuerza del Espíritu llegue a todos aquellos que abren su corazón a la Gracia de Dios.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.