Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó,
salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. Simón salió a buscarlo con
sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: «Todos te andan buscando.»
Él les respondió: «Vayamos a otra parte, a predicar
también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido.”
Muchas veces nos decimos a nosotros mismos, para
convencernos, que no tenemos tiempo o que no necesitamos de la oración o del
ocio para hacer lo que tenemos que hacer. Pero no es porque no lo necesitemos,
sino que no valoramos lo suficiente ni el ocio ni la oración porque creemos que
podemos llegar a hacer todo y más, porque somos los más fuertes, los que todo
lo podemos; o, simplemente, ni siquiera nos ponemos a pensar que nuestra “humanidad”
puede agobiarse, cansarse… o, quizás, lo peor, es que no podemos permitirnos
cansarnos o descansar.
Por eso siempre me pareció un ejemplo muy importante el
de Jesús. Él no necesitaba tener momentos u horas de oración, de silencio, de
quietud, de ocio pues Él era (es) Dios y no necesitaba de todo, además, si lo
pensamos humanamente Él estaba en el esplendor de su carrera, cuando más fama
tenía, y entonces era el tiempo de “explotar” todo lo que tenía para hacer cada
día más cosas, para cada día alcanzar más renombre y más fama. Pero no era eso
lo importante para Él. Incluso vemos cómo los apóstoles quieren hacerlo “ir a
trabajar” y le dicen “todos te andan buscando”, como si eso lo podría hacer
cambiar de opinión.
Pero no, Jesús es muy consciente de lo que tiene que
hacer, pero más consciente es que Él también necesita del encuentro con Su
Padre, por eso se retira a un lugar apartado a hacer oración, a dialogar con Su
Padre, pues lo que más le interesa (por no decir lo único que le interesa) es “hacer
la Voluntad del que me envió”, “porque para eso he salido”. No tiene más deseo
en su corazón que hacer lo el Padre le pida en cada momento, pero además sabe
que n o todo lo que Él pueda hacer como Dios, es lo que tiene que hacer, sino
sólo que el Padre le pida.
Así nos da un gran ejemplo a nosotros, ayudándonos a ver
que no todo lo que podamos hacer es lo que debemos hacer, que, a pesar de que
nos consideremos dioses, no siempre tendremos las fuerzas suficientes para
seguir el “ritmo de los dioses”. Y que lo que nos da más felicidad no es la
fama o lo que podamos conseguir gastando todas nuestras fuerzas, sino que
haciendo lo que Dios nos pida nos dará la Gracia y la Fuerza suficiente para
que la Fidelidad a Su Voluntad nos alcance la Felicidad.
Si Él que es Dios necesita de la oración y el descanso
para poder hacer el bien con su Vida, cuánto más nosotros necesitamos de
nuestros encuentros con el Padre y del descanso del cuerpo para poder realizar
aquello para lo que el Padre nos ha llamado y convocado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.