miércoles, 11 de enero de 2017

Oración y ocio

Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: «Todos te andan buscando.»
Él les respondió: «Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido.”
Muchas veces nos decimos a nosotros mismos, para convencernos, que no tenemos tiempo o que no necesitamos de la oración o del ocio para hacer lo que tenemos que hacer. Pero no es porque no lo necesitemos, sino que no valoramos lo suficiente ni el ocio ni la oración porque creemos que podemos llegar a hacer todo y más, porque somos los más fuertes, los que todo lo podemos; o, simplemente, ni siquiera nos ponemos a pensar que nuestra “humanidad” puede agobiarse, cansarse… o, quizás, lo peor, es que no podemos permitirnos cansarnos o descansar.
Por eso siempre me pareció un ejemplo muy importante el de Jesús. Él no necesitaba tener momentos u horas de oración, de silencio, de quietud, de ocio pues Él era (es) Dios y no necesitaba de todo, además, si lo pensamos humanamente Él estaba en el esplendor de su carrera, cuando más fama tenía, y entonces era el tiempo de “explotar” todo lo que tenía para hacer cada día más cosas, para cada día alcanzar más renombre y más fama. Pero no era eso lo importante para Él. Incluso vemos cómo los apóstoles quieren hacerlo “ir a trabajar” y le dicen “todos te andan buscando”, como si eso lo podría hacer cambiar de opinión.
Pero no, Jesús es muy consciente de lo que tiene que hacer, pero más consciente es que Él también necesita del encuentro con Su Padre, por eso se retira a un lugar apartado a hacer oración, a dialogar con Su Padre, pues lo que más le interesa (por no decir lo único que le interesa) es “hacer la Voluntad del que me envió”, “porque para eso he salido”. No tiene más deseo en su corazón que hacer lo el Padre le pida en cada momento, pero además sabe que n o todo lo que Él pueda hacer como Dios, es lo que tiene que hacer, sino sólo que el Padre le pida.
Así nos da un gran ejemplo a nosotros, ayudándonos a ver que no todo lo que podamos hacer es lo que debemos hacer, que, a pesar de que nos consideremos dioses, no siempre tendremos las fuerzas suficientes para seguir el “ritmo de los dioses”. Y que lo que nos da más felicidad no es la fama o lo que podamos conseguir gastando todas nuestras fuerzas, sino que haciendo lo que Dios nos pida nos dará la Gracia y la Fuerza suficiente para que la Fidelidad a Su Voluntad nos alcance la Felicidad.

Si Él que es Dios necesita de la oración y el descanso para poder hacer el bien con su Vida, cuánto más nosotros necesitamos de nuestros encuentros con el Padre y del descanso del cuerpo para poder realizar aquello para lo que el Padre nos ha llamado y convocado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.