domingo, 8 de enero de 2017

Hacer Nuevos y extraordinarios todos los días

Hermoso tema para iniciar un ciclo litúrgico nuevo, un nuevo año de tiempo ordinario, ya sin fiestas, sin festejos ni brindis; y el Señor nos dice:
"Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia.»
Es lo que nos toca en el día a día: convertirnos y creer. Y no es porque pensemos que Dios piensa que somos unos grandes pecadores, sino porque día a día estamos en disposición o predispuestos a dejarnos llevar por otros pensamientos u acciones que no son las evangélicas. Cuando por las noches, al acostarnos, hacemos nuestro examen de conciencia no es porque seamos los más grandes pecadores, sino porque debemos revisar nuestro actuar para que, cada día, al despuntar el alba de un Nuevo Día amanezcamos con nuevos aires, con nuevos impulsos de seguir creciendo en santidad.
Así cada día al levantarnos y dar gracias por una nueva oportunidad de ser Fieles, tendremos más Gracias de Dios para seguir insistiendo en ese Camino al que nos ha llamado como a los apóstoles.
"Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres.» Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron".
Nuestra vida es un caminar hacia la eternidad, y en este Caminar, el Señor nos invita, cada día, a seguirle, pero no a seguirlo como un perrito de compañía, sino a a seguir sus pasos, a imitar su vida, su entrega, su fidelidad a la Voluntad de Dios.
Y como Él sabe que el Camino de la Vida es difícil para el hombre de hoy, y que sin Él nada podemos lograr, es por ello que nos invita a pedir la Gracia de la conversión, pues es la Gracia la que nos fortalece, la que nos estimula, la que nos enciende en el Amor que Dios ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu que se nos ha dado.
Y así, cada día, ya no será un día más, sino que cada día será un día extraordinario donde la Gracia del Padre nos dará el espíritu necesario para que todos los días santifiquemos nuestra vida, y en Fidelidad a la Vida hagamos que todas las cosas sean consagradas a Él, haciendo que "lo natural de cada día lo hagamos sobrenatural y que lo ordinario lo hagamos extraordinario" porque Él está con nosotros y nosotros con Él.

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