sábado, 28 de enero de 2017

La Fe es nuestra garantía

Dice el escritor de la carta a los Hebreos: 
“Hermanos: 
La fe es la garantía de los bienes que se esperan, la plena certeza de 
las realidades que no se ven. Por ella nuestros antepasados fueron 
considerados dignos de aprobación”. 
Como leemos “la fe es la certeza de lo que no se ve”, aunque muchas 
veces pedimos milagros de algo que esperamos, y no podemos 
entender que no todo lo que pedimos lo podemos encontrar y tener. 
Por eso, el escritor de los Hebreos nos habla de la fe de nuestros 
antepasados, pero, sin remontarnos a la historia de los Padre de la Fe 
como Abrahán y todos ellos, podemos remontarnos a la historia de 
nuestros antepasados que han vivido una vida diferente a nosotros. 
Hoy en día buscamos y pretendemos tener demasiadas garantías y 
seguros para nuestra vida, por eso vamos gastando, cada día, en pos 
de algo que no sabemos cuándo lo vamos a necesitar o si algún día 
nuestros descendientes lo van a querer tener. 
Por eso vivir con fe es vivir en la confianza de que nuestro Padre 
Celestial nos lleva escrito en las palmas de sus manos, y nos cuida 
como la pupila de sus ojos… Así, vivir en la confianza en la 
Providencia Divina nos ayuda a encontrar la paz necesaria para 
aceptar su Voluntad cada día, a pesar de lo que tengamos que 
entregar, renunciar o aceptar. 
Así nos lo demuestra el evangelio cuando los apóstoles asustados por 
la tormenta que se los atrapó en el medio del mar, llamaron a los 
gritos al Señor y él les respondió: 
“Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio! ¡Cállate!» 
El viento se aplacó y sobrevino una gran calma. 
Después les dijo: «¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?» 
Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: «¿Quién 
es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?» 
Y ahí es cuando también nosotros debemos hacer nuestra profesión 
de Fe, pues en medio de las tormentas es cuando se conoce a los 
mejores capitanes, dice un refrán. Nosotros sabemos que no somos 
los capitanes, pero como decía Santa Teresa “sabemos quién es 
nuestro Capitán” y por eso navegamos confiados aún en medio de las 
tormentas de la vida

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