Estamos casi al final del Tiempo de Navidad, mañana domingo con la Fiesta del Bautismo del Señor, cerramos este hermoso tiempo de Buenas Noticias, Buenos deseos y de ilusiones, para volver a adentrarnos en el ritmo ordinario del Tiempo de la Esperanza. Pero antes de finalizar este tiempo, la liturgia con buen tino nos presenta un texto de la carta de San Juan:
"Queridos míos: no os fiéis de cualquier espíritu, sino examinad si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo".
¿Qué es el espíritu del mundo? ¿Cuál es el Espíritu de Dios? Pocas veces nos ponemos a diferenciar uno de otro, pues no vemos, muchas veces, diferencias pues pensamos que si obramos bien todo está bien; que si lo hacemos con buenas intenciones no hay problema. Sin embargo no es sólo San Juan quien orienta a aprender a diferenciarlos sino también los demás evangelistas y apóstoles. Es un sutil en estos tiempos la diferencia entre el espíritu del mundo y el Espíritu Santo ¿por qué? porque quien suscita el espíritu del mundo es hábil y astuto y nos va engañando poco a poco, sin que nos demos cuenta, haciendo ver que no hay por qué temer a lo que el mundo aprueba para vivir, que lo importante es que te sientas bien, y todo estará bien.
Y esa es la diferencia primera entre el espíritu del mundo y el de Dios. Claro que no es que Dios quiera que estemos mal o que seamos desgraciados, para nada. El Padre quiere que alcancemos la plenitud de nuestra vida aquí en la tierra y la eternidad en el cielo, por eso las Bienaventuranzas de Jesús nos llevan a pensar lo contrario que busca el mundo, pero no es porque el llanto, la enfermedad, la desdicha sean lo que busca Dios, sino porque en la vida diaria también están esos pasos a dar.
¿Cuál es el lugar donde puedo encontrar la referencia al Espíritu de Dios? Las Sagradas Escrituras me van diciendo, día a día, cómo se manifiesta el Espíritu Santo, cuáles son sus frutos y cómo ha de vivir aquél que lo ha recibido. Y nosotros, los hijos de Dios, hemos recibido ese Espíritu el día de nuestro bautismo, por eso nuestra vida ha de estar iluminada y guiada por Él, para que nuestra vida de los frutos que vienen del Espíritu y que son los que todos anhelamos poder dar: alegría, esperanza, verdad, amor, solidaridad, fidelidad, fortaleza, templanza, unidad, paz...
Y San Juan vuelve a recordar aquello que les dijo Jesús en la última Cena, mientras oraba al Padre: "no te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del mal" "porque ellos no son del mundo pero están en el mundo". Y por eso nos dice San Juan:
"Vosotros, hijos míos, sois de Dios y lo habéis vencido. Pues el que está en vosotros es más que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan según el mundo y el mundo los escucha. Nosotros somos de Dios".
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