lunes, 16 de enero de 2017

Sacerdotes sembradores de la Palabra

Hace unas horas finalizó la presentación del Libro "Tangos de Dios", y realmente fue una caricia enorme al corazón, regalo de tantos amigos que, sólo por amor, te brindan lo mejor que todos necesitamos: caricias al alma. Nunca estuvo en mí la idea de publicar libros, pero así lo presentó Dios y fueron surgiendo como muestras de agradecimiento por tanta compañía que día a día me hacen desde este lugar tan hermoso que es internet.
Hoy Mariana me regaló una hermosa "Canción de las simples cosas", y son esas simples cosas las que cada día nos van uniendo y reuniendo junto a La Palabra de Dios, con un deseo profundo y verdadero de que Ella vaya echando raíces profundas en nuestros corazones. Y es ese deseo el que nos une cada día más entre nosotros, pues la Palabra de Dios fecunda y fortalece el Amor que el Espíritu derramó en nuestros corazones, y es ese Amor el que nos va encendiendo en el deseo de ser cada día más Fieles a la Vida que el Señor nos regaló.
Porque la Vida que el nos regaló nos es una vida para nosotros solos, sino que es una vida de entrega en el Amor por nuestra salvación y la del mundo entero; porque por eso Él, el día de nuestro bautismo nos ungió a todos como sacerdotes para que podamos ofrecer sacrificios por nuestros pecados y por los del mundo entero, siendo así imagen de aquellos que Dios ungió en el Antiguo Testamento:
"Todo sumo sacerdote, escogido entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados".
Somos, cada uno de nosotros, portadores de una Luz: la luz de la esperanza en un mundo nuevo, la esperanza de un Hombre Nuevo que sea portador de Paz y Amor. Y, como todo sacerdote, sabiendo que su fuerza y su poder no está en él, sino en la Gracia que lo ha llamado y convocado para ser lo que es.
Y así, día a día, imploramos del Señor su Gracia para que transforme lo que vaya quedando de viejo en nuestros corazones, porque día a día se nos pegando viejos retazos de corazones que no viven el amor, que no buscan la paz, que se contagian del desamor y la desesperanza, y el Señor nos quiere Nuevos, totalmente Nuevos, sin parches ni remiendos, sino Hombres que se han dejado transformar por el Espíritu Santo, y por Él mismo se dejan conducir por un mundo en sombras y tinieblas, llevando la Luz de la Vida en sus corazones, sembrando la semilla de la Palabra en la tierra fértil de todos los hombres.

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