«Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como generaciónJonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta".
¿Por qué pedimos signos y milagros? Si queremos creer vamos a creer sin milagros ni signos, pero bueno, somos así. Y no sólo en el aspecto sobrenatural pedimos signos o pruebas de fe, de verdad, de amor, sino que se lo pedimos también a quienes amamos, a quienes queremos, con quienes hablamos. Hemos llegado al punto de que ya el valor de la palabra no es fuerte, por eso necesitamos signos, pruebas. Pero ¿si tenemos signos y milagros? ¿llegamos a creer igual?
Así se lo preguntaba también Jesús: "cuando vuelva el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?" Me pueden dar todos los milagros, signos y pruebas que quieran, pero si mi corazón no está abierto a creer no lo voy a creer, o me va a dar igual.
Y, por lo tanto, al contrario es igual: si quiere creer en algo o en alguien, no buscaré ningún signo ni milagro, ni prueba ni testimonio, sólo me bastará escuchar, estar, oír.
¿Cuántas veces hemos pedido pruebas a nuestros amigos, a nuestra familia o a nuestras parejas? ¿Para qué? Para que ellos intenten demostrar algo que es evidente, si ya sabes lo que te van a responder, e, incluso, ya sabes lo que tú estás pensando o vas a responder.
Siempre, en nuestra vida van a existir las dudas, pues somos seres inteligentes que buscan constantemente la verdad, pero ¿cuál verdad? ¿La que quiero oír o la verdad verdadera? Por eso tenemos, necesitamos volver a darle a nuestras palabras el valor que tienen, a saber que puedo creer sin signos, sin pruebas. Y para ello mis palabras también tienen que ser creíbles, pues ellas son el testimonio de lo que quiero para mí, pues: "no hagáis a los demás lo que no os gustan que os hagan a vosotros", o "haced a los demás lo que os gustan que os hagan a vosotros".
Y aquí recordamos aquella frase que decía Jesús en la parábola del rico y el pobre lázaro, cuando el rico en el infierno le pedía a Jesús que enviara a Lázaro (que había muerto a la casa de sus hermanos a avisarle del infierno), Jesús le respondía: "aunque resuciten los muertos no creerán".
Sabemos de la resurrección de Jesús ¿le hemos creído?
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