jueves, 13 de octubre de 2016

Los santos de Dios ¿somos nosotros?

En la primera lectura, que es el inicio a la Carta a los Efesios, dice:
"Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, a los santos que están en Éfeso, a los fieles en Cristo Jesús:
....
Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor".
Es el comienzo de las cartas y lo que en las cartas de Pablo siempre se repite: el tomar conciencia de la elección que ha hecho Dios sobre nosotros para ser santos, y, en realidad, lo somos, pues hemos sido santificados el día de nuestro bautismo con el Espíritu Santo que se nos ha dado. Y, llegado el uso de razón, lo vamos concretando día a día con la oración, la reflexión de la Palabra y la vida sacramental, cuando todo eso lo llevamos a la vida, a la práctica habitual.
Pero, también nos puede ocurrir que se nos pase por alto que todo lo que escuchamos en la Palabra, que todo lo que rezamos en la oración y todo lo que recibimos en los sacramentos caiga en saco roto y nos parezcamos más a los "¡Ay!" de Jesús:
"Sí, os lo repito: se le pedirá cuenta a esta generación.
¡Ay de vosotros, maestros de la ley, que os habéis apoderado de la llave de la ciencia: vosotros no habéis entrado y a los que intentaban entrar se lo habéis impedido!».
Nos puede suceder, y nos sucede que por sólo hacer la cosas santas y sagradas, creemos que ya somos santos y sagrados, que por haber aprendido pasajes bíblicos y saberlos de memoria ya somos maestros de la Palabra, que por ir todos los días a misa y confesarnos periódicamente ya somos perfectos en nuestra vida. Y puede ser aunque las obras hablarán mejor de lo que somos y no de lo que hacemos.
Así les pasaba a los maestros de la ley, a los doctores de la ley, a los fariseos y a los hipócritas a los que tantas veces Jesús habló con fuerza.
En realidad no es que seamos Tannnn malos, pero sí, es verdad que no siempre somos Tannnn santos, en lo general somos buenos, pero se nos escapan muchas cosas en el camino diario, y por eso Dios quiere que pongamos más atención en cómo vivimos. Si dejamos que la gracia pase por nuestra vida como por saco roto o si realmente usamos la Gracia que nos da el Señor y llevamos a la práctica el mandamiento del Amor, no sólo con quienes queremos, sino con aquellos a quienes menos queremos; si vivimos en la Verdad, la Justicia y la Paz, si, en realidad, somos testigos creíbles de Cristo, discípulos y misioneros de su Palabra y de su Vida.

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