viernes, 14 de octubre de 2016

Cuidado y confianza

«Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía, pues nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse".
Quizás nos encontramos con gente que cree que está libre de hipocresía, porque siempre dice lo que siente, y por eso se encarga de ir por el mundo "desenmascarando" a los hipócritas. Son los que se creen jueces del mundo y los salvadores de la verdad. Pero ¿será verdad que hay alguien que no tiene una pizca de hipocresía en su vida? En realidad todos tenemos un poco de todo, por eso ninguno puede "arrojar la primera piedra". Por eso mismo Jesús nos dice: cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía; no nos dice vayan a descubrir a los hipócritas, sino cuidado, porque es algo contagioso y puede activarse muy pronto en nuestra vida, pues lo malo siempre se contagia más fácilmente que lo bueno.
Y, si prestamos atención, se los dice primero a los apóstoles porque son los que más peligro tienen de contagio, porque cuando tenemos una función, un cargo o un título estamos más próximos al contagio, porque ya creemos que podemos o que sabemos más que otros, y que, por esa razón, no tenemos peligro de contagio. Es como si el médico pensase que no se va a contagiar ninguna enfermedad porque tiene el título de doctor en medicina. No, tendrá que tener más cuidado y estar bien vacunado. Por eso mismo ¡cuidado! todos tenemos las tentaciones de caer en los peores pozos y, sin darnos cuenta, llegar a tener los mismos pecados que condenamos en los demás.
Pero también Lucas recoge dos exhortaciones más de Jesús, dos que, se podría decir, van muy unidas: el temor de Dios y la confianza en la Providencia. Nos presenta la imagen de aquellos que le temen más a los hombres que a Dios, y por eso aceptan del mundo sus pecados y leyes, pero no se detienen a pensar que es Dios quien puede darnos la muerte eterna. Los hombres podrán quitarnos la vida, pero sólo Dios puede darnos la eternidad. Los hombres podrán encerrarnos o pretender quitarnos la libertad, pero la verdadera libertad es de los hijos de Dios. Por eso mismo, ante el temor de Dios, Jesús nos presenta la confianza en la Providencia, porque el temor de Dios no es de miedo, sino de confianza, temor de perder su Infinito Amor por mí, temor de no poder compartir con Él la eternidad, temor de no poder estar junto a Él día a día, de no poder recibir su Gracia, su Paz, su Luz.


Valemos más que un par de pájaros y por eso debemos de confiar en Él, pero si renegamos de Él, Él también renegará de nosotros y "vale más un día en sus atrios que mil días fuera de Él".

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