domingo, 16 de octubre de 2016

La Sagrada Escritura: un diálogo con el Padre

Pablo exhorta a Timoteo y le dice:
"Querido hermano:
Permanece en lo que aprendiste y creíste, consciente de quiénes lo aprendiste y que desde niño conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús".
Nuestra vida espiritual no siempre es lineal, no siempre está en el mejor momento, siempre hay días oscuros, de dudas, de negación, de renegadez; por eso es importante que, a pesar del momento que estamos viviendo, permanezcamos firmes en una cosa: ser conscientes de lo que aprendimos, y seguros de que la Sagrada Escrituras en la que fundamos nuestra fe es Palabra de Dios. Porque en los momentos de dudas y de oscuridad siempre despreciamos lo mejor que tenemos, dejamos de lado lo que nos hace o nos hizo bien durante mucho tiempo. Y es en esos momentos en los cuales tengo tener mayor seguridad y mayor fidelidad, pues será en esos momentos donde pueda llegar a profundizar y fortalecer más mi vida espiritual, no por mi "fuerza" sino porque Dios gratifica la constancia en la prueba. Es decir, en los momentos de prueba (de dudas, de oscuridad, de dolor) es cuando el Señor más Gracia tiene para ofrecerme, siempre y cuando yo permanezca firme en lo que he creído.
"Toda Escritura es inspirada por Dios y además útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté equipado para toda obra buena.
Te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y a muertos, por su manifestación y por su reino: proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, reprocha, exhorta, con toda magnanimidad y doctrina".
Santa Teresita de Lisieux decía que cuando pudo comenzar a leer la Sagrada Escritura y hacer de ella un encuentro constante con la Palabra del Padre, fue a partir de ese momento cuando Dios le concedió la mayor de las sabidurías, cuando el Padre le reveló los más hermosos y grandes misterios de la salvación. Por eso fue un alimento que en ningún momento dejó de saborear, pues para ella era unos de los mejores manjares que Dios le había regalado.
Claro que tenemos que entender que la Sagrada Escritura no es una novela clásica o romántica para leerla de un tirón o tomando un cerveza, sino que es la Palabra de Dios que viene a nosotros, por eso es una Palabra para escuchar, para dialogar, para dejar que hable en el silencio de la oración, y vaya penetrando en lo profundo del corazón. Quizás en el primer momento no comprendamos lo que nos dice, pero si, como María, la conservamos en el corazón Ella irá dando poco a poco sabrosos frutos al alma y a la mente, pues nos ilumina, nos fortalece, nos concede la confianza y la certeza de que es el Padre quien nos habla y nos comunica los Dones de Su Gracia y nos muestra el Camino a recorrer.

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