"Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos".
Es hermoso pensar que, cuando rezamos el Rosario, como los apóstoles estamos juntos a María, pues Ella está junto a nosotros en es sencilla y poderosa oración, pues, así como Jesús nos dijo que "cuando dos o más estén reunidos en mi nombre yo estaré en medio de ellos", seguramente que María está cuando hacemos el Rosario junto a nosotros.
Porque toda oración es diálogo y el diálogo es entre dos personas, sino sería un monólogo, por eso cuando hacemos una oración sincera estamos en diálogo con aquella persona divina a la que invocamos. Por eso es necesario que nuestra oración sea calmada, tranquila, pues un diálogo tiene que ser así, no podemos dialogar "cotorreando", como corriendo una carrera contra el tiempo para poder "meter" más palabras en menos minutos, y así poder "cumplir" con el rezo.
María y los apóstoles se dedicaban a la oración, pues en la oración no sólo estaban juntos sino que juntos esperaban el Espíritu que había de Venir. María los convocaba como Madre, como Madre de todos, y los convocaba desde la Esperanza, desde la Fe, pero sobre todo desde el Amor, ese Amor que el Espíritu había derramado sobre Ella para ser la Madre del Hijo de Dios, y que, desde la Cruz, el Hijo nos lo había dado a cada uno de nosotros, y en especial a los apóstoles, para que unidos al Corazón de María pudiesen esperar aquello que Ella sabía que había de venir, pues Ella era la que "había creído todo lo que le fue anunciado de parte del Señor".
Así cuando hacemos el Rosario María vuelve a convocarnos a la Esperanza, a la Esperanza de que lo que nos fue anunciado se cumplirá, de que la Esperanza que nos da la Fe es cierta, pues el Amor que ha sido derramado en nuestro corazones se hace realidad y se hace vida en cada palabra que dirigimos hacia nuestro Padre por intercesión de María. Sí, El Padre es Quien escucha las palabras que le dirigimos a la Madre, pues es la Madre quien intercede y el Padre quien derrama su Gracia sobre nosotros sus pequeños hijos. Por eso el Rosario es una oración tan sencilla que todos los niños pueden aprender, y sólo los que tiene corazón de niños pueden hacerla una oración cotidiana, pues saben de su valor y sencillez, y, sobre todo, han experimentado en cada cuenta del Rosario la presencia de la Madre que, junto a ellos, eleva su oración al Corazón del Padre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.