lunes, 26 de octubre de 2026

Sobre el juicio

Homilía de San Gregorio Magno, padre de la Iglesia (s. VI)

«Había una mujer a la que un espíritu tenía enferma hacía dieciocho años; estaba encorvada, y no podía en modo alguno enderezarse.» En sentido espiritual representa lo mismo la higuera infructuosa que la mujer encorvada. Porque la naturaleza humana, cayendo voluntariamente en pecado porque no quiso dar el fruto de obediencia, perdió el estado de rectitud y esto lo dan a conocer tanto la higuera estéril cuanto la mujer enderezada.
De otro modo: El hombre fue criado en el sexto día y en aquel día todas las obras del Señor se completaron. El número seis multiplicado por tres, que son los ángulos del triángulo, hace dieciocho. Y como el hombre -que fue hecho en el sexto día, no quiso hacer obras perfectas y ha estado enfermo antes de la ley, bajo la ley y en el principio de la gracia- aquella mujer estuvo encorvada dieciocho años.
Todo pecador que piensa en las cosas de la tierra y no se ocupa de las del cielo, no puede mirar hacia arriba, porque mientras sigue sus bajos deseos vive encorvado de cuerpo y de alma y ve siempre aquello en que piensa sin cesar. El Señor la llamó y la enderezó porque la iluminó y la ayudó. Algunas veces llama el Señor, pero no endereza. De modo que iluminados con frecuencia por la gracia, conocemos lo que debemos hacer, pero por la culpa no obramos como debemos, acostumbrados al pecado. Este doblega nuestra alma y la incapacita de poder enderezarse ya. Se esfuerza y sucumbe, porque cae a pesar suyo allí en donde permaneció voluntariamente por tanto tiempo.

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