domingo, 18 de octubre de 2026

Ponerlo a pruebas

«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es licito pagar impuesto al César o no?».
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:
«Hipócritas, ¿por qué me tentáis?...".
Cuando escuchamos la Palabra de Dios siempre nos vamos a encontrar con pasajes, frases o exhortaciones que nos pican en la piel porque nos recuerdan hechos, momentos, situaciones, o hasta incluso pensamientos que hemos tenido o cosas que hemos hecho.
Esta situación con los fariseos no es común que la tengamos con Jesús, pero puede ser que haya algo parecido en nuestras vidas. No es que tengamos que mirar palabra por palabra, o ver la situación literalmente para ver si en mi vida ha pasado algo. Es claro que no le vamos a preguntar a Dios si tenemos que pagar los impuestos o no (aunque seguramente alguno se le puede haber ocurrido) pero sí que alguna vez lo hemos querido poner entre la espada y la pared al Señor.
¿Cuando? Cuando le exigimos en la oración que haga algo que quiero que haga: ya sea por la salud personal o de otros, por el examen mío o de otros, etc., pero yo no le estoy dando nada de lo mío, sino que sólo le exijo a Él lo que yo debo vivir o lo que yo no quiero vivir.
Por eso, la hipocresía de la que acusa a los fariseos y doctores de la ley, es la hipocresía que muchas veces usamos nosotros, también, con el Señor (y más de una vez con los demás) Y por eso es algo que debemos acostumbrarnos a ver que tenemos y que somos, y así poder ir sacándola de nuestras vidas para poder ser sinceros y francos con el Señor, y con nosotros mismos, para no poner a prueba al Señor, porque del mismo modo que yo lo pongo a prueba a Él, Él me pondrá a prueba a mí, y eso ya no me gustará mucho.

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