No sólo tiene que lidiar con le hecho de la falta de fe del pueblo, Jesús, sino también con los que, para poder condenarlo y desacreditarlo, lo acusaban de ser un demonio o de ser discípulo de un demonio. Y eso para seguir dividiendo al pueblo, a los seguidores, para seguir sembrando cizaña entre la gente que seguía a Jesús y así poder triunfar los que vivían en la mentira y no querían reconocer la verdad.
Y, a veces, uno puede llegar a pensar... cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia.
Sí, porque vemos, muchas veces, cómo en las familias, los trabajos, las comunidades religiosas o en las parroquias, hay quienes se encargan de ir sembrando cizaña para poder ganar "poder" entre su gente, para poder desautorizar a otros que no son como yo quiero, o que me hacen sombra en mi trabajo, en mi comunidad.
Y al pensar esto sigo pensando ¿cuál ha sido el mandamiento que nos dio Jesús? O ¿qué fue lo que dijo Jesús para decirnos que somos sus discípulos? "En la medida en que se amen unos a otros el mundo reconocerá que sois discípulos míos". Y por eso, cuando vemos que alguien o uno mismo está sembrando cizaña entre los demás, cuando veo que no estoy siendo instrumento de paz, tengo que darme cuenta que no estoy siendo discípulo de Cristo, que no estoy siendo cristiano, sino que me estoy dejando llevar por el pecado que reside en mí, y cuando me dejo llevar por el pecado me estoy dejando conducir por un espíritu que no es el Santo Espíritu, sino que estoy siendo fiel al príncipe de este mundo y no al Señor de la Vida.
Así, que a tener muy en cuenta lo que sale de mi boca porque "de la abundancia del corazón hablan los labios", y si los labios no hablan de amor, si los labios no siembran paz, entonces el corazón estará lleno no de Dios sino de ... piénsalo.
viernes, 9 de octubre de 2026
Por los frutos...
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