sábado, 31 de enero de 2026

Despierta al Señor

"Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?»
Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: «¡Silencio, enmudece!» El viento cesó y vino una gran calma.
Él les dijo: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?»
Frente a estas preguntas que Jesús les hace y le reprocha a los apóstoles pareciera que para no tener miedo hay que tener fe, o que la fe ahuyenta de nosotros el miedo. Se podría decir, entonces, que el miedo es producto de una falta de confianza en el poder de Aquél a quien le hemos entregado la vida.
En realidad Jesús no era quien dirigía la barca entonces ¿por qué le apóstoles lo despiertan y le preguntan ¿no te importa que perezcamos? Algo de fe tendrían en Él para hacerle esa pregunta, necesitaban o inconscientemente sabían que Él podía hacer algo para que no murieran en el mar.
Así también nos pasa a muchos: sabemos que creemos pero no lo reconocemos hasta que estamos ante una gran tormenta (interior o exterior) y es ahí cuando levantamos nuestra voz para hacerlo despertar a Dios. Pero, en realidad, quien tiene que despertar a la fe somos nosotros: descubrir que a nuestro lado está el Señor, que a nuestro lado y en nuestro corazón está Dios pero que lo hemos dejado durmiendo porque éramos nosotros quienes nos ocupábamos de nuestras cosas. Y cuando ya no pudimos ocuparnos quisimos despertar al Dueño de la Vida, y el nos reprochará que ¿ahora me despiertas cuando ya crees que no puedes hacer nada por ti mismo?
Sí, somos tan autosuficientes que hasta dejamos de pedir ayuda al cielo para nuestro día a día, o mejor, dejamos de contar con el Señor de nuestra vida en el día a día y sólo lo "utilizamos" cuando no podemos más, cuanto vemos que no damos un palo al agua y nuestras fuerzas ya no dan más.
Nunca es tarde para darnos cuenta que tenemos que volver a despertar nuestro fe, que tenemos que volver a encontrar con el Señor de nuestra vida para que nos guíe, para que nos ayude a recobrar las fuerzas, las esperanzas, la confianza en Su Voluntad y en su Gracia para que pueda alcanzar la meta que ha pensado para mí.
Las tempestades del alma son buenas si me ayudan a despertar a la fe verdadera y unidos al Señor encontramos el rumbo para llegar a la meta, por eso no temas en despertar al Dios que está escondido en ti, porque Él es quien sabe hacia dónde debes conducir tu barca para alcanzar lo que realmente te hace feliz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.