"El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló».
Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».
La profecía de Isaías (de la primera lectura) se hace realidad en la persona de Jesús, pero, también se hace realidad en nuestra persona en estos días. Sí, hoy el mundo vive en la tiniebla del error, del pecado, en la oscuridad de una ideología que busca desterrar la Luz de Dios del mundo, y nosotros, los bautizados en Cristo, somos los cristos de estos días que hemos de traer la Luz al mundo, los que, con nuestras vidas, hemos de iluminar las oscuridades en las que se vive.
Claro es que no siempre somos luz, que no siempre estamos en el Camino, ni vivimos como nos lo ha pedido el Padre por medio del Hijo, sino que nos confundimos con las tinieblas del mundo y en lugar de iluminar vamos sembrando más oscuridad.
Por eso debemos escuchar la voz del Padre en las palabras de san Pablo:
"Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que digáis todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir".
No sólo que no estamos unidos, muchas veces, entre nosotros mismos, los cristianos, sino que interiormente, tampoco estamos unidos porque no vivimos lo que decimos que somos sino que nos dejamos llevar por lo que el mundo vive e introducimos en nuestra vida cristiana valores que no son de Cristo, valores que no son de Dios, y así nuestra vida, nuestro comportamiento deja mucho que decir, o, mejor dicho, dice mucho más que nuestras palabras y nos hace ver que no somos fieles al Evangelio de Cristo.
"Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo".
Es el Evangelio de Cristo el que tenemos que vivir, que tenemos que intentar vivir cada día, sin quitarle nada para poder alcanzar la meta, para poder llevar la Vida Nueva que el Señor nos concedió con su Pasión, Muerte y Resurrección y que nos otorgó por medio del Espíritu que habita en nosotros.
Por eso no dejemos que el espíritu del mundo nos divida, ni interior ni exteriormente, sino que podamos, por la Gracia de Dios, ser fortalecidos en la unidad de la única Fe, de la única Vida, del único Camino y de la única Verdad que nos ha sido transmitida mediante el Evangelio de la Vida.
domingo, 25 de enero de 2026
Unidad en el Evangelio
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