Dios, por medio del Profeta Samuel le dice al rey Saúl:
- «¿Le complacen al Señor los sacrificios y holocaustos tanto como obedecer su voz. La obediencia vale más que el sacrificio, y la docilidad, más que la grasa de carneros. Pues pecado de adivinación es la rebeldía y la obstinación..."
Y la obediencia es, también, en estos tiempos para todos algo que no parece que tenga que ser vivido. No nos gusta ser obedientes a nadie que no fuésemos nosotros, porque creemos que ser libres es no obedecer a nadie. Sin embargo todos los días rezamos "Padre nuestro... hágase Tu Voluntad en la tierra como en el Cielo", o decimos "Dios mío y Señor mío" cuando es elevada la Eucaristía en la Misa, pero a la hora de hacer las cosas no nos acordamos de que tenemos un Padre a quien le decimos cada día que le vamos a hacer caso, o que hemos dicho que tenemos un Dios que es el Señor de nuestra vida.
¿Por qué nos cuesta obedecer si sabemos que lo que Dios nos va a pedir es lo mejor para nosotros? Creo que porque nos hemos olvidado de lo primero que nos dijo Jesús: "quien quiera venir detrás de mí y ser mi discípulo: niéguese a sí mismo". Negarnos a nosotros mismos, negar nuestro YO, creemos que eso es historia, que no es para estos tiempos; pero, también, porque tenemos miedo a que Dios nos pida algo que no queremos hacer, o mejor dicho, no queremos vivir radicalmente el Evangelio ni la Palabra de Dios, pues hay cosas que no estamos dispuestos a hacer o a no hacer.
Por otro lado, vivimos tan "metidos" en la vida mundana que hemos dividido nuestra actividad o nuestra vida: en el mundo somos mundanos y hacemos lo que el mundo quiera, pero después dejamos unos minutos para aparentar que somos cristianos y ponemos cara y manos juntas para darnos a conocer. Vivimos, en realidad, una superficialidad incoherente que nada tiene que ver con ser discípulo de Cristo, con ser cristiano.
También creemos que la obediencia es sólo para un grupo de gente: los religiosos que han hecho votos de obediencia, incluso los sacerdotes seculares creemos que la obediencia no es para nosotros, sin embargo hemos formalizado una promesa de obediencia.
Hemos permitido que el mundo nos invada tanto que dejamos de ser lo que deberíamos ser para ser lo que el mundo quiere que seamos. Hemos dejado de obedecer a Dios para obedecer al mundo, y creemos que así somos verdaderamente libres cuando nos hemos hecho esclavos de los nuevos dioses.
lunes, 19 de enero de 2026
Obedecer sí o no, esa es la cuestión
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.