"En aquel tiempo, Jesús llega a casa con sus discípulos y de nuevo se junta tanta gente que no los dejaban ni comer.
Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí".
Este Evangelio me hizo acordar de otro pasaje del Antiguo Testamento, del profeta Isaías:
"El Señor habló a Ajaz en estos términos: «Pide para ti un signo de parte del Señor, en lo profundo del Abismo, o arriba, en las alturas». Pero Ajaz respondió: «No lo pediré ni tentaré al Señor».
Isaías dijo: «Escuchen, entonces, casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a los hombres, que cansan también a mi Dios?".
Y sí, a veces cansamos hasta a Dios.
Es una costumbre de nosotros, de todos, que no nos damos cuenta de cuándo tenemos que parar ya sea con una broma, con una discusión, con un pedido, con... Creemos que siempre tenemos la razón en lo que queremos, en lo que pensamos, en lo que hacemos. Incluso que podemos hacerlo porque somos simpáticos, porque somos inteligentes, porque somos los mejores, porque somos mayores, porque... y cansamos al otro.
Cansamos con nuestros errores y también con nuestros aciertos, cansamos con nuestras palabras y con nuestros silencios, sí, porque no siempre pensamos en lo que el otro está sintiendo sino que nos dedicamos a hacer lo que queremos y nos nos damos cuenta que, a veces, la otra persona se está a disgusto, que no quiere tal o cual cosa, o tal cual chiste, o conversación, o actividad.
Es que vivimos tan absortos en nosotros mismos que descuidamos las vivencias de quien tengo a mi lado, ya sea amigo, pareja, familia, y hasta desconocido.
Así le pasaba a Jesús todos venían a que los curara, a escuchar sus palabras, pero también llega un momento que tenía que descansar y, gracias a su corazón compasivo, no lo hacía sino que seguía y seguía dándose sin medida. Y este evangelio de Marcos nos habla de la humanidad de Jesús, que aún siendo Dios, también se fatigaba.
Por eso, nosotros que no somos dioses tenemos que pensar en no fatigarnos, sobre todo porque cuando estamos muy cansados ya no somos dueños de nosotros mismos ¿o no? Nos salen, a veces, la peores maneras de relación pues el cansancio no nos deja pensar y necesitamos "desconectar" y descansar. Así también los demás necesitan, a veces, desconectar de mí o de sí mismos. Y si pensamos en el otro podemos, también, ayudarlos a desconectar y descansar, como hizo la familia de Jesús.
Como dice Isaías "no cansemos ni a los hombres ni a Dios".
sábado, 24 de enero de 2026
No cansemos ni a los hombres ni a Dios
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.