jueves, 8 de enero de 2026

El alimento de Jesús

Monseñor José Ignacio Munilla obispo Orihuela-Alicante (s. XXI)•

Hoy es 8 de enero. Continuamos la celebración de estas ferias de Navidad después de la Epifanía. El evangelio que hoy se proclama es Marcos 6, versículos 34 al 44, que recoge uno de los episodios de la multiplicación de los panes, en concreto, de la multiplicación de los panes y los peces ante una gran multitud de unas 5,000 personas.
Llama la atención cómo, cuando los discípulos le muestran a Jesús su inquietud porque no se puede continuar esa predicación —hay que mandar a la gente a sus casas para que coman—, lo curioso es que Jesús les dice: “Dadles vosotros de comer”. ¿Cómo vamos a hacerlo? Parece que Jesús quiere subrayar la imposibilidad que tiene el hombre de alimentarse a sí mismo y la necesidad que tiene de que Dios nos alimente.
Uno no puede por menos de recordar, en este tiempo de Navidad en el que estamos, que la palabra Belén, el término hebreo "Belén", significa “casa de pan”. De esta manera se subraya que Dios Padre alimenta al mundo a través de Jesús, como ocurre en este milagro de la multiplicación de los panes y los peces.
Así entendemos cómo la tradición de la Iglesia habló de los tres panes a través de los cuales Dios nos alimenta. El primer pan es el pan de trigo, y la Iglesia ha aprendido de Jesús la caridad de compartir el pan con el hambriento y el sediento.
El segundo pan es el pan de la palabra. Acordaos de que dice Jesús: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra”. El pan de la palabra nos alimenta. Necesitamos la sabiduría de Dios, necesitamos una profunda educación. Educación es el segundo pan, pero una educación además impregnada de la revelación de Jesús, de la palabra que se ha hecho carne.
Y hay un tercer pan, que es el pan de la Eucaristía, en el que Jesús se nos presenta como “pan de vida”, alimento de nuestra alma.
Por eso no podemos por menos de recordar que Belén significa “casa de pan” y que Dios alimenta al mundo a través de Jesucristo. Seamos también nosotros difusores de estos tres panes, inmensamente agradecidos por los tres y testigos de cómo Dios hace en nosotros lo que también nosotros deseamos: que el mundo entero pueda recibir la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

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