La lectura del libro de Samuel nos relata una batalla entre los hebreos y los filisteos, y como estaban perdiendo los hebreos fueron a buscar el Arca de la Alianza para que el Señor los hiciera ganar, aunque antes habían protestado por el Señor no los había protegido. Creyeron que estando el Arca en medio de ellos iban a ganar la guerra, pero no fue así sino todo lo contrario, incluso los filisteos se apoderaron del Arca de la Alianza después de la derrota de los hebreros.
Y ¿qué nos dice esto?
Muchas veces le echamos la culpa a Dios de lo que nos sucede, en realidad de las cosas malas que nos suceden o, mejor dicho, de lo que creemos que es malo para nosotros y que Dios nos los manda como castigo (que es lo que habitualmente pensamos) Por eso, cuando llegan cosas malas o cruces difíciles, o cuando comienzan, vamos a Dios, aunque nunca antes habíamos ido ni nos acordábamos de Él. Pero en momentos de dolor recurrimos al Cielo. Y, a veces, el Cielo no responde, Dios no responde a nuestras plegarias y por eso lo volvemos a abandonar porque no nos escucha.
Y sí, a veces, pareciera que Dios no nos escucha o que, al contrario, nos permite más cosas malas o situaciones difíciles a las que no le encuentro sentido. Por esa razón me sigo alejando de lo que creo que es Dios, porque no me da respuesta ni acomoda mi vida para que sea mejor.
Sin embargo en el Evangelio vemos cómo Jesús se apiada del leproso y lo sana porque él se lo pidió. Pero no sanó a todos los enfermos, ni hizo todos los milagros posibles, sino que a todos les dio esperanza de una vida nueva en la Gracia. Esa Vida que Él asumió por nosotros es la que nos ayuda a darle sentido a lo que vivimos, sea bueno o sea malo, sea salud o enfermedad, sea vida o sea muerte, todo tiene su sentido desde la Cruz y la Resurrección de Jesús.
Para ello tengo que mantener y sostener una constante relación con Dios, porque la vida de fe no se alcanza de un día para otro, sino que cuando descubro la fe en Jesucristo debo buscar sostenerla con la oración, la Palabra y los Sacramentos, para que esa vida que he descubierto vaya madurando y le vaya dando sentido a lo que vivo. No dejemos que las batallas perdidas no hagan perder la fe en el Padre que nos dio la vida, sino que nos ayuden a reencontrarnos con Aquél que consuela, fortalece y nos da esperanzas de vida nueva.
jueves, 15 de enero de 2026
Si perdimos, ganemos
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