"Comprendió entonces Elí que era el Señor el que llamaba al joven. Y dijo a Samuel:
- «Ve a acostarte. Y si te llama de nuevo, di: "Habla, Señor, que tu siervo te escucha"». Samuel fue a acostarse en su sitio.
El Señor se presentó y llamó como las veces anteriores:
- «¡Samuel, Samuel!».
Respondió Samuel:
- «Habla, que tu siervo escucha».
No siempre, como Samuel, sabemos cuándo y por dónde Dios nos está hablando. Escuchamos muchas voces, estamos rodeados de ruidos, pero sabemos que necesitamos, muchas veces, oír de verdad la Voz del Señor. Incluso escuchamos, muchas veces, Su Voz pero no sabemos distinguirla del ruido del mundo. Por eso necesitamos tener un Elí que nos de pista de cómo responder, de cómo distinguir o discernir cuándo es la Voz de Dios y cuándo no lo es.
Todos tenemos necesidad de escuchar y discernir, todos necesitamos escuchar para seguir, necesitamos saber por dónde seguir al Pastor, cuándo ponernos en disposición para escuchar y cuándo tener que obedecer y a quién.
Hay en nosotros, los que nos hemos decidido por seguir a Cristo, un deseo de fidelidad a Dios pues Él mismo ha puesto en nosotros ese deseo, pero no siempre sabemos escucharlos, y, en otros casos, no queremos escucharlo porque al escucharlo tendremos que obedecer o desobedecer y sabemos que no siempre Su Voz va a decirnos lo que queremos escuchar, sino que va a indicarnos el Camino a seguir.
Como Samuel debemos disponer el corazón para escuchar, pero, sobre todo para obedecer, pues si decimos: "habla, Señor, que tu siervo escucha", es ahí, en ese momento cuando, como María dejamos nuestra vida en sus manos y nos disponemos a servir a Dios y no a los hombres, incluido nosotros mismos.
Al decir "habla que tu siervo escucha" ya nuestra vida queda en las Manos del Señor, nuestro YO desaparece para que comience a nacer un hombre nuevo, un hijo que sabe que puede confiar en la Palabra de Su Padre y tiene que recorrer el camino de la Voluntad de Dios para alcanzar la meta que Dios ha puesto en su corazón.
Es esa meta a la que aspiramos llegar, es esa meta la que siempre está diciéndonos "¡escucha! y responde", porque sabemos que sólo Ese es el Camino de nuestra perfección, de nuestra plenitud, de nuestra salvación.
miércoles, 14 de enero de 2026
Habla que tu siervo escucha
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.