"Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Tierra de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló».
Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».
Terminan las fiestas de Navidad y volvemos a la rutina del año, pero, siempre, lo comenzamos con nuevos propósitos, con nuevos desafíos, quizás, algunos, nos hemos puesto uno o más desafíos por cumplir en este año. Propósitos que, generalmente, nos olvidamos a los pocos días o nos desilusionamos porque no podemos cumplir con todos o con ninguno. Por eso, al comenzar el año la Palabra nos propone un desafío que lo llevamos todos los días y que es el comienzo de la predicación de Jesús:
"convertíos, porque está cerca el reino de los cielos".
Sí, ha de ser nuestro propósito y desafío durante el año. Y no es porque seamos grandes pecadores (o sí...) sino porque se nos van "colando" en nuestra vida cotidiana posturas, ideas, palabras, modos que vienen del mundo en el que vivimos y nos movemos, y se va ocultando, poco a poco, nuestro ser cristiano.
Porque tenemos que tener en cuenta lo que decía San Juan en su carta y nos lo vuelve a decir cada día:
"Queridos míos: no os fieis de cualquier espíritu, sino examinad si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo.
En esto podréis conocer el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús no es de Dios: es del Anticristo. El cual habéis oído que iba a venir; pues bien, ya está en el mundo".
Seguramente, muchas veces, nos fiamos de ideas o ideologías que vienen del mundo sin ponernos a discernir si son propias al evangelio que queremos y que debemos intentar vivir los que decimos que somos cristianos, incluso, pensamiento o proyectos que queremos hacer o vivir ¿son de Dios? ¿Son del Espíritu Santo?
Cada día debemos discernir qué es lo que vamos a hacer, cómo lo vamos a hacer e, incluso, qué es lo que vamos a decir y cómo lo vamos a vivir. No todo lo bueno es de Dios ni todo lo malo no es de Dios, sino que cuando pedimos el Espíritu para discernir entonces tendremos más confianza en que el Señor nos ayudará y, si es de Dios, nos fortalecerá con su Gracia para poder hacer lo que le agrada y nos santifica.
martes, 7 de enero de 2025
Propósitos de comienzo de año
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