sábado, 18 de enero de 2025

Dialogando con la Palabra

"Hermanos:
La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos; juzga los deseos e intenciones del corazón.
Nada se le oculta; todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas".
Cuánta verdad tienen estas palabras del escritor de la carta a los Hebreos, porque, si lo hacemos con conciencia, cuando leemos o, mejor dicho, cuando reflexionamos y rezamos con la Palabra de Dios, nos vamos dando cuenta cuánto nos falta para llegar a alcanzar la meta, y, cuánto aún tenemos para convertirnos cada día.
Cuando dialogamos de verdad con nuestro Padre, con la fuerza del Espíritu, al leer Su Palabra, es ahí cuando vamos recibiendo su fuerza, su deseo para mí, para que, escuchándolo tenga la capacidad y la disponibilidad para poder vivir lo que Él me está diciendo por medio de Su Palabra.
Pasa, muy a menudo, que simplemente leemos la Palabra de Dios, si es que lo hacemos, pero al leerla como un simple libro de texto o de novela histórica o vaya a saber cómo, no llegamos a entablar un diálogo sincero con el Padre, con el Señor, con el Espíritu y, por eso, no encontramos en ese momento nada que nos inspire o que nos lleve a encontrar la Voluntad de Dios para mi día a día.
Sin embargo, si nos ponemos frente a la Palabra como lo que realmente es: un sincero diálogo con Dios, entonces no sólo tendré la Gracia para escuchar, sino que, también, tendré la Gracia para obedecer. Y eso lo sabemos porque, en muchos momentos del Evangelio, Jesús, siendo Dios, también se retiraba en soledad a hablar con el Padre, a orar, porque necesitaba saber qué era lo que el Padre quería, pues Él no vino a hacer su voluntad sino la Voluntad del Padre que lo envió.
Así también nosotros necesitamos, cada día, en soledad poder entablar ese diálogo con el Padre para saber cuál es Su Voluntad, y, eso no podemos hacer no sólo con el rezo constante, sino con el diálogo por medio de Su Palabra. Claro es que para ello necesito "perder tiempo" para el diálogo, y disponibilidad de corazón para poder escuchar y obedecer, tres cosas importantes que no están siempre a la orden del día en nuestro día a día, pero que tenemos que conseguirlo si queremos ser Fieles a la Voluntad de Dios.

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