"¡Atención, hermanos! Que ninguno de vosotros tenga un corazón malo e incrédulo, que lo lleve a desertar del Dios vivo.
Animaos, por el contrario, los unos a los otros, cada día, mientras dure este “hoy”, para que ninguno de vosotros se endurezca, engañado por el pecado.
En efecto, somos partícipes de Cristo, si conservamos firme hasta el final la actitud del principio".
Al leer este párrafo de la carta a los Hebreos me acordaba de una frase de San Agustín:
"Mi pecado más incurable era el no creerme pecador".
No son pocos los que se creen sin pecado, o, mejor dicho, que no tienen conciencia de pecado, pues todo lo que hacen (según ellos) es todo bueno, aunque otros le digan que no lo están haciendo bien.
A lo que me lleva a esto del evangelio:
"En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme».
Compadecido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio».
La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio".
Al no tener conciencia de pecado o de que estoy actuando mal no puedo pedir perdón, y al no pedir perdón no me reconcilio ni con los hermanos ni con Dios, y, lo que es peor para el alma no recibo la Gracia santificante que me ayuda en el camino hacia Dios.
A veces, nos creemos tan listos y tan inteligentes que somos incapaces de reconocernos pecadores, somos incapaces de reconocer que nos equivocamos, y, lo que es aún peor, es que le echamos la culpa a los demás, como en el paraíso: "la culpa es de la mujer que me diste"... "la culpa es de la serpiente que me sedujo"... y así vamos caminando porque ninguno tiene la culpa, sino que me "obligaron", o lo que aún hace menos inteligente a la gente es decir: "no me di cuenta".
Sí, nos creemos tan astutos y tan inteligentes que siempre hacemos lo que queremos sin tener en cuenta que nos estamos equivocando, que estamos haciendo mal, que el pecado ha entrado en nuestro corazón y le estamos dando de "comer" al mundo y a satanás rompiendo la comunión con Dios y con los hermanos.
La humildad es el gran ausente, muchas veces, en la vida de las comunidades cristianas, haciendo que donde dicen que vivimos en comunidad sea todo una mentira, rompiendo la unidad en el amor y en la vida cristiana.
jueves, 16 de enero de 2025
No tengo pecado
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