miércoles, 1 de enero de 2025

¡Feliz año 2025!

"El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz."
Con la bendición del Señor comenzamos este ¡Feliz Año 2025!
Y es hermoso comenzar no sólo el año sino cada día del año con la bendición del Señor, con la meditación de Su Palabra y con el deseo de que, cada día, pueda ser vivido desde la Voluntad de Dios. Ese es el camino del peregrino de la Esperanza.
Sí, en este año jubilar en el que hemos sido convocados como "peregrinos de la Esperanza", hemos de vivir en la Esperanza de que seguiremos los pasos del Señor, los pasos de Jesús, y Él no ha vivido con otro lema que el de hacer la Voluntad del Padre.
Así, al comenzar el año no sólo tenemos la mirado puesta en nuestros deseos de que este sea un año mejor, sino en que este sea un año de conversión, de búsqueda del camino de nuestra santidad.
Por eso, hoy, al comenzar el año lo comenzamos con la mirada puesta en María, Madre de Dios. Y María tiene mucho para enseñarnos y nos da pistas para poder hacer propósitos para este nuevo año.
Primero tendríamos que pensar en qué dijo Jesús de María, su Madre. «Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron». Pero él dijo: «Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen». La disponibilidad de María para escuchar y cumplir la Voluntad de Dios. Estar disponibles siempre para escuchar y vivir la Voluntad de Dios, ese sería nuestro primer propósito para este año.
Un segundo propósito, sería otra actitud de María: la prontitud. "En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá" a ayudar a su prima Isabel. No esperó que la llamaran, que le dijeran que la necesitaban, simplemente partió sin demora, de prisa, pues sabía que podían necesitarla. Prontitud en el hacer.
Y todo eso porque Ella sabía en Quién confiaba, por eso no dudo en convertirse en un gran instrumento en las manos del Padre: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí..."
Nosotros, los Peregrinos de la Esperanza, como María tenemos que estar siempre disponibles para que, con prontitud, podamos dejarnos "utilizar" por Dios para llevar Su Palabra a todos los hombres, e iluminar al mundo con la alegría del Evangelio.

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