viernes, 10 de enero de 2025

Amor heroico

"Queridos hermanos:
Nosotros amemos a Dios, porque él nos amó primero. Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve.
Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano".
San Juan lleva a un nivel más alto el mandamiento del amor, pues no sólo es decir que amo, sino poner en práctica nuestro amor. Pues no sólo es el prójimo, sino al hermano, un término que abarca a todos y, especialmente a los que no son de nuestra cercanía, ni tan solo de nuestra gusto y parecer.
Porque, en realidad, hay que unir todo lo que Jesús ha dicho sobre el amor al hermano y al prójimo, y, más aún, el hecho de no quedarnos sólo con la letra de la ley sino llevar a plenitud lo que Dios ha querido decirnos con esa Ley.
"Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien solo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo. Y si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo.
Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros".
Nuestro ser en Cristo, nuestro ser cristiano, va más a allá de las palabras, va a los hechos y, aún más, a los hechos más heroicos en nuestras vidas, a la virtud vivida de forma heroica, porque sólo ese es el Camino que recorrió Jesús: "nos amó hasta el extremo", o, como diría Madre Teresa: "amar hasta que duela".

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