"Me acerqué al ángel y le pedí que me diera el librito.
Él me dice: «Toma y devóralo; te amargará en el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel».
Tomé el librito de mano del ángel y lo devoré; en mi boca sabía dulce como la miel, pero, cuando lo comí, mi vientre se llenó de amargor.
Y me dicen: «Es preciso que profetices de nuevo sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reinos».
Una referencia que se puede ver en este pasaje del Apocalipsis es a la Sagrada Escritura, a la Palabra de Dios. Es la Palabra la que sabe muy bien a los oídos y al paladar y es dulce su lenguaje porque es un lenguaje de un Dios Amor, pero cuando lo intentamos integrar en nuestra vida se hace amargo por todo lo que implica vivir la Palabra de Dios.
Hoy en día nos llenamos la boca de hermosas palabras, y todas son palabras buenas que hemos rescatado de la vida de Jesús, de los santos, incluso hasta de nuestras comunidades, pero.. cuando nos toca vivir esas palabras se nos hace cuesta arriba el camino de concretar lo que decimos que estamos viviendo.
Y ¿por qué es tan amargo en el estómago la Palabra de Dios? Porque lleva con ella el dolor de la Cruz, el dolor del martirio, el dolor de la renuncia a nosotros mismos para vivir según la Voluntad de Dios y no la nuestra.
Hace unos días leía una homilía de San Juan Pablo II que nos decía:
“¡Padre, que se haga tu voluntad y no la mía!”
"¿Cuántas veces hemos dicho la oración de Jesús? La repetimos una y otra vez, que sea tu voluntad y no la mía... Sin embargo, muchas veces, lo decimos de labios para afuera, por dentro se siente la rebeldía de quien no se conforma con los hechos y acontecimientos.
No somos coherentes, no nos gusta cargar con nuestra cruz, ni escuchar un “no” como respuesta, aunque ese “no” venga de Jesús".
Y así es nuestra vida, vamos de hablar mucho a vivir poco. Sí, somos así, pero tenemos que cambiar, tenemos que tener un conocimiento claro de nuestras incoherencias que nos impiden ser testigos claros del Reino de Dios, porque, como le decía el Ángel a Juan: "Es preciso que profetices de nuevo sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reinos" pero no debemos profetizar ni lo que nos gusta (solamente) ni lo que nos parece, sino lo que Dios nos diga por medio de Su Palabra.
viernes, 22 de noviembre de 2024
Vive y habla
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