sábado, 2 de noviembre de 2024

Esperar el reencuentro

«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no; os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».
Para mí es la más hermosa frase de Jesús hablándonos de la muerte, sabiendo que, en la vida, la muerte física es sólo un etapa más de la vida.
A lo que le añadiría las palabras de las Lamentaciones:
"Que no se agota la bondad del Señor, no se acaba su misericordia; se renuevan cada mañana, ¡qué grande es tu fidelidad!; me digo:
«¡Mi lote es el Señor, por eso esperaré en él!».
El Señor es bueno para quien espera en él, para quien lo busca; es bueno esperar en silencio la salvación del Señor".
Cuando hemos descubierto el Camino de la Fe que nos ha mostrado Jesús, y que, desde el Evangelio, se nos va recordando cada día, no podemos dejar de pensar y mirar hacia el Cielo Prometido, porque esa es nuestra realidad: vamos caminando hacia el Cielo, un Cielo que nos habla de amor infinito, de luz sin fin, de vida eterna.
Es cierto que la muerte nos parece, siempre, una etapa tremenda y triste, por eso cuando parte al Cielo alguien de nuestra sangre o de nuestro amor, sufrimos el dolor de la despedida, pero la Luz de la Fe nos abre la puerta de la esperanza de saber que un día nos volveremos a reunir, pero, también, nos ayuda a saber que aunque han vuelto a la Casa del Padre siempre estarán junto a nosotros, porque, desde la Casa del Padre siempre estarán viviendo junto a nosotros.
La vida eterna en el Cielo, en la Casa del Padre, es la vida que nos hace caminar, cada día, buscando el ese mismo Reino aquí en la tierra, y, aunque muchos duden, ese mismo Cielo lo encontramos en la tierra cuando el Señor se hace presente en el altar, es ahí cuando se reúnen todos alrededor del Amor eterno y, junto a Él, y junto a nosotros están todos los que amamos.
Por eso no podemos como Felipe no saber a dónde van los que han vuelto al Padre, sino que sabemos, gracias al Don de la Fe, que Jesús ha sido el Camino que los ha llevado a estancia que nos prepara a cada uno.
"Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros".
Y así, cuando el Padre quiera y todo esté preparado, nos volveremos a reencontrar para vivir el más pleno y puro amor por toda la eternidad.

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