"En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre».
Estamos en el 33º domingo durante el año, es decir, en el final del tiempo litúrgico antes de comenzar, en 15 días, el Adviento. Por eso vamos a comenzar a leer pasajes que nos hablen del fin de los tiempos y nos hagan descubrir la temporalidad de nuestra vida. Sí, nuestra vida es temporal, como dice el refranero popular: no quedaremos para semillas. Pero no tenemos que temer pues el Plan de Dios es más amplio que nuestra pobre mirada terrena, y Él es quien sabe el tiempo, el día y la hora, y nadie más, aunque el hombre procure enterarse por medio de los horóscopos, cartas, etc. etc.
Y ¿por qué siempre tenemos que recordar todo esto? Creo que Dios quiere que maduremos, sí, que maduremos espiritualmente para saber que nada está escrito y nadie, más que Él sabe lo que va a pasar, y, que, por eso debemos confiar en su Amor Providente y dejarnos conducir por su mano.
Cuando nos ponemos a pensar qué es lo que va a pasar mañana y qué pasará dentro de no sé cuánto tiempo, vivimos estresados por lo que vaya a pasar, es decir, vivimos preocupados por el mañana, sin saber si el mañana va a existir. Por eso, Jesús mismo nos dijo una vez: “no os preocupéis por el mañana, cada día tiene su propio afán”. Y eso es lo que Dios quiere de nosotros: que nos ocupemos, cada día, de buscar Su Voluntad, de vivir en Gracia de Dios, para estar siempre atentos y dispuestos para lo que Él quiera de nosotros.
Vivimos en un tiempo en donde todos los días nos parecen cortos, los años se nos vienen encima, y no hemos disfrutado de lo que tenemos por estar buscando y añorando lo que no tenemos, o, en algunos casos, añorando lo que otros tienen. Y nos olvidamos por completo de lo que Dios nos está pidiendo o mostrando vivir, de lo que Dios nos ha regalado y, en muchos casos, de lo que Dios nos ha acompañado a vivir dándonos fuerzas, esperanza y todo aquello que hemos necesitado sin que se lo pidamos.
Si miramos un poco hacia atrás vamos a descubrir cuánto hemos progresado, cuánto nos ha acompañado, y, a veces, sin darnos cuenta hemos sobrepasado grandes obstáculos que no creíamos que podríamos saltar, sin embargo, hemos llegado hasta aquí con su Gracia, por Su Amor. Por eso sigamos confiando, sin preocuparnos del mañana y, sobre todo, sin preocuparnos de que otros tengan lo que yo no tengo, ni de lo que otros digan de mí, pues mi Padre, que es Todopoderoso, sabe mejor que nadie quién soy, qué necesito y qué es lo que me hace falta sin que se lo pida, pues el Espíritu vela por mí y habla por mí, sólo debo tener confianza y dejarlo hablar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.